lunes, 27 de abril de 2015

PRÓTESIS


"-¿Prótesis psíquicas?
-Sí, inmateriales, que no se ven pero que actúan. Por ejemplo, es muy probable que mi hija, al no tener padre, desarrolle un padre interior, un padre invisible, una prótesis de padre que sustituya la ausencia del real. Por lo visto, todos tenemos alguna prótesis de esta naturaleza porque en las sociedades desarrolladas el cuerpo psíquico está más mutilado que el físico"

Millás, J.J., Laura y Julio


Richard Lindner.


Una mañana te levantas y, como cada día desde entonces, rozas, con el orgullo de los supervivientes, la cicatriz de tu pecho intentando asegurarte tal vez de que estás despierta y, sobre todo, viva. Porque, aunque aún no tienes muy claro cómo se gestionará en el cielo eso de la corporeidad, estás segura de que allí no habrá cicatrices. En ese gesto descuidado descubres por primera vez que ya no te duele. Solo entonces adviertes la tolerancia al dolor que has llegado a desarrollar en este tiempo, como cuando de niña vuestra madre os quitaba aquella endemoniada coleta a la que no se le había movido ni un pelo en todo el día y que al liberarse desataba todo el dolor contenido. Los segundos que transcurren entre la toma de conciencia de esa sensación de indolencia y la certeza de saber que vas a reconstruirte el pecho son tan intensos y tan fugaces como el fogonazo que ilumina durante un instante el cielo para dejarlo después sumido en una oscuridad absoluta. Así me quedé el domingo: a oscuras, con el miedo pegado a la cicatriz, incapaz de comprender las razones de esta repentina decisión. 

Desde entonces, la idea de la reconstrucción ha empezado a mutar y a adquirir vida propia y, transcurrida una semana, reniega incluso de su dueña. A veces, le exijo explicaciones, aunque parece que a nadie, salvo a mí, le resulte extraña esta decisión. Yo intento disimular y cuando nadie me ve, hablo en voz alta con esta y otras muchas ideas que pululan por mi cabeza. Quizá los médicos, si se enteran de esta costumbre mía de dialogar en voz alta con mis ideas, quieran ponerle remedio mucho antes que a lo de la teta. Yo, por si acaso, omito esta parte y hago como que la decisión es mía. Pero, el otro día, la muy canalla, habló por mí en la consulta y hasta llegó a preguntarle a mi cirujano si sería posible una tallita más. No sabía por donde salir del atolladero, yo, tan seria y comedida. Así que hasta me voy ilusionando con la idea de estrenar teta y aunque no soy de las que creen en los milagros, mi teta virtual me asegura que cuando ella deje de ser una entelequia, ya no tendrá que importunarme más. Fíjate, le digo, que me he acostumbrado tanto a tu presencia que el día que enmudezcas será como haber perdido algo aunque en realidad lo haya ganado, porque con mi teta real ya no podré conversar como lo hago ahora contigo. Y así, con esta mezcla de nostalgia y de miedo, he empezado ya a despedirme de ella. Pero como con los recortes en sanidad imagino que lo de las tetas irá más lento, mientras llega y por si acaso me olvido, iré anotando en una libretita todo lo que mi teta me enseñó. Pero eso, si os parece, lo dejamos para otro día.


  

jueves, 23 de abril de 2015

HOMENAJES



"Pero las cosas que se leen en los libros son tan reales como las que se tocan"

Martín Gaite, C., Caperucita en Manhattan





Querida Aurora: 

Te escribo desde dentro de este libro. Sé que quizá te suene un tanto extraño, pero intentaré explicarte lo que ha sucedido. Esta mañana he asistido, casi sin pestañear, a ese momento en el que has descubierto la placa de la biblioteca que, desde este día, pasará a llamarse "Biblioteca Aurora Gil Bohorquez". Ya dentro, me he recreado en la exposición de dibujos y textos de Mafalda pero, sobre todo, ha llamado mi atención el "photocoll" de Alicia en el país de las maravillas. Mirando a mi alrededor a través de aquellos personajes, he recordado la vieja biblioteca que hacía las veces de improvisada sala de castigos, de juegos o de reuniones, según conviniera. Yo tuve la suerte de asistir en primera fila a la mágica transformación que en pocos meses se produjo. Recuerdo cómo conseguiste convencer  al equipo directivo de la importancia de una biblioteca y cómo una vez que te dieron carta blanca, comenzaste el expurgo: fueron desechados todos los libros de texto y buena parte de las lecturas que no tenían como destinatario a un público juvenil. Confieso que, al principio, pensé que habías perdido el juicio. Todos contemplamos un poco atónitos el mobiliario nuevo, las cortinas con dibujos de Tintín, la escultura hecha con libros auténticos que parecía que en cualquier momento se iba a venir abajo. Pronto, aquella sala fue invadida por cientos de cómics y de libros desplegables, de novelas y libros de poemas que desde aquellos preciosos expositores parecían ejercer una poderosa atracción sobre nuestros alumnos. Promoviste cursos de formación en bibliotecas entre los compañeros que, a partir de entonces, se convirtieron en auténticos expertos catalogando y ordenando libros. Convocaste un concurso para elegir la mascota de la biblioteca. Y hubo fiesta de inauguración y padrino y música. Pero lo que mejor recuerdo es cómo llenaste aquel espacio de escritores vivos que conversaban con nuestros alumnos en aquellos diálogos que no acababan con el timbre del recreo. Durante aquellos años aprendí a incorporar a mis clases lecturas de los autores que iban pasando por el centro. Pasé muchas horas con y sin alumnos en aquella biblioteca. Me atrevería incluso a decir que, en aquellos momentos tan sombríos en mi vida personal, fui feliz entre aquellos libros. Y hoy, ya ves, entrar en tu biblioteca ha sido como volver a casa. Tanto, que cuando me he ido a dar cuenta, todos habíais desaparecido y solo quedaba yo dentro de este libro. No sé muy bien aún de qué trata, pero te iré dando pistas para que puedas venir a rescatarme. Aunque, ¿sabes qué?, se está tan bien aquí dentro que, de momento, esperaré toda la noche de este mágico 23 de abril de 2015 y, mañana, ya veremos. 


PD. Mientras me acomodo entre las letras de este libro, vienen a mi memoria unas palabras escuchadas entre los discursos de esta mañana: "La recuerdo como aquel pueblo nómada de pescadores que allí donde iban llevaban el mar". No creo que sea posible definir mejor quién eres tú y cuál es el secreto de tu forma apasionada de contemplar el mundo. 

Un abrazo
Tu amiga, Carmen 




domingo, 12 de abril de 2015

MICRORRELATO

"A nosotros
nos pertenece
el miedo
de la
ternura"

Herta Müler


Magritte, R., "The false mirror"


Cerró los delgados párpados para que no se le escaparan las mariposas a través de los ojos sin vida. Estiró las extremidades hasta que las membranas de sus pies palmeados llegaron a su punto máximo de tensión, momento que aprovechaba cada mañana para dejar escapar esos densos humores con los que creía marcar el terreno imaginario que lo separaba de los otros monstruos que habitaban las profundidades abisales. Contuvo por un instante el movimiento rítmico de sus branquias y se dejó mecer por la suavidad del agua mientras intentaba recordar el color exacto de sus ojos la tarde en que se ahogó en ellos anegado en la profundidad de su mirada.


martes, 7 de abril de 2015

LA TIRANÍA DE LA FELICIDAD


"Felices los que lloran"

Mateo, 5 






Me vais a perdonar este título tan poco apropiado para estos días de vacaciones donde solo una defensa de la felicidad tendría cabida. Pido perdón de antemano a toda la legión de optimistas sin convicción que hacen de la felicidad su bandera, a los devotos de los libros de autoayuda y a los cientos de gurús que nos regalan métodos infalibles para aprender a ser felices en pocos días. 

Nuestro mundo es, sin duda, para los felices. La felicidad se esconde agazapada detrás de cada experiencia, vigilante como un juez implacable. No está de moda el sufrimiento. Cualquier síntoma incipiente es atajado de manera ejemplar. Desde el Prozac que fue presentado como la píldora de la felicidad hasta el Serotax denominado la nueva píldora contra la timidez, un arsenal de fármacos nos prometen protección frente a cada uno de los rostros del sufrimiento. 

El sufrimiento solo está permitido ante un reducido número de pérdidas, ligadas por lo general a la muerte de los seres queridos. Transcurrido lo que se estima como el período adecuado de luto, ya no queda más espacio para el dolor. Con la mejor de las voluntades, imponemos estrictos calendarios para las tristezas ajenas. Y debajo del "tienes que sobreponerte", "es hora de empezar a salir", "ya han pasado varios meses" se esconde un miedo cerval ante el dolor ajeno.

Otros dolores, otros duelos se diluyen en la indiferencia de lo que se vuelve cotidiano. Así pasamos de puntillas ante el profundo drama de la separación, sobre todo cuando hay hijos, de tal forma que apenas si damos la oportunidad de recomponer los pedazos rotos que toda pérdida conlleva. Con frecuencia escucho a los amigos aconsejar aquello de "un clavo saca otro clavo" o  "a rey muerto, rey puesto". A las pocas semanas estamos exigiéndole al que, en el mejor de los casos, se ha quedado hecho unos zorros que ponga la mejor de su caras y que salga ahí fuera tras la búsqueda del que le hará olvidar ese capítulo al que quedará reducida, como una triste anécdota, esos años de sus vidas.

En esa huida a toda costa del sufrimiento nos escondemos a veces detrás de conductas de fingida felicidad que nos crean una sensación de desamparo y de desorientación absolutos en este batiburrillo de endorfinas en el que a veces quedamos inmersos. He visto tristezas agudizadas ante la propia incapacidad de ser fiel a lo que tocaba vivir en cada momento: embarazadas incapaces de reconocer que no experimentan con el nacimiento del hijo ese estado de placentera felicidad del que hablan las revistas; parejas recién estrenadas que se debaten en cientos de sensaciones contradictorias; experiencias iniciáticas que generan altas dosis de insatisfacción...

No existe apología de la auténtica felicidad. No es posible aprender a ser felices. En buena parte de las ocasiones somos felices a destiempo. Y es ahí, precisamente, en la aceptación de esa asincronicidad donde reside la única forma de sobrevivir a cada una de nuestras desgracias, a cada una de nuestras felicidades.



domingo, 5 de abril de 2015

ISLAS DESIERTAS


"Tú eres un espejismo en mi vida.
(...) Yo misma 
proyectada en la noche por mi
ensueño, eso tú eres"

Dulce María Loynaz


Sicre, G. "Isla Elephanta"



Convencido de que no estaba solo, agitaba los brazos en un baile frenético, escribía mensajes indescifrables sobre la arena y encendía fuegos en mitad de la noche. A pocos kilómetros de allí, una mujer, convencida de que no estaba sola, ondeaba pañuelos blancos desde los acantilados, lanzaba botellas que el mar tragaba con avidez y rezaba himnos en una lengua desconocida. Ella nunca vio el fuego encendido en mitad de la noche desafiando la luz de las estrellas; hasta él nunca llegaron las botellas que ella lanzaba puntual como el que acude a un cita. Pero la certeza de la existencia del otro justificaba a diario la ciega soledad del náufrago.