lunes, 30 de noviembre de 2015

ANIVERSARIOS

"Solo contigo
quiero ser yo

Solo conmigo 
eres tú

Y sin vosotros
no podemos
ser nosotros"

Epitafio de Pascual en el cementerio de Nuestro Padre Jesús



Giorgio De Chirico



Ocho años nos separan de ti. Ocho años
largos como el karma que nos devuelve siempre a la misma vida, 
livianos como el batir de alas de una mariposa.  
No podrías reconocernos.

¿Cómo se le habla a los muertos? 
A veces te pienso como el que reza 
o como el ateo que maldice no tener un dios bajo la manga. 
¿Cómo ser fiel a los muertos?
A veces hablo para que no te olviden 
y luego mi dolor te niega como un san Pedro arrepentido.

¿Por qué insistimos en ser los mismos?
Como si la vida no se hubiese detenido
Como si no nos hubieran quebrado la inocencia.

El tiempo te hace grande y lejano
Como cuando te dibujaban con los pies lejos del suelo.
La vida me vuelve pequeña y mezquina 
Como la madrastra mala de este cuento.

Pese a todo, aprendimos a vivir
A la sombra de tu muerte prematura
Al cobijo de tu nombre carcomido
Al amparo de tu incierta memoria.

Y estamos aquí,
Un año más
Para recibir el frío de diciembre
Con ese sabor a tiempo detenido.

Belén ya no cree en los Reyes
Jorge agota sus últimos dientes de leche
Yo aun no he recuperado el vello de mis cejas.
No podrías reconocernos. 

Sabes 
Que estalló la crisis 
Que tu padre ha muerto
Que me voy de casa
Que sobreviví al cáncer
Y no te olvido.
Tú lo sabes
Pero no está de más recordarlo
Por si acaso
Un día
Nos miras
Y no puedas ya reconocernos. 


lunes, 16 de noviembre de 2015

TRIÁNGULOS PERVERSOS


"El que soy y el que fui se juntan, se interfieren a menudo y fingen ser el mismo"

J.M Caballero Bonald, "Desaprendizajes"


A mis alumnos de 1º


Clifford Coffin


Todos los triángulos esconden algo de perversión. Incluso los equiláteros dejan transparentar cierta malicia bajo ese trazado de aparente perfección. Tres son multitud, reza el dicho popular, siempre hay un tercero en discordia, no hay dos sin tres y tantos otros nos alertan de la perversión de este número. Nosotras, muy a nuestro pesar, no pudimos elegir. 

A los pocos meses, ella se había convertido en el vértice de aquella relación. Movía los hilos haciendo que nos contorneáramos en posturas imposibles. Acatábamos sus reglas con el secreto deseo de mantenernos enlazadas toda la vida en aquella imposible simbiosis pero, nuestro temor y nuestra absoluta sumisión iban en aumento a partes iguales. No teníamos escapatoria. 

"Si te mueres, dejo de hablarte", nos decía en un susurro cada noche a modo de despedida. Nosotras luchábamos por respirar, por no morirnos, por seguir escuchando su voz. Pasábamos la noche aferradas la una a la otra, protegidas por el silencio hasta el amanecer. Algunas mañanas, antes del colegio, jugábamos las tres juntas, esos eran los mejores momentos. Pero la mayoría de los días, nos encerraba a cada una en una habitación. A mi siempre me tocaba el cuarto de su hermano pequeño donde era sometida a todo tipo de vejaciones que, sin embargo, nunca quise contar. A la noche yo siempre disimulaba porque sabía que su suerte no había sido mejor que la mía, escondida en el cuarto de baño, junto a la comida del gato. 

Más de una vez estuvimos a punto de perder la vida pero, finalmente, habíamos conseguido sobrevivir; incluso, la habíamos sobrevivido a ella, que dejó de hablarnos una mañana sin previo aviso, justo el día que le vino la regla. Desde entonces, hemos vivido arrinconadas en el desván, hasta hoy, que ha subido a rescatarnos. Está muy gorda, pero el embarazo le sienta muy bien. Nos ha lavado la ropa, nos ha peinado y nos ha puesto sobre la cuna. Quedan pocas semanas para que llegue el bebé. Cuando nazca, nos desharemos de él, solo entonces nos convertiremos de nuevo en sus muñecas favoritas y, al fin, volveremos otra vez a ser tres. 



sábado, 14 de noviembre de 2015

NEVERLAND

A mi pequeña adolescente

"¿Hasta cuándo, niña perdida,
implorarás cada noche el fulgor
de la Segunda Estrella a la Derecha?
Luciérnaga fascinada por la llama;
luz que a tu luz eclipsa"

Carmen Piqueras, "Nación del sueño"





Tú no lo sabes porque no tienes memoria. No recordar es como no haber vivido, como permanecer atrapada en el limbo de los inocentes. Tú lo eres: inocente, experta voladora en este cielo que compartimos, en esta vorágine que parece engullirnos y que nos devuelve a orillas ignotas en las que reconocernos es hacer un ejercicio de fe: tú eres mi hija y yo soy tu madre porque me lo recuerdan mis entrañas, los entuertos de mi vientre. 

Tú no lo sabes porque no tienes memoria. No recuerdas las noches en las que uno enfermaba y había que esperar al amanecer por no desatar el miedo amordazado en la madrugada con el grito desesperado del teléfono. No guardas la impotencia de cuando depositaba vuestros cuerpos dormidos en un carro de supermercado aparecido providencialmente por nuestro garaje, como si acabara de recogeros de un viejo contenedor. Nunca supiste que era tuya la promesa de una infancia feliz de cuando solo existías en mi pensamiento. 

Me pregunto qué seleccionará tu memoria para ese álbum particular de imágenes, palabras y olores que vamos construyendo con los recuerdos de la infancia. Tal vez mi tenacidad para no sucumbir al dolor, como en la fiesta de tu quinto cumpleaños a solo unas semanas de la muerte de tu padre. O quizá, la cara más amable de mi enfermedad, como cuando, los días de viento, vigilabais mi cabeza entre risas, convencidos de que mi peluca acabaría escapando por el cielo como un pájaro. 

Mi niña perdida, ojalá no recuerdes nunca el miedo y la soledad y el dolor de aquellos años. Ojalá y la rabia sin palabras no se quede pegada para siempre a tu garganta. Ojalá me perdones tantos momentos en los que queriendo ser Wendy, solo pude ser Campanilla. 

Mi niña perdida, con la mirada siempre puesta en aquella estrella que se extinguió para siempre. Solo tú sigues oteando el cielo convencida de que un día volverá. Mi pobre niña, se quebró la infancia de repente, sin aviso, como nos sorprende la vida casi siempre. Quizás algún día, al fin entiendas que no fui yo quien encendió la luz, que, como tú, también yo, desde entonces, sigo buscando el camino de regreso. 


domingo, 8 de noviembre de 2015

LLANTO Y MEMORIA


"Y no queda más remedio que llorar. Hay que llorar por las oscuras golondrinas, por el verano sin mar, por los cortocircuitos, por las zarzas azules, por los contenedores rotos, por los combates de boxeo, por el regreso a casa, por la rutina del lunes, por la prisa del viento, por la fruta podrida, por las alfombras persas, por el regreso de las lluvias, porque la luna está muy lejos, porque no pudo ser, por el color de las guerras, por la muerte en fascículos, porque cerraron los bares, por la vacuna del tétanos, por las pestañas perdidas, por el cansancio del mar, porque murió la tortuga (...)"

Raúl Vacas Polo "El llanto eléctrico"

E. Munch, "Mujer llorando"

Y no queda más remedio que llorar. Hay que llorar por el amor a destiempo, por el frío del invierno, por los hijos que no tuvimos, por las cucarachas, por los libros no devueltos, por lo que quedó en aquella mesa de quirófano, por las cartas sin remitente, porque nunca volveremos a ser los de entonces, por los baños en febrero, por el miedo al futuro, por los viejos billetes de metro, por la vida que sigue impasible, por las fotos sin dueño, por la soledad de los semáforos, por las promesas pendientes, por los proyectos huérfanos, por las cajas vacías de bombones, por la paz de aquellos días, por los elefantes que aún devoraremos, por el olor a café, por tu perro muerto, por nuestros fantasmas, por las mudanzas, por los silencios. Llorar, llorarme, llorarte, llorarlos... Pero me queda la memoria.

"La memoria se inventó para retener en nuestro corazón la belleza, para seguir alimentándolo en los tiempos grises. No importa lo anodino de la existencia, un destello de belleza basta para iluminar toda una vida"


Me queda la memoria de París, la memoria de saberme en casa, la memoria de la plenitud en Marrakech, la memoria de tu forma de partir las magdalenas, la memoria de los domingos frente al periódico, la memoria de aquellos veranos, la memoria de la inocencia, la memoria de tu voz, la memoria de volver a estrenar la vida, la memoria del miedo compartido, la memoria de la magia de los días laborables, la memoria de tu casa, la memoria de saber a dónde perteneces, la memoria de los tuyos, la memoria de los árboles del jardínla memoria de tus manos, la memoria de haber vivido. No importa lo perdido, no importa el dolor ni el tiempo, ni lo que aun  nos depare el destino: un solo destello de tanta belleza compartida bastará para iluminar toda una vida.