jueves, 29 de enero de 2015


MICRORRELATO

"Aquella esperanza que cabía en un dedal"

Mario Benedetti



Wagemann, C. "El paraíso"



Creía que la había perdido.

Preguntó a su padre muerto. Se detuvo ante desnudos escaparates. Miró bajo los columpios del parque. Sacudió con temor sus bolsillos. Se abalanzó contra mendigos de ojos horadados por la pena. La invocó desde los púlpitos en templos abandonados. Buscó entre letras que conducen hacia universos imposibles. Se miró hasta en ojos desdibujados, inservibles para el llanto. Anduvo por caminos que mienten según el pie que los pisa. Lloró sin pudor sobre lápidas desconocidas, tras nombres olvidados. 

Cuando al fin acabó con la lista de preposiciones, entre las manos le quedó flotando la tristeza como un puñado escurridizo de arena. Tuvo miedo. Tal vez la había dejado olvidada en un banco del parque y ahora vagaba sin rumbo. Quizá a estas alturas era pasto de las llamas, daba de comer a las palomas o, peor, les servía a ellas de festín. De repente, recordó dónde solía esconderse cuando, de niñas, jugaban al escondite. Se acercó sigilosa y allí, debajo de un adverbio, ajena a la algarabía y a las risas de las preposiciones huidas por primera vez de los libros escolares, dormitaba plácidamente su esperanza. 


domingo, 25 de enero de 2015

MICRORRELATO: CAZA DE BRUJAS










Frente al espejo, con el sereno rostro de las Madonnas renacentistas, ensayaba distintas poses con el fin de conseguir el acomodo más idóneo para cuando llegara el momento. Meses antes, había anunciado su retirada de la vida pública. Nadie la tomó en serio hasta que la vieron abandonar su malograda residencia y alejar a sus vástagos de la nube de flashes que adornaba constantemente sus elegantes cabezas. Su fama, desde que se había hecho público el juicio, había crecido como los falsos rumores y pronto, monárquicos y republicanos, hombres y mujeres de todas las edades comenzaron a hacer largas colas solo para verla, tocarla, conseguir una imagen que todos sabían histórica si se presentaba la ocasión. Ella se mantenía imperturbable, con la serenidad propia de los que rezuman santidad, rodeada de un silencio denso y pesado como el incienso de las iglesias solo roto para pronunciar lacónicos "no sé", "no lo recuerdo" o "lo desconozco". Su pacto con el Maligno se desestimó para  decepción de muchos, aunque, para consuelo de otros tantos quedó más que probada su relación con él. Era la última acusada en intentar demostrar que nada sabía de las actividades fraudulentas de su príncipe, que resultó no ser tan azul como esperaba. Con ella se perpetuaba la estirpe de princesas y tonadilleras varias y comenzaba una leyenda. 



viernes, 23 de enero de 2015

PARTE METEOROLÓGICO


Se anuncia entre los dos tiempo inestable 
asoman a tus ojos las tormentas, 
por la noche es probable 
que el viento sea variable, 
que me quieras… y luego te arrepientas. 

Joaquín Sabina





El tiempo inestable y unos cuantos resfriados mal curados me enseñaron a vigilar los termómetros con recelo, a confiar en que fueran ciertas las predicciones que me hacías cada noche. Yo nunca supe nadar y guardar la ropa. Me lanzaba a tus brazos con lo puesto. Salía a buscarte a pecho descubierto. El temor me calaba hasta los huesos los días en que, a través del teléfono me llegaba la escarcha de tu voz, o cuando tus palabras se volvían quebradizas anunciando tiempos de sequía. Aún hoy recuerdo con nostalgia aquellos domingos de borrasca en los que no te cansabas de soplar y yo apenas si rozaba con mis tristes ojos tus cielos tan nubosos. Nunca nos acomodamos a los vientos moderados, a las temperaturas sin cambios y a los cielos despejados. Demasiadas veces habíamos visto ya que el sol de enero es poco duradero. No quisimos ser tormenta de verano, de solo un día. Y con los ojos cerrados y las manos apretadas, nos lanzamos a nuestra suerte más segura: la del que nació para ser ojo del inmortal huracán.




miércoles, 21 de enero de 2015


MICRORRELATO

"Un psiquiatra puede destruir pero no puede crear"

L. Shaffer, Equus






El amor, solía decirme, es un complejo engranaje que funciona con una precisión milimétrica. El mas leve desajuste, la holgura más sutil, el ruido más imperceptible pueden ocasionar errores de cálculo de consecuencias impredecibles. Él era todo un experto. Me había salvado de dos matrimonios infortunados pero su diagnóstico esta vez no era tan halagüeño como en otras ocasiones: un par de respuestas y me había convertido en lo que en la jerga de los loqueros llamaban un kamikace. Al principio, no lo entendí, pero era verdad que mi locura llegaba a tal extremo que me sentía dispuesto a todo, incluso, a morir por amor. Había hecho del amor mi religión, pero eso no podía implicar tanto peligro como el que su tono de voz delataba. Un mal paso, un movimiento brusco y estás perdido. 
Me tumbo y lo dejo hacer. Varias sesiones: mi padre, mi madre. Mi infancia. Los años de instituto. La universidad. El maldito trabajo... Ella. Ella la noche de marras en que la besé por primera vez.  Ella que lo llena todo convertida en una luz blanca cegadora. Ella. Ella. Ella. Y después, nada. Un apagón. La oscuridad total. Oigo un rápido clic. Estás curado. Salgo, pago la consulta. Estoy curado -me repito a mí mismo- estoy curado... me limpio con un gesto instintivo las lágrimas pero ya no las siento.




sábado, 17 de enero de 2015

CARA


"Qué habrá allá lejos,
allá donde parece que agitara la brisa una llamita,
allá, cruzando el mar de sombras y de miedo"

Piedad Bonnett, "El hilo de los días"

Andre Steiner

Cuándo nazcas, ¿quedará alguna parcela de mi vida que tú no anegues? ¿Nacerás o te nacerán con fórceps que te arrastren a la vida, con el auxilio de unas manos expertas que ratifiquen el milagro de existir? Te entregarán a mis brazos una mañana tal vez de mayo, cuando el aire, a ráfagas, nos traiga el presagio del mar y de la sal. Y, al mirarte los ojos aun ciegos, adivinaremos tu nombre sin necesidad de preguntas ni de pactos que nos confirmen que eres de verdad, mucho más que el sueño presentido durante tantas noches y tantos días en los que vivimos ciegos, de espaldas a la sutil urdimbre que nos une. 





jueves, 15 de enero de 2015

CRUZ


"Nunca, tampoco,
tanto dolor se amotinó de golpe,
ni tan herida estuvo la esperanza"

Piedad Bonnett




R. Smith 


Cuando tú mueras, ¿en qué cajón de mi memoria te albergaré? ¿Morirás o te morirás? En el peor de los casos, te me morirás una mañana fría de enero. El forense que lo certifique dudará al estampar la rúbrica y abrirá una investigación que esclarezca cómo la muerte consiguió confundirse con tus venas, hacer nido entre tus huesos. Me citarán, tal vez como testigo, y yo diré que te conocí, que pasé por tu vida como un pájaro equivocado que quiso anticipar sobre tu cielo la llegada de una nueva primavera, eso es todo. Y regresaré a la vida como el que regresa de la muerte y, a tientas, vagaré como un ciego al que sólo le asiste tu recuerdo. 



martes, 13 de enero de 2015

ESTADO DE FUGA




Lalya Cornelli


Cuando cambiaba de novio, cosa que en los últimos años hacía casi con la misma frecuencia con la que cambiaba las sabanas, tenía la rara costumbre de ir estampando una discreta marca sobre cada uno de los días que duraba la relación con su pareja de turno. No había una oculta valoración: ni bueno, ni malo, ni aceptable, solo una discreta marca que iba variando de color como de dueño. A veces, los colores parecían superponerse, pero eran sólo efectos ópticos que le generaban cierta inquietud. Cuando eso sucedía, en sus sueños se confundían imagenes angustiosas de gritos y golpes que la despertaban confusa y magullada, como si las pesadillas pudieran taladrar con sus dedos la realidad. Esa pulsión por los calendarios quizá le venía desde que su madre le advirtió con su primera regla que debía hacer una marca en el calendario. Al principio, no sabía el porqué de esa extraña recomendación, pero lo hizo, ese y cada uno de los meses en los que una cruz sobre los números le recordaba que aún seguía siendo fértil. Su reloj biológico seguía funcionando con la precisión de los aparatos suizos, aunque su utilidad estaba bajo sospecha, dado que la maternidad era un asunto que nunca le había rondado por la cabeza más tiempo que el que tardaba en concertar una cita con su ginecólogo. Con los años, se había acostumbrado a esa frialdad sobre la que parecía haberse instalado. La mayoría de sus amigas pensaba que era una pose, un fingimiento y que cualquier día caería rendida a los pies del macarra más macarra de la oficina. Ya le habría gustado a ella. Pero lo suyo no tenía solución, le había dicho cada uno de los terapeutas por los que había pasado a lo largo de estos años. Los siquiatras lo intentaron con pastillas de todos los tamaños y todas las formas, incluso con largas sesiones de hipnosis, pero no hubo cambios. Todos coincidían en el diagnóstico: una extraña suerte de amnesia y una dislexia cromática -como les gustaba llamar a su daltonismo- que borraba todas las pistas del violador más allá de unas insignificantes marcas monocromas sobre el calendario. 


domingo, 11 de enero de 2015

EDUCAR


"Hoy, un profesor de ESO llega al aula y no sobreviene el silencio respetuoso ni los alumnos se acomodan en sus sitios con la ilusión expectante de lo que van a aprender en la clase. No. Cada uno de los treinta sigue absolutamente a su bola: aquellos asomados a la ventana gritando a todo gritar cualquier insulto a los que están abajo, escupiendo si se tercia; estos peleándose medio en broma medio en serio; otros persiguiéndose entre las mesas, tirando de paso alguna silla; uno pocos saliendo al pasillo y entrando y volviendo a salir atropellando en su caminar rápido a los que hablan en un corro... Y llega el profesor -sobre todo si está de guardia- nadie lo ve; y nadie lo oye; y nadie lo mira (...) Comienza otra lucha, igualmente perdida de antemano: unos se han traído los libros; otros han confundido las libretas; nadie ha hecho los ejercicios (...) Mientras intenta explicar algo, recrimina al que le está pellizcando a la compañera, reclama la atención de los distraídos, impide salir a los que tienen sed, hace callar a los que hablan, contesta al que, a gritos, acusa a su amigo de cogerle el móvil... Toca el timbre: no hay tiempo para despedidas ni conclusiones. Un resorte ha hecho que los treinta se levanten de golpe y continúen con las conversaciones a voces, las carreras entre las mesas, las salidas precipitadas al pasillo, el bullicio incontrolado (...)"

Gil Bohórquez, A., "Dr., no soy nadie"



Desde que mi hija se está aproximando peligrosamente a la edad de los alumnos a los que les doy clase, empiezo a sentir vértigo. Llevo dedicada a la docencia unos quince años y unos pocos menos al oficio de ser madre: toda mi vida, dentro y fuera de casa, como nos ocurre a los docentes, ha girado en torno a la educación. No recuerdo ni un solo año en el que con septiembre no haya llegado un nuevo curso. De mi trabajo siempre he dicho que es de las pocas cosas para las que he nacido. Me gustan los adolescentes. Entre ellos y yo se van creando a lo largo de los meses complejos vínculos que me permiten acercarme a ellos y enseñarles, sobre todo, conocimientos que van más allá de los libros de texto y de las encorsetadas programaciones que priman una enseñanza memorística, la mayoría de las veces, alejada por completo del adiestramiento en habilidades básicas como la lectura, la escritura o el fomento de la sensibilidad ante la literatura. Desarrollar estos recursos en nuestros alumnos requiere un esfuerzo muy superior al que empleamos cuando dedicamos nuestras clases a memorizar los verbos o a explicarles la diferencia entre un complemento predicativo y un circunstancial. Que no digo yo que no haya que hacerse, pero yo hace años que me encuentro con alumnos en los que priman otras necesidades. 

Quizá el curso en el que aprendí más sobre educación fue aquel en el que me estrené con la garantía social, que con los años ha pasado a llamarse PCPI (programa de cualificación profesional inicial), y después Formación profesional básica: alumnos, en definitiva, que no consiguieron titular por las vías ordinarias y para los que hay que ofrecer otras alternativas. Entré en el taller en el que debería dar clase ese curso: unos quince alumnos, altos como un templo, con soplete en mano, acababan de terminar una de las sesiones que dedicarían a lo largo del curso a arreglar un calentador. No sé cómo no me caí de los tacones. Me agarré como pude a la mesa y me presenté. Aquel año puse en juego todas mis habilidades, mis mejores recursos, mi capacidad de seducción. Debía conquistarlos, reducirlos, vencer una a una todas sus defensas, todas sus prevenciones sobre mí como docente y sobre la enseñanza, que eran las que les habían hecho fracasar hasta ese momento. Y lo conseguí. Olvidé los libros de texto y di clase de la única forma que entendía que podía enseñarles algo: a través de la prensa, de las revistas de motos y de las canciones que ellos escuchaban. Aprendí mucho sobre carenados, carreras de motos, circuitos, deportes y canciones que jamás había escuchado. Aquel año perdí todos los miedos, abandoné el sentido del ridículo y aprendí a saber lo que podía esperar de mis alumnos y de mí misma.

Este año tengo un curso de veintitrés alumnos, de los cuales, doce son repetidores, tres son absentistas, siete tienen la asignatura del año anterior pendiente, uno es de necesidades educativas especiales, tres de compensatoria (llevan un desfase de al menos dos cursos). En la misma clase conviven alumnos de entre trece y dieciséis años. Estamos a enero y es la primera vez que no he conseguido hacerme con el grupo a estas alturas de curso. A la vuelta de vacaciones, tres llegaron diciendo que no iban no a sacar el bolígrafo, solo dos se habían acordado de cambiar el libro y traer el del segundo trimestre, uno se durmió sobre la mesa y solo despertó cuando comenzó el relato de fantasmas. Leí el cuento con toda la emoción que me quedaba a esas altura de la mañana. A ese texto le añadimos la lectura de un par de poemas de la antología propuesta para el trimestre que nos permitió hablar sobre el amor. Ni qué decir que aquella ultima hora del primer viernes de año fue un éxito. Pero ¿a qué artimaña recurriré el lunes cuando vuelva a verlos recostados sobre la mesa, sin libros, sin ganas, derrotados sin haber cumplido apenas quince años?

Esta es nuestra realidad diaria. Por eso en mi centro se inició el curso anterior el programa denominado "Tutor amigo", que consiste en ejercer una labor de cotutor para ayudar a aquellos alumnos que consideramos que están en riesgo por causas diversas. Más de treinta profesores están comprometidos con esta labor de acompañar y asesorar, de enseñar en ocasiones tareas tan esenciales como organizar una agenda o distribuir el tiempo de estudio. Y eso lo hacen en sus horas libres, en un tiempo que generosamente regalan a sus alumnos y a la administración. Porque, pese a todo, este es nuestro trabajo, esta es mi pasión y la de la mayoría de los docentes que ponemos cada día un pie en las aulas con una ilusión renovada, confiando en que aún es posible, a pesar de todas las dificultades, seguir creyendo en el poder de la educación.




jueves, 8 de enero de 2015

MICRORRELATO

Para los que hicieron de la perfección su bandera y su coraza







El suyo era un amor doméstico. Con sillones frente a la chimenea y sábanas de franela. Con pucheros humeantes y tardes de domingo. Con sus cándidos sueños y sus alitas cortadas ¿Qué sería de su pequeño amor domesticado ahora que, acabadas las provisiones, tendrían que aventurarse a salir ahí fuera en busca de algún sueño que llevarse a la boca?


miércoles, 7 de enero de 2015

CRECER


"Hay cosas que no pueden elegirse"

Inmaculada Mengíbar


Lilya Corneli



Lo peor de cumplir años es renunciar de un plumazo a buena parte de los sueños que nos hicieron niños. Recuerdo con nitidez el día que mi hermano me contó lo de los Reyes. Era verano, una de esas siestas aburridas en las que, aunque no durmiésemos, estábamos obligados a permanecer dentro de la habitación, en silencio. Los susurros fueron creando el clima propicio para las confidencias y ahí fue cuando me lo soltó, de golpe y casi sin respirar, como si me estuviera confesando el más atroz de los asesinatos: "los Reyes son los padres". Me quedé en pleno agosto con el frío de enero helándome por primera vez los sueños. Callamos y no se lo dijimos a nadie, como dos cómplices que estrenaban un secreto que ocultar. 

Como en un sueño, he vuelto a la sorpresa y al pasmo de aquella tarde de agosto. A Belén una amiga le ha mandado un whatsapp contándole su gran descubrimiento, sus padres se lo habían confesado y no ha tardado en buscar quien la refrende. Con qué espanto me preguntaba si aquello era verdad. Qué abismo en su mirada. Después de intentarlo con un cuento, de hablarle de las auténticas ilusiones y de declararle las cosas en las que aún creemos, no podía entender que, metida en la cama, no quisiera saber nada de los regalos. Al final supe todo lo que de golpe hoy perdía Belén: me contaba entre lágrimas que, aunque lo creía imposible, le había pedido a los Reyes que le trajeran de vuelta a su padre, y ahora que ya no existían, sabía que su deseo quedaría huérfano para siempre. No, no era la misma pérdida que yo recordaba. Con los Reyes se ha esfumado definitivamente la magia de la infancia. Hoy, y no hace unas semanas, es cuando Belén se ha hecho mujer de repente, como suceden las cosas definitivas: sin que nadie nos advierta que abandonamos para siempre una forma irremplazable de contemplar el mundo, nuestro mundo. 


martes, 6 de enero de 2015

ROSCÓN DE REYES


"Quien en la boca se encuentre una cosa un tanto dura
a lo peor es el haba a lo mejor la figura
Si es el haba lo encontrado, este postré pagarás
mas si ello es la figura, coronado y Rey serás"




El primer trozo lo cogíamos con la segura determinación de estar a punto de acariciar nuestra buena suerte. Después del primero, mirábamos a un lado y a otro con el secreto temblor del que aún sigue soñando con cumplir sus más escondidos sueños. Todos mordíamos  con idéntico miedo a tropezarnos con el haba que nos obligara a pagar de golpe cada una de las deudas contraídas. 


lunes, 5 de enero de 2015

MUJERES


A mi madre, mi primer y mi mejor espejo 

"Hay mujeres veneno, mujeres imán,
Hay mujeres consuelo, mujeres puñal,
Hay mujeres de fuego,
Hay mujeres de hielo,
Mujeres fatal"

Joaquín Sabina


Collandre Oeuvres


Conozco a mujeres nómadas. Mujeres caracol que migran sin más hacienda que lo que cabe en su maleta. Mujeres que nunca saben al despertar en qué cama se encuentran. Mujeres indómitas. Mujeres que no quisieron ser como sus madres, que no supieron ser como ellas. Mujeres valientes. Mujeres que escapan de los sueños que las amordazan, la domestican, las amaestran. Mujeres mutantes que saben cambiar de piel según los tiempos. Mujeres que desterraron el miedo. Mujeres tambor sobre las que resuenan las causas olvidadas. Mujeres guerreras que defienden con uñas y dientes a su camada. Mujeres que comparten la suerte de otras mujeres. Mujeres hogar al calor de las cuales giran los planetas y las constelaciones. Mujeres abrigo que compensan los precios de vivir. Mujeres que supieron derribar los mitos sobre los que otras se alzaron. Mujeres bandera ajenas a los cadáveres que dejan a su paso. Mujeres fatal como esas que canta la canción. 



domingo, 4 de enero de 2015

MICRORRELATO



Junto al hombre elefante y dos filas más allá de la mujer barbuda, miraba imperturbable a los visitantes. Entre tanta monstruosidad, era sin duda la que despertaba mayor atención: su piel aterciopelada y blanca, sus miembros de proporciones clásicas, su larga melena recogida tras la desnuda espalda. No había quien al pasar se resistiera a pararse frente a la leyenda del ilegible cartel que justificaba su inclusión en ese circo de los horrores. Todos, invariablemente, se iban aproximando hasta que la misma mueca de terror se les quedaba congelada en el rostro al asomarse a través del orifico donde tiempo atrás latía un corazón.



viernes, 2 de enero de 2015

MICRORRELATO

"Y de pronto la puerta no es un error del muro (...)
y mis llaves no cierran y abren una prisión" 

Prado, B. Ya no es tarde


Marta Farina




Al palacito le estaban creciendo rejas. Al principio, sintió miedo, pero todos le dijeron que las rejas servirían para desalentar a los abyectos ladrones. Con el tiempo, las rejas fueron cortando el paso a la luz, pero todos le aseguraron que así permanecería oculta de las aviesas miradas. A los pocos meses, las rejas le impedían abrir las ventanitas, pero todos la previnieron contra el aire sucio de la ciudad. El último día del año, comprobó que las rejas amenazaban con clausurar las puertas de su frágil palacito, pero todos le prometieron que así no volvería a sentir miedo. Despidió a las sirvientas, destituyó a la guarda real, y justo en el último instante, salió dando un portazo, convertida al fin en la auténtica princesa de su reino. 


jueves, 1 de enero de 2015

MICRORRELATO 


"Acerté.
A veces acertar duele"

Carmen Camacho



Lori Koefoed


Las mujeres saben ciertas cosas. Ella era mujer y lo sabía. Lo sabía desde la primera noche en la que empezó a pensar en él. Desde la primera mañana en la que al despertar siguió pensando en él. Y luego, el día en que a mitad de la jornada sintió su caricia tras la espalda, justo en ese momento en el que uno tiene que apartar la mirada un instante del ordenador, en esas milésimas de segundo en las que te frotas los ojos para vencer el cansancio. No se lo había contado a nadie. Aprendió a arrastrar este secreto como el pesado fardo que envuelve las mentiras. Pero las mujeres saben ciertas cosas. Ella también era mujer y lo sabía.