domingo, 27 de septiembre de 2015

ÚLTIMAS VOLUNTADES


"He aquí la vejez (...)
Desear ese morir incorregible y dulce, patrimonio de las
bestias, que se rinden derrotadas sobre el musgo fresco
para convertir su carne en rama, y su sangre en viento"

María Ferreira

Wynn Bullock

Quizá sea cierto que la muerte, como el amor, se reduce a una simple cuestión de voluntad: querer vivir, querer querer. Y cuando se quiebra la voluntad, solo queda una agónica espera hasta que llega el fin. No somos dueños de la vida como no lo somos del amor. Nuestra única moneda de cambio es la voluntad. La suya se quebró el viernes. Tomó unas pastillas y se despidió de ella con un beso. Dos días después quedaban zanjados estos meses de sufrimiento, esta lenta y cruel mengua de sus facultades. No sé si héroe o cobarde, llegó hasta donde le permitió su voluntad; ni un solo paso más.

Después, el lento revivir de la despiadada mecánica de la muerte: el médico que certifica la defunción, la empresa de decesos, los llantos desconsolados... Llegar a casa e intentar explicarle a mis hijos la muerte de su abuelo. Una muerte que convoca a otra y el dolor que se abre paso por antiguos cauces. Más tarde, el tanatorio con sus códigos particulares: los pésames, los recuerdos compartidos, el desgarro que se intensifica a cada visita, el aturdimiento, la amnesia... Y al día siguiente, cada uno a su casa a rumiar su dolor. Aunque solo para ella sobrevivir vuelve a ser, ahora más que nunca, una cuestión de voluntad: la voluntad de querer vivir; la voluntad, pese al dolor, de querer querer. 

Así sea.



sábado, 26 de septiembre de 2015

SE VENDE


"Pronto tendré que desmontar mi casa
y hacer con estos libros mis maletas.
Dónde acabaremos esta vez
y a qué nuevos dolores habrá que acostumbrarse"

Cristina Morano


Laurent Chehere 



Mi casa se convirtió una mañana de diciembre en un lugar extraño que cobraba vida a mis espaladas. Intenté mover muebles para ver si arrastraba la tristeza, pintar habitaciones por si disfrazaba la soledad, sacudir las alfombras con el vano deseo de ahuyentar el miedo. Pero no fue posible aguantar las tropelías de tanto desconocido campando por mi casa como si yo fuese la invitada. Los he soportado durante ocho largos años. Los he alimentado a diario, los he bañado, les he leído cuentos. Conozco de memoria sus amores y sus desamores. Más de una noche la he pasado junto a su cama aguantando los hipidos y los llantos con los que juraban olvidar. Pero, al fin, he firmado mi rendición colgando el letrero de "se vende". La inmobiliaria me sugiere que añadamos: "casa con fantasmas"; me aseguran que hoy día son un buen reclamo. Pero yo no sé qué hacer con ellos después de tanto tiempo. Hay ratos en los que, ya casi a punto de cerrar una de las cajas con los libros de la mudanza, vuelvo la cabeza el tiempo suficiente hasta notar que, de un salto, un buen grupo  ha conseguido acomodarse justo al fondo, dispuestos también a no desperdiciar esta nueva y, tal vez, última oportunidad. 




domingo, 20 de septiembre de 2015

PROMESAS DE SEPTIEMBRE


"Es verdad, el amor solo debería estar permitido desde enero hasta agosto. Septiembre inicia los meses sin nombre, identidad prestada de una mera sucesión numérica (...) El amor no sabe de números; deberíamos reservarlo a los fríos de enero, a la lluvia de abril o a las noches de agosto. Pero claro, “así es el amor, aunque sea septiembre”.

José Antonio Murcia



Flora Borsi


Prometo acordarme de regar los sueños. Sacrificar los miedos. Abrir la ventana para recoger las estrellas caídas en la noche.

Prometo hacer declaraciones de amor frente a los escaparates. Buscar tesoros escondidos. Contemplar atardeceres en silencio.

Prometo coleccionar abrazos. Forrar el corazón como los libros. Firmar ciertos contratos sin avales.

Prometo tejer bufandas en verano. Esperar a los Reyes todo el año. Abrir la jaula a los leones.  

Prometo quererme bien. Dar saltos en la cama de la infancia. Poner en orden mis fantasmas.

Prometo nadar contracorriente. Traficar con poemas en las esquinas. Gritar tu nombre si me aprieta el miedo.

Prometo volver a creer en el polvo de hadas. Cruzar los dedos cuando sueño. Juntar los trozos del pasado.

Prometo poner en hilera nuestras letras. Sacarle lustro a los recuerdos. Tentar tu suerte cada día.


Prometo ser feliz. Ser feliz. Feliz. 



viernes, 18 de septiembre de 2015

RECONQUISTAS




Cojo la tiza y anoto en la pizarra: primer enigma, el enigma del collar; segundo enigma, el enigma del tatuaje; tercer enigma y les entrego apenas un papelillo con el siguiente texto:

"Canta, oh diosa, no solo la cólera de Aquiles sino cómo al principio creó Dios los cielos y la tierra y cómo luego, durante más de mil noches, alguien contó la historia abreviada del hombre, y así supimos que a mitad del andar de la vida uno despertó una mañana convertido en un enorme insecto, otro probó una magdalena y recuperó de golpe el paraíso de la infancia, otro dudó ante la calavera, otro se proclamó melibeo, otro lloró las prendas mal halladas, otro quedó ciego tras las nupcias, otro soñó despierto y otro nació y murió en un lugar de cuyo nombre no me acuerdo. Y canta, oh diosa, con tu canto general, a la ballena blanca, a la noche oscura, al arpa en el rincón, a los cráneos privilegiados, al olmo seco, a la dulce Rita de los andes, a las ilusiones perdidas, y al verde viento y las sirenas y a sí mismo"

Luis Landero 

Me miran con ojos hipnotizados mientras paseo por las mesas mostrándoles orgullosa el collar con el ojo de Horus y el dibujo en mi muñeca de El principito. Al principio tímidamente y después ya sin ningún reparo, miran el colgante, tocan, preguntan sobre la autenticidad del tatuaje. Una semana para resolver los tres enigmas. Una excusa para asegurarles que la literatura les cambiará la percepción del mundo, de ellos mismos, de todo lo que a partir de ese momento les suceda. Releen el texto de Luis Landero y, asombrados, descubren que saben más de literatura de lo que ellos creen, empiezan a descubrir las obras con las que van tropezando en cada línea. Soy feliz, vuelvo a disfrutar de mi ancestral oficio de encantadora de serpientes. La música ha empezado a sonar y algunos inclinan su cabeza en señal de respeto. 

Salgo del aula pisando firme sobre unos tacones en los que apenas me sostengo. Reconquisto en cada tramo los escombros de mis posesiones. No importa que todo esté por empezar y que a mi espalda aun huela a quemado. Quizá este tiempo haya sido necesario para que el suelo calcinado por la contienda recupere parte de la vida de antaño, cuando aún éramos inocentes y creíamos en las infinitas posibilidades con que el futuro nos tentaba. 

Como una pesada losa, cae sobre mí todo lo que aun me queda por reconquistar. Suspiro acallando la añoranza del deseo, el anhelo de la antigua vida que bullía por mis venas. No soy la misma, pero sigo conservando la vieja obstinación de seguir pese a todo lo perdido. Miro hacia adelante y aprieto el paso: doy por bueno el precio pagado por vivir. 


jueves, 17 de septiembre de 2015

EVA


"Es duro
muy duro.
Como acampar a las puertas del paraíso
y mirar día tras día
su resplandor inasequible
a través de una ranura"

Javier Moreno

Refugiados sirios cruzan una alambrada para entrar en Hungría, cerca de Roszke


Caen las fronteras como fichas de dominó mientras la vieja Europa intenta contener los muros que la separan de la miseria y de la guerra. El miedo levanta alambradas para desalentar a las hordas que reclaman su porción de tierra prometida. Y mientras el mundo gime desmoronándose lentamente frente a las puertas del paraíso, nosotros seguimos aventando la frustración de tener que seguir defendiendo nuestro sueños. —Aquí  no hay sitio —decimos desde el otro lado a los que golpean nuestras puertas, y volvemos la vista a la letra de nuestra hipoteca, al colegio de nuestros hijos y a la monotonía de nuestras vidas. A ratos, cuando la serpiente no mira, yo sé que, arrepentida de dejarlos caer en la mentira de la tentación, escondes a su vista la suculenta manzana del bien y del mal.  




martes, 8 de septiembre de 2015

LA VENTANA INDISCRETA



"El templo sagrado de las palabras ha sido tomado por la
mezcla íntima
del óxido y la tizne,
si lo piensas,
lo único que hemos aprendido los peces con ojos de
hombres es a vivir arrastrados por el palangre de
nuestro sustento"

Javier Pérez Walias

"Vecindario" de Carmen Camacho


El olor a comida de las funcionarias pluriempleadas se filtra por las ventanas que dan al patio de luces. Los conjuntos básicos de colores monocordes que tiende la vecina soltera se tiñen de encajes y transparencias luminosas que auguran tórridas noches de fin de semana y mañanas enmudecidas de domingo. Las discusiones de los vecinos del tercero que paralizan por instantes el ritmo rutinario del inmueble hasta que el llanto de un niño nos devuelve a nuestros ruidos cotidianos para acallar tal vez nuestras conciencias. La puerta del garaje que grita con su ruido delator las continuas infidelidades del vecino del primero. La respiración contenida en el breve trayecto compartido con el vecino alcohólico del quinto. Los ruidos de la televisión de las abuelas del cuarto que acallan el denso sonido de la soledad. Las vidas de unos y de otros se confunden en este trajín cotidiano que contempla hipnotizado el poeta minutos antes de que el timbre de la fábrica lo convierta en un eslabón más de una cadena que no debe parar. 



lunes, 7 de septiembre de 2015

CAÍDAS

A Gine

"Abre los ojos,
es tan ciega la muerte que el temor te confunde.
Abre los ojos,
búscame ahora en medio de este océano,
voy a agarrarte fuerte con mis brazos,
siente cómo te aprieto,
busquemos nuestra orilla,
el mar no ha dibujado nuestros nombres,
es hoy, no somos el pasado,
es salado el sudor,
es la espuma del mar contra las rocas
este miedo en tus labios.

Nos espera la vida"

Valverde, F:  "La caída" de Los ojos del pelícano



Los pelícanos planean hasta avistar su presa y de repente se dejan caer en picado. El golpe contra el agua es brutal y siempre salen con el pez en el pico. Esa perfección milimétrica de su caza esconde una tragedia enorme: de tanto golpear su rostro contra el océano muchos pelícanos mueren ciegos, perdidos en el horizonte. (Darío Jaramillo)

Esta tarde de septiembre en la que ha vuelto a salir el sol pienso en la vida de tu madre y con ella, también en la vida de mi madre, en la vida de todas las madres. La imagino en sus miles de planeos sobre el agua en esa precisión milimétrica de la que solo ellas conocen el secreto. La pienso ya, al final de sus días, con esos ojos ciegos de tanto golpear su rostro contra el océano. Vienen a mi memoria cada uno de esos lunes en los que tú llegabas abatida, desesperanzada al verla perdida en el horizonte, cansada de tanto alargar tu mano inútilmente para comprobar un fin de semana más que el olvido estaba ganándote la partida.

Y pese a que presentías su muerte casi a diario, la noticia definitiva fue un mazazo para el que no podías estar preparada, para el que no servía el mísero consuelo de pensar que dejará de sufrir. La orfandad abre heridas insondables. Pero estoy segura de que la fragilidad y la debilidad bajo la que se escondía los últimos meses fueron el preludio de ese largo y último vuelo en el que, tengo la certeza, pudo despedirse de todo lo que un día amó con tanta pasión.  

"Hay tanta dignidad en el vacío,
tanto amor en sus vuelos,
que en el último instante escogen el silencio.
Sólo queda
el golpe de sus cuerpos contra el agua
como un rumor de viento imperceptible"

Sit tibi terra levis