jueves, 29 de junio de 2017

OTRA FORMA DE RESILIENCIA: MARGARIT

"Perdida ella y él también perdido. 
Huérfano de su hija en el hospicio 
con los cristales rotos del final de la vida"
Joan Margarit, "El huérfano"



Leía, unos días antes de la concesión a Joan Margarit del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2017, un artículo muy interesante de Raquel Lanseros (Los poetas toman la palabra) en el que citaba el libro Joana, publicado en 2002 y escrito en los ocho meses previos a la muerte de su hija. Solo conocía a Margarit a través de un pequeño libro de poemas y no tardé en comprarme las obras completas. La presencia de Joana y su recuerdo serán omnipresentes en su escritura a partir de este libro.

Busco, desde mi propia experiencia de la pérdida, libros, especialmente de poesía, que transiten por el espinoso terreno que supone perder a quien amas. La muerte del hijo es inconcebible. Prueba de ello es que no existe, en la mayoría de las lenguas conocidas, salvo en hebreo -“shjol”-, una palabra para nombrar la pérdida de un hijo. Se relaciona con lo impensable y, por tanto, lo innombrable. 

Pero lo que realmente me interesa es la reconstrucción del dolor y de la pérdida que implica la escritura. En este sentido, las palabras de Margarit en el epílogo del libro Casa de misericordia son muy clarificadoras y esperanzadoras:

"Y en este punto, la mente daba un salto hacia lo poco que quizá servía la lírica para ayudar a soportar el dolor y las carencias. Pero no hay nada más, y si esto es triste, mucho más triste es la intemperie sin los versos. La poesía: una especie de Casa de Misericordia"

Empiezo a comprender que la muerte de P. conlleva mi necesidad y mi auténtico descubrimiento de la poesía. ¿Habrá sido para mí la poesía -me digo-, mi verdadera Casa de la Misericordia? Más adelante el poeta dará buena cuenta de lo que supone la poesía como transformación tanto para el que la escribe como para el que la lee y dirá:

"Yo solo puedo aproximarme a la comprensión de un poema planteándomelo como un proceso de entrada y salida. Lo que en teoría de la información se conoce como "caja negra". Entra una información y sale otra: la información de entrada es una persona con un determinado estado interior, que yo llamaría, continuando dentro de la terminología de la teoría de la información, "un grado de desorden". Un grado de desorden es el miedo, los malentendidos, las tristezas... Factores que continuamente están amenazando el equilibrio interior. La información de salida es esa persona que, después de leer el poema, tiene un menor grado de desorden (...) No hay muchas cajas negras en las cuales nuestra soledad pueda entrar de una manera y salir más consolada, más ordenada, más feliz en suma. La poesía en una de ellas, personalmente la que tengo más a mano junto con la música".


Este es el valor terapéutico que atisbo tras la poesía, tras la literatura en general: la posibilidad de leer en las palabras de otros el mismo grado de soledad, de pérdida o de desconsuelo,-inconcebible hasta ese momento, innombrable, como se convierten en innombrables aquellas realidades que tememos- dotándonos así de la capacidad de gritar muy fuerte nuestro dolor, dejándonos transformar y devolvíendole así a la palabra el valor mágico del que gozó en culturas ancestrales. 

Soy pues, como decía Borges, todos los autores que he leído. Y a ellos doy gracias por la sublimación del dolor, por constituir mi mayor defensa y protección ante el arriesgado y apasionado hecho de estar vivo. Y termino esta reflexión con el final del epílogo que citábamos antes:

"Porque, cuanto más viejo me hago, no reconozco otra aventura que valga tanto la pena como la de la propia vida. Ni otra posibilidad de consuelo que la de administrar el propio deseo y -¿por qué no?- el propio fracaso" 

Bibliografía: 
El duelo por la muerte de un hijo
Margarit, JOAN, (2014)Todos los poemas, Austral
Lanseros, RAQUEL, (2017) Los poetas toman la palabra, Visor

3 comentarios:

  1. El diálogo con lo mas profundo de nosotros mismos es una de las cosas que hacen de la poesía una especie de milagro que une alma y mente. Esto tan bello que nos compartes me recuerda un texto del Resurrección de Bobin que describe otra misteriosa “caja negra” como la del noble Margarit.

    “Ir al cementerio a visitar a una persona que has amado es una extraña experiencia. Inicia como un ligero y despreocupado paseo, casi como en un sueño, hasta que de repente te enfrentas con un obstáculo infranqueable en forma de lápida que te hace parar en seco. Estabas preparándote para encontrarte con alguien y no hay nadie ahí, de hecho, no hay nada en absoluto; es como si la tierra fuese plana y hubieses deambulado distraído hasta un borde. Estar parado frente a la tumba de mi padre es como mirar una pared al final de un callejón sin salida. Sólo me queda lanzar mi corazón hacia el cielo, como hacen los niños cuando lanzan una pelota por encima del muro de un jardín para tener el placer, sutilmente aterrador, de entrar a una propiedad desconocida para recuperarla. Cuando lanzo mi corazón más allá del cielo, por encima de una tumba, no tengo idea en qué piedrecillas* rebotará; sólo sé que no es un gesto vacío, pues unos segundos después, regresa a mi, pleno de alegría y fresco como el corazón de un gorrión recién nacido.”

    * La traductora de Bobin al inglés juega con las palabras gravestone=tumba y gravel=grava. No conozco la versión en español pero podríamos jugar con la imagen del corazón –lanzado al aire desde la tumba–, dando tumbos hasta rebotar con esas piedrecillas que nos lo devuelven desde el infinito fresco como el corazón de un gorrión recién nacido. Perdona, querida Carmen, si tanto tumbo es mucho atrevimiento para una improvisada traductora. Te abrazo.

    Bibliografía
    The eighth day. Selected writings of Christian Bobin. 2015. Traducción al inglés de Pauline Matarasso. Darton Longman and Todd Ltd.

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  2. Había leído la traducción al español - sabes que JAM es un apasionado de Bobin- pero esta sutil apreciación propia del que ama tanto las palabras me conmueve. Es un fragmento desgarrador y certero. Gracias por compartirlo.
    Un abrazo.

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  3. Tomo muchas notas.
    Y que sepas que tú, tu poesía y tus huesos, han sido y seguirán siendo una "casa de misericordia" para mí.
    Estar contigo siempre es un regalo para mí.

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