miércoles, 28 de septiembre de 2016

OTRA POÉTICA

"Escribo porque tengo que vivir"

Blanca Sarausa. 




Cultura inquieta


Me pregunta X. si es cierto que no veo la televisión. Se muestra interesada: -¿desde cuándo?, ¿por qué? Yo intento hacer memoria y responder algo coherente: -no sé... desde que murió mi marido... me quedé sin tiempo... De repente, el mundo empezó a convertirse en un lugar peligroso, era el año 2007 y la crisis estallaba con tintes apocalípticos, demasiado para una sola vida. Pero esto último no se lo cuento, prevenida tal vez de que ella no pueda entender un mundo sin tele. -¿Ni siquiera series? - oigo que sigue preguntándome con un tono de incredulidad creciente. 

En otra ocasión le pido a Y. que me recoja el diccionario abreviado de María Moliner que me había visto forzada a abandonar en la librería por el peso. -Nadie compra ya diccionarios en papel -me dice. - Yo no puedo evitar leerlos -le confieso con tono burlón. Mi hijo que me escucha se asusta y pregunta alarmado que por qué leo diccionarios. -Porque me gustan las palabras- le digo, pero él, aún desconfiando, me pregunta si no es aburrido. Yo le digo que no, que disfruto mucho y que, a veces, incluso inducen a un dulce sueño. -Lo probaré en las noches de insomnio- añade con cariño. 

Me habría gustado tener esa fingida complacencia con la vida que muestra mi amiga la de la televisión; habría querido experimentar el acallamiento de mis fantasmas frente a las estentóreas voces que atraviesan la pantalla cada noche.  

Respira sin embargo tras mi piel un deseo eternamente insatisfecho, cual polilla en busca de la luz. Me habita una mujer que lee diccionarios y libros de poemas que, cada vez más, muestra un peligroso parecido con aquel que se creyó caballero. Firma mis textos la que le roba al día el tiempo necesario para poder dedicarse a lo que, acaso, sea lo único en el mundo que la reconcilia con el hermoso y terrible oficio de vivir. 

  

domingo, 25 de septiembre de 2016

APRENDIÓ A REPARTIRSE

"No puedo tener las venas en un sitio y la sangre en otro"

Rafael Alberti 


Louise Bourgeios


Aprendió a repartirse como el pan de los pobres
a poner el corazón en apnea
y a tensar los recuerdos por temor al abismo
Aprendió a sortear el infierno sin mirar las estatuas

No pudo ser
Como no pueden las flores ocultar la primavera
ni puede la golondrina retrasar su vuelo
ni la escarcha puede sobrevivir a los vientos
No pudo ser

Cuando la herida se abrió
no hubo muralla
con la que contener la vida
ni palabras 
tras las que ocultar el amor
ni venas 
en las que contener la sangre
que brotaba de aquella pasión. 





miércoles, 21 de septiembre de 2016

EXTRATERRESTRES

"Supongo que el cáncer 
prueba el milagro.
De los que no lo tienen, quiero decir.
De los que no van a morirse este año. 
De los seres felices que fuimos y de los
seres felices que queríamos ser"

José Daniel Espejo


ro_rub


Dicen que ya están aquí
que la suya es una  invasión sin misiles
que nos colonizan en silencio
-también a los ricos- 
pero nadie los cree

Dicen que las células mutan
en progresión imparable
que horadan los huesos
y carcomen las vidas
pero esconden la causa de tamaña barbarie

Dicen que cada vez somos más
de venas disecadas 
cráneos relucientes
y ojos vidriosos de tanto veneno
pero la pena nos vuelve del todo invisibles

Dicen que sabemos reconocernos
que vibramos en ondas de la misma frecuencia
y arrastramos la fe del que mueve montañas
nos llaman extraterrestres
pero solo nosotros sabemos, al fin
que el horror más real es saberte
un enfermo
abocado a vivir.



jueves, 15 de septiembre de 2016

NOCHES DE INSOMNIO


"Con las mismas palabras
escribir la batalla y la derrota"

M. Cinta Montagut 





Se me pega su nombre a las tripas. 
Me arde el recuerdo en la boca. 
Viejos dolores laceran mi carne. 
Llueven las cenizas tristes de mis muertos
sobre una ciudad insomne 
poblada de frenéticas sombras. 


martes, 13 de septiembre de 2016

DIARIO DE K: ATERRIZAJES

"Hacerse una nave con los restos de un naufragio"

H. Blunenberg (tomado de reflejam )


Cultura inquieta


En el año 2014 comencé a diseñar la que hoy sería mi vida; al principio, con escurridizas palabras que atravesaban a pulmón todos mis miedos. Pero como escribir es asistir al milagro de la creación, llego al fin a los lugares en los que he sido capaz de soñarme: estreno la suerte de llegar a mi nuevo centro. Recojo en mi retina las primeras sensaciones; grabo la amabilidad de los rostros con los que me voy encontrando; y asisto complacida a las señales que me anuncian que nada es casual. 

Mi primera opción al pedir fue otra diferente a la que finalmente me asignaron, guiada seguramente por aquello de la fama del centro; de forma imprevista esa plaza fue anulada a última hora y me adjudicaron mi segunda opción. Ya en el departamento, en el momento de mayor tensión, la elección de horarios, me pregunta mi compañera si el motivo de mi reducción horaria es el cuidado de hijos menores -he de explicar que mi reducción complicaba el reparto ya que no es fácil obtener un bloque de siete horas cuando la mayoría de nuestras asignaturas tienen una carga lectiva de cuatro- Me veo entonces en la necesidad de justificarlo y respondo que sí, entre otras cosas. Entonces aduzco el cáncer y todos parecen bajar la guardia. Después, como de pasada, añado que tengo dos hijos y soy viuda. Pero esta vez es mi compañera la que me sorprende a mí: -igual que yo. No sé muy bien si se refiere al cáncer o a la viudedad, pero dada su edad, descarto la viudedad. Mi desconcierto llega cuando escucho que también ella es viuda y tiene dos hijos de edades idénticas a los míos. La miro emocionada y siento una vez más el guiño cómplice de mis casualidades.





lunes, 12 de septiembre de 2016

CIEGOS


"Caminan muy despacio.
Avanzan lentamente al olvido y la muerte.
Ciegos y enloquecidos
se agarran a los troncos jugosamente tiernos
que les tienden su brillo y sus doradas ramas"

Elsa López, "Cementerio de elefantes"



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Ahora sé que estás llegando

desde el borde de unos labios 
y el temblor de un beso postergado

Ahora sé que estoy llegando

desde trescientas noches de silencio
y los restos consumidos de  un naufragio


La vida, al fin, comprendemos no sin cierto temor
no es más que este continuo estar llegando
en el que, azarosos y torpes
ponemos la esperanza que dé sentido a nuestros días.





lunes, 5 de septiembre de 2016

ESCRITORAS SUICIDAS: VIRGINIA WOOLF


El 28 de marzo de 1941, la escritora Virginia Woolf llenó los bolsillos de su abrigo con piedras y se internó en las aguas del río Ouse, en Sussex. Era la tercera vez que intentaba suicidarse, y en esta ocasión lo logró. Tenía 59 años 

ro_rub



La gota que horada la piedra
La grieta que cede al embate 
La herrumbre y el moho en el corazón. 

Un cuerpo a la deriva
abandonado a las secretas corrientes
que rigen el mar
La voluntad de vivir 
inerme tras la piel

Las gaviotas con sus nidos
devuelven a sus cabellos
la tersura de la niñez
y las algas le bordan
vestidos para la ocasión 

Una novia tan blanca
que ciega a los hilos del sol
el azahar de las olas
la escolta a la eterna mansión 

Cierra los ojos, amor
Te espera la vida. 


jueves, 1 de septiembre de 2016

FANTASMAS TAN NECESARIOS

"Es un desierto circular el mundo
El cielo está cerrado y el infierno vacío"

Octavio Paz


Laura williams

El sonido de las ruedas de la pequeña maleta a través del asfalto sigue clavado en mi memoria y aún, en las noches que amenaza tormenta, las suelo oír arrastrándose por las calles recién pavimentadas. Partir nunca es fácil, pero a veces mejor hacerlo rápido para que el desgarrón sea un corte limpio. Ella salió de casa así, arrastrando en su maleta todos los sueños que aún nos quedaban por cumplir: tener un hijo, ir a Nueva York, morirnos juntos. Las rueditas de su maleta fueron aplastando uno a uno nuestros recuerdos: nuestro primer viaje juntos, aquella puesta de sol en el desierto y la muerte de Jimy. 
Bueno, para ser sinceros, el comecome  de Jimy nunca desapareció; al contrario, desde su misma muerte empezó a estar presente en los gestos más cotidianos: en el café de la mañana -cargado y con una nube de leche, como a él le gustaba-; en el servicio de más que en la mesa invariablemente ponían a diario -no permitías que nadie cogiera su servilleta por error- ; en la biblioteca  del despacho- donde aún permanecen perfectamente alineados sus libros- Cada noche su presencia cobraba nuevas dimensiones. Aprendimos a vivir bajo su sombra y con los años, incluso, llegamos a mantener largas conversaciones con él frente al fuego de la chimenea. Siempre fuimos tres, desde el principio, incluso tras su muerte; estábamos acostumbrados y nunca nos importó. Hasta la noche en que Jimy se esfumó. Llamamos a espiritistas, a médiums, a sacerdotes expertos en exorcismos... Nada funcionó. Desde ese momento, nuestro matrimonio empezó a desmoronarse como un muñeco sin vida. 
A los pocos meses de tu partida, Jimy volvió a casa y todavía, pese a los años transcurridos, en las noches de tormenta, nos sentamos en silencio frente al fuego a escuchar el sonido de las ruedas de tu pequeña maleta sobre el asfalto mientras tú te alejas irremisiblemente.