miércoles, 30 de diciembre de 2015

DIARIO DE KA, 30 de diciembre

30 de diciembre de 2015

Ingres, "Espalda de una mujer"


Vaciar armarios, dejar sólo aquello que estás dispuesto a llevar. Abandonar recuerdos, postergar otros hasta la siguiente mudanza. "Tres mudanzas equivalen a un incendio", te repites la frase como un tantra: esta es tu tercera. Y entonces sientes unas ganas inconfesables de echar a correr, de salir gritando y pedir ayuda, pero de sobra sabes que hay incendios imposibles de apagar, fuegos que arden desde la eternidad. Mantienes la calma y continuas concertando al albañil con el carpintero y en vano intentas poner un poco de orden entre tantas cosas que son como el mapa desordenado de tu propia vida.


domingo, 27 de diciembre de 2015

DIARIO DE KA, 27 de diciembre de 2015

27 de diciembre de 2015




Se le ha caído uno de sus últimos dientes de leche y su ilusión se mezcla a partes iguales con mi tristeza: es el final de la infancia y no sé si pensar que pasó muy rápida o fue muy lenta. Lo que sí sé es que me gustaría volver hacia atrás y tener la oportunidad de criarlo otra vez intentando preservarlo de tanta tristeza contenida hasta en los barrotes de su cuna.
Esa noche me pidió dormir en mi cama. Nunca lo había hecho hasta este año: yo fui una madre de la generación del "Duérmete niño", quizá por eso envidio tanto a las generaciones del colecho. Cuando estaba a punto de cerrar los ojos, me pidió que le escribiera una carta al Ratoncito Pérez para indicarle que, aunque no estaba en su cama, se le había caído un diente. Escribí aquella carta y le hice un croquis detallado de aquella casa que estábamos a punto de abandonar y en la que quedarían atrapadas para siempre las infancias de mis hijos y los años más terribles de mi vida. 


jueves, 17 de diciembre de 2015

NINIS

"En el silencio sólo se escuchaba
un susurro de abejas que sonaba"

Garcilaso de la Vega






Apenas encuentro fuerzas para levantarme. Sus ruidos se fueron acallando tras la bronca de esta mañana. Los oigo pulular, lejos ya de estas paredes. ¡Soy la reina!, les grito en una letanía que se va acallando hasta confundirse con mis gemidos. Soy-la-rei-na... la-rei-na. Pero nadie parece escucharme. Todo vuelve a su aparente calma. 
Hay momentos en que no los soporto. Leo libros de autoayuda para aprender a contener mi ira cada vez que los descubro tumbados en sus habitaciones. Mis amigas me recuerdan que es lo normal, que ellos son así. Pero hoy he perdido el control y tras unas cuantas órdenes, que han sido ignoradas, como de costumbre, les he espetado en sus narices que eran unos zánganos, unos malditos zánganos a los que no estaba dispuesta a mantener ni un día más. Me he arrepentido al instante, pero ya estaba dicho. Sus miradas, por toda respuesta, me han traspasado; después, solo un portazo y un lejano rumor. Sé que yo soy la única culpable por llenar esos cerebros de mosquito de tantas ideas de grandeza. 
Ahora estoy sola, muy sola. Los sicólogos dicen que esto se pasará, que es solo el síndrome del nido vacío, pero lejos de darme una solución, me han generado un nuevo problema de identidad: siempre estuve convencida de que esto era una colmena y yo, La Reina, La-Rei-na. 


martes, 8 de diciembre de 2015

SUPERHÉROES

Al personaje de héroe que todos llevamos dentro. 





Lo había elegido a él: al tipo aburrido con gafas y pelo engominado; al tímido de palabra vacilante; al hombre que sabia guardar un secreto. Y lo volvería a elegir, porque los días en los que le asaltaba el miedo paralizante de saberse viva, se agarraba a su capa y dibujaba con sus dedos la S bordada en el traje de superhéroe que escondía detrás de las corbatas. Solo ella sabia que el mundo daba menos miedo las noches que él vigilaba la ciudad.


lunes, 30 de noviembre de 2015

ANIVERSARIOS

"Solo contigo
quiero ser yo

Solo conmigo 
eres tú

Y sin vosotros
no podemos
ser nosotros"

Epitafio de Pascual en el cementerio de Nuestro Padre Jesús



Giorgio De Chirico



Ocho años nos separan de ti. Ocho años
largos como el karma que nos devuelve siempre a la misma vida, 
livianos como el batir de alas de una mariposa.  
No podrías reconocernos.

¿Cómo se le habla a los muertos? 
A veces te pienso como el que reza 
o como el ateo que maldice no tener un dios bajo la manga. 
¿Cómo ser fiel a los muertos?
A veces hablo para que no te olviden 
y luego mi dolor te niega como un san Pedro arrepentido.

¿Por qué insistimos en ser los mismos?
Como si la vida no se hubiese detenido
Como si no nos hubieran quebrado la inocencia.

El tiempo te hace grande y lejano
Como cuando te dibujaban con los pies lejos del suelo.
La vida me vuelve pequeña y mezquina 
Como la madrastra mala de este cuento.

Pese a todo, aprendimos a vivir
A la sombra de tu muerte prematura
Al cobijo de tu nombre carcomido
Al amparo de tu incierta memoria.

Y estamos aquí,
Un año más
Para recibir el frío de diciembre
Con ese sabor a tiempo detenido.

Belén ya no cree en los Reyes
Jorge agota sus últimos dientes de leche
Yo aun no he recuperado el vello de mis cejas.
No podrías reconocernos. 

Sabes 
Que estalló la crisis 
Que tu padre ha muerto
Que me voy de casa
Que sobreviví al cáncer
Y no te olvido.
Tú lo sabes
Pero no está de más recordarlo
Por si acaso
Un día
Nos miras
Y no puedas ya reconocernos. 


lunes, 16 de noviembre de 2015

TRIÁNGULOS PERVERSOS


"El que soy y el que fui se juntan, se interfieren a menudo y fingen ser el mismo"

J.M Caballero Bonald, "Desaprendizajes"


A mis alumnos de 1º


Clifford Coffin


Todos los triángulos esconden algo de perversión. Incluso los equiláteros dejan transparentar cierta malicia bajo ese trazado de aparente perfección. Tres son multitud, reza el dicho popular, siempre hay un tercero en discordia, no hay dos sin tres y tantos otros nos alertan de la perversión de este número. Nosotras, muy a nuestro pesar, no pudimos elegir. 

A los pocos meses, ella se había convertido en el vértice de aquella relación. Movía los hilos haciendo que nos contorneáramos en posturas imposibles. Acatábamos sus reglas con el secreto deseo de mantenernos enlazadas toda la vida en aquella imposible simbiosis pero, nuestro temor y nuestra absoluta sumisión iban en aumento a partes iguales. No teníamos escapatoria. 

"Si te mueres, dejo de hablarte", nos decía en un susurro cada noche a modo de despedida. Nosotras luchábamos por respirar, por no morirnos, por seguir escuchando su voz. Pasábamos la noche aferradas la una a la otra, protegidas por el silencio hasta el amanecer. Algunas mañanas, antes del colegio, jugábamos las tres juntas, esos eran los mejores momentos. Pero la mayoría de los días, nos encerraba a cada una en una habitación. A mi siempre me tocaba el cuarto de su hermano pequeño donde era sometida a todo tipo de vejaciones que, sin embargo, nunca quise contar. A la noche yo siempre disimulaba porque sabía que su suerte no había sido mejor que la mía, escondida en el cuarto de baño, junto a la comida del gato. 

Más de una vez estuvimos a punto de perder la vida pero, finalmente, habíamos conseguido sobrevivir; incluso, la habíamos sobrevivido a ella, que dejó de hablarnos una mañana sin previo aviso, justo el día que le vino la regla. Desde entonces, hemos vivido arrinconadas en el desván, hasta hoy, que ha subido a rescatarnos. Está muy gorda, pero el embarazo le sienta muy bien. Nos ha lavado la ropa, nos ha peinado y nos ha puesto sobre la cuna. Quedan pocas semanas para que llegue el bebé. Cuando nazca, nos desharemos de él, solo entonces nos convertiremos de nuevo en sus muñecas favoritas y, al fin, volveremos otra vez a ser tres. 



sábado, 14 de noviembre de 2015

NEVERLAND

A mi pequeña adolescente

"¿Hasta cuándo, niña perdida,
implorarás cada noche el fulgor
de la Segunda Estrella a la Derecha?
Luciérnaga fascinada por la llama;
luz que a tu luz eclipsa"

Carmen Piqueras, "Nación del sueño"





Tú no lo sabes porque no tienes memoria. No recordar es como no haber vivido, como permanecer atrapada en el limbo de los inocentes. Tú lo eres: inocente, experta voladora en este cielo que compartimos, en esta vorágine que parece engullirnos y que nos devuelve a orillas ignotas en las que reconocernos es hacer un ejercicio de fe: tú eres mi hija y yo soy tu madre porque me lo recuerdan mis entrañas, los entuertos de mi vientre. 

Tú no lo sabes porque no tienes memoria. No recuerdas las noches en las que uno enfermaba y había que esperar al amanecer por no desatar el miedo amordazado en la madrugada con el grito desesperado del teléfono. No guardas la impotencia de cuando depositaba vuestros cuerpos dormidos en un carro de supermercado aparecido providencialmente por nuestro garaje, como si acabara de recogeros de un viejo contenedor. Nunca supiste que era tuya la promesa de una infancia feliz de cuando solo existías en mi pensamiento. 

Me pregunto qué seleccionará tu memoria para ese álbum particular de imágenes, palabras y olores que vamos construyendo con los recuerdos de la infancia. Tal vez mi tenacidad para no sucumbir al dolor, como en la fiesta de tu quinto cumpleaños a solo unas semanas de la muerte de tu padre. O quizá, la cara más amable de mi enfermedad, como cuando, los días de viento, vigilabais mi cabeza entre risas, convencidos de que mi peluca acabaría escapando por el cielo como un pájaro. 

Mi niña perdida, ojalá no recuerdes nunca el miedo y la soledad y el dolor de aquellos años. Ojalá y la rabia sin palabras no se quede pegada para siempre a tu garganta. Ojalá me perdones tantos momentos en los que queriendo ser Wendy, solo pude ser Campanilla. 

Mi niña perdida, con la mirada siempre puesta en aquella estrella que se extinguió para siempre. Solo tú sigues oteando el cielo convencida de que un día volverá. Mi pobre niña, se quebró la infancia de repente, sin aviso, como nos sorprende la vida casi siempre. Quizás algún día, al fin entiendas que no fui yo quien encendió la luz, que, como tú, también yo, desde entonces, sigo buscando el camino de regreso. 


domingo, 8 de noviembre de 2015

LLANTO Y MEMORIA


"Y no queda más remedio que llorar. Hay que llorar por las oscuras golondrinas, por el verano sin mar, por los cortocircuitos, por las zarzas azules, por los contenedores rotos, por los combates de boxeo, por el regreso a casa, por la rutina del lunes, por la prisa del viento, por la fruta podrida, por las alfombras persas, por el regreso de las lluvias, porque la luna está muy lejos, porque no pudo ser, por el color de las guerras, por la muerte en fascículos, porque cerraron los bares, por la vacuna del tétanos, por las pestañas perdidas, por el cansancio del mar, porque murió la tortuga (...)"

Raúl Vacas Polo "El llanto eléctrico"

E. Munch, "Mujer llorando"

Y no queda más remedio que llorar. Hay que llorar por el amor a destiempo, por el frío del invierno, por los hijos que no tuvimos, por las cucarachas, por los libros no devueltos, por lo que quedó en aquella mesa de quirófano, por las cartas sin remitente, porque nunca volveremos a ser los de entonces, por los baños en febrero, por el miedo al futuro, por los viejos billetes de metro, por la vida que sigue impasible, por las fotos sin dueño, por la soledad de los semáforos, por las promesas pendientes, por los proyectos huérfanos, por las cajas vacías de bombones, por la paz de aquellos días, por los elefantes que aún devoraremos, por el olor a café, por tu perro muerto, por nuestros fantasmas, por las mudanzas, por los silencios. Llorar, llorarme, llorarte, llorarlos... Pero me queda la memoria.

"La memoria se inventó para retener en nuestro corazón la belleza, para seguir alimentándolo en los tiempos grises. No importa lo anodino de la existencia, un destello de belleza basta para iluminar toda una vida"


Me queda la memoria de París, la memoria de saberme en casa, la memoria de la plenitud en Marrakech, la memoria de tu forma de partir las magdalenas, la memoria de los domingos frente al periódico, la memoria de aquellos veranos, la memoria de la inocencia, la memoria de tu voz, la memoria de volver a estrenar la vida, la memoria del miedo compartido, la memoria de la magia de los días laborables, la memoria de tu casa, la memoria de saber a dónde perteneces, la memoria de los tuyos, la memoria de los árboles del jardínla memoria de tus manos, la memoria de haber vivido. No importa lo perdido, no importa el dolor ni el tiempo, ni lo que aun  nos depare el destino: un solo destello de tanta belleza compartida bastará para iluminar toda una vida. 



viernes, 30 de octubre de 2015

NOVIEMBRE

"And ne forhtedon na"
(No temáis ya)

Palabras de J. Luis Borges en su tumba



Conozco esta sensación. La intuyo como el dolor de huesos que avisa puntual de la llegada de la lluvia. Al primer síntoma, procuro apretar el paso para llegar pronto. En el inestable equilibrio de un suelo que parece volverse agua, apenas acierto a aparcar el coche frente a la verja solitaria. Atravieso la cancela y, a tientas, agarrándome a los árboles para no pisar las grietas que avanzan como ríos impetuosos, llego hasta él. Me acurruco frente a su lápida, como cuando de niña quería alejar los miedos y, ya a salvo, me voy deshaciendo en agua, dejándome arrastrar hasta convertirme en río, hasta que mi ser entero se vuelve vapor y vuela detrás de nubes amenazadoras que acaban descargando con violencia, lamiendo las heridas de todo lo perdido. Entiendo al fin lo que significa cuidar a los muertos, limpiar una tumba, comprar unas flores... La pertenencia a la tierra, la conciencia de la finitud y la certeza de que unas palabras escritas sobre piedra perdurarán más allá de la mirada que puede reconocerse en ellas.


jueves, 29 de octubre de 2015

COPISTAS

A Gine, por su trabajo generoso


Fotograma de "El nombre de la rosa"

Monasterio de Vivarium, 10 de enero del 527 d. de C.


Me concentro en el relato. Trabajo a diario, desde que sale el sol hasta el ocaso. Cuando empieza a anochecer, mis ojos se nublan ante el resplandor de las velas porque las velas son enemigas de los libros. También intuyo el peligro de las ratas que acechan junto a los pergaminos, pero a esas las mantengo alejadas de mi preciado códice. Sé que, algún día, este libro ocupará un lugar privilegiado en alguna de las más prestigiosas bibliotecas. O quizás acabe en la faltriquera de cualquier mísero ladrón. No lo sé. Tampoco me importa ya mucho. Creo que he sido un hombre honrado, aunque la ambición cavó mi tumba.

Me había propuesto ganar el concurso anual de copistas e iluminadores que se venía celebrando a comienzo del primer mes lunar de cada año. De toda Europa acudían los mejores. Nos corroía el mismo pecado de soberbia y de autosuficiencia que acabaría con cada uno de nosotros: ni un borrón sobre la impoluta piel so pena de dejar manchado también nuestro nombre durante generaciones. Dediqué una semana entera a afilar las mejores de mis plumas. Preparé meticulosamente la tinta sepia y los pigmentos de carbón. Oré para pedir la serenidad de los santos. Pero, finalmente, mi ambición se rebeló contra mí. Solo los hombres que alguna vez han puesto precio su alma saben qué rápido crece la semilla de la ambición. 

Las esperanzas de muchos desgraciados estaban puestas en mí y en mi capacidad de hacerles ganar una apuesta que cada año generaba mayor expectación entre gentes de toda ralea. Dibujé la letra capital con esmero intentando en vano relajar la tensión de mis entumecidas manos y di comienzo al relato del capítulo más crucial de mi vida. Mis dedos empezaron a temblar con la sola mención de su nombre. El sudor de mis manos me obligaba a sujetar la pluma casi con violencia. El olor penetrante de la tinta me subía a la cabeza como el peor de los vinos que sirven en las tabernas. Embriagado con el veneno de su recuerdo, comencé a narrar sin pudor obviando el contenido del códice que se me había asignado. La luz a mi espalda empezaba a difuminarse y pese al riesgo, llegué a sujetar una vela con la mano derecha mientras con la izquierda trazaba aquellas líneas demoníacas que supondrían mi condena. Pese a todo, continué escribiendo, enfebrecido por un vigor que nunca había sentido a lo largo de una vida como copista de himnos litúrgicos y hagiografias de santos. 

Al terminar, firmé el códice con la confianza puesta en que todos vieran detrás de aquellas letras nada más que al copista; no en vano ningún autor soñaba aun con perdurar, con que su nombre pasara a la posteridad. Pero el mío quedó ligado para siempre a aquel manuscrito. Mi propia ambición y la denuncia de algún enemigo dieron con mis huesos en la cárcel acusado de prácticas demoníacas con aquella mujer. 

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Consejería de Educación. 10 de enero de 2015

Me concentro en el documento. Trabajo a diario desde que sale el sol hasta el ocaso. Cuando empieza a anochecer, mis ojos se nublan ante el resplandor de la pantalla porque el brillo excesivo es enemigo de mi concentración. También intuyo el peligro de los virus que acechan en los ordenadores, pero a esos los mantengo alejados de mi preciado documento. Sé que, algún día, este artículo ocupará un lugar privilegiado en la historia. O quizás acabe en el disco duro de cualquier mísero ladrón. No lo sé. Tampoco me importa ya mucho. Creo que he sido un hombre honrado, aunque la ambición cavó mi tumba.

Me había propuesto ganar el concurso anual al mejor gestor que se venía celebrando a comienzo del primer trimestre de cada curso. De toda Europa se presentaban los mejores. Nos corroía el mismo pecado de soberbia y de autosuficiencia que acabaría con cada uno de nosotros: ni un borrón en nuestro expediente so pena de dejar manchado también nuestro nombre durante generaciones. Dediqué una semana entera a preparar mis mejores enlaces. Elegí meticulosamente los márgenes y el tipo de letra. Hice una sesión de relajación para lograr la serenidad de los gurús. Pero, finalmente, mi ambición se rebeló contra mí. Solo los hombres que alguna vez han puesto precio su alma saben qué rápido crece la semilla de la ambición. 

Las esperanzas de muchos desgraciados estaban puestas en mí y en mi capacidad de hacerles entender una ley que llevaba meses generando expectación entre docentes de todos los centros. Marqué los estándares con esmero intentando en vano relajar la tensión de mis entumecidas manos y di comienzo al trabajo más crucial de mi vida. Mis dedos empezaron a temblar. El sudor de mis manos me obligaba a sujetar el ratón casi con violencia. El olor penetrante de la torre me subía a la cabeza como el peor de los vinos que sirven en las tabernas. Embriagado con el veneno de la ambición, comencé a cortar y pegar sin pudor reproduciendo una y otra vez el contenido del documento que se me había asignado. La luz a mi espalda empezaba a difuminarse y pese al riesgo, llegué a introducir un lápiz de memoria con todas las rúbricas en aquel puerto, lo que supondría mi condena. Pese a todo, continué escribiendo, enfebrecido por un vigor que nunca había sentido a lo largo de una vida en las aulas.

Al terminar, firmé el documento con la confianza puesta en que nadie viera detrás de aquellas letras al ejecutor de la LOMCE; no en vano ningún autor soñaba con que su nombre pasara a la posteridad unido a una ley tan polémica como esta. Pero el mío quedó ligado para siempre a aquel documento. Mi propia ambición y la denuncia de algún compañero dieron con mis huesos en la calle acusado de uno de los mayores despropósitos de nuestra historia. 

lunes, 26 de octubre de 2015

CIELOS E INFIERNOS

"Nombro a quienes irán al Infierno: (...)
los profesores de matemáticas, (...)
los contables y los boticarios (...)
los que madrugan 
sin necesidad.

En cambio van al Paraíso (...)
los niños, naturalmente, 
los caballos y los enamorados (...)
los del primer tranvía de la mañana
que bajo la bufanda bostezan (...)"

Primo Levi


E. Munch, "Bajo las estrellas"



Sin acritud, sin ánimo de insultar, sin rencor, sin ser de los que tiran la piedra y esconden el brazo, también esta noche de insomnio quiero yo nombrar a los que irán al Infierno, a los que ya forman parte de mi infierno:

Los ideólogos de la LOMCE, sin dudarlo.
Los abogados y los psicólogos, algunos.
Las mujeres perfectas
que son un insulto para las de verdad.
Los que trafican con besos.
Los jugadores.
Tú, seguro.
Y a ratos espero
Que yo 
jamás.

En cambio van al Paraíso:
los médicos, naturalmente.
Los suicidas y los locos.
Los huérfanos de padre y de madre
Y también los huérfanos de Dios.
Las enfermas y sus enfermeros.
Los artistas y los poetas. 
Tú, seguro.
Y a ratos espero 
que yo 
también. 




jueves, 22 de octubre de 2015

ORFEO Y EURÍDICE


"Y cuando ante la muerte,
con todas mis fuerzas grité,
que aún no había terminado,
que aún tenía mucho por hacer,
fue porque estabas conmigo,
a mi lado, como ahora,
un hombre y una mujer bajo el sol.
Regresé porque estabas tú"

Primo Levi, "A una hora incierta"


"Music", Matisse



Hombres sencillos cuentan las losas grises que los separan de la puerta verde que engulló a sus mujeres. Aguardan resignados en estrechos pasillos. Llevan esperando semanas, meses, algunos tantos años que perdieron la cuenta. No saben dar razones de su esperanza. Quizás han olvidado por qué esperan. Tal vez permanezcan en aquella sala porque no tienen ya un sitio a donde ir. A lo lejos se escuchan nombres de mujeres que nunca son las suyas. Engañan al tiempo con una música que ya nadie parece escuchar. Al fin, ella sale arrastrando los pies, con el cuerpo entumecido por la postura, desprendiendo un olor a azufre como si saliera del mismo infierno. Pese al pañuelo, pese al color de la piel, pese a la delgadez extrema, él podría reconocerla incluso con los ojos cerrados. Se sonríen con la mirada cómplice de la que solo sabe quien ha compartido el dolor. Él se adelanta, tal vez para recoger el coche. Atraviesa la sala de espera de medicina nuclear con el paso decidido del que sabe que no será la última vez que tenga que descender hasta los infiernos.




jueves, 15 de octubre de 2015


REFLEXIONES VIRTUALES


Añadir “mucho” al “te quiero”, más que una cuantificación matemática de nuestro querer, es una declaración de intenciones; más que una medida del amor, es el reconocimiento indigente de un amor sin medida, inmensurable, sin límites, siempre provisional en tanto que siempre perfectible. Solo en los libros, las películas y nuestras fantasías es el amor desnudo, absoluto y sin adverbios.

J.A Murcia, "Prohibido decir te quiero"




Esta noche, pese al cansancio de estos días cargados de reuniones interminables, no he podido ceder a la tentación de sentarme frente al ordenador y escribirle unas palabras a JAM. Asisto con emoción mal disimulada al comienzo de una bella historia de amor, porque no puede definirse de otra manera su relación apasionada y apasionante con las palabras. Recuerdo la primera vez que lo escuché hablar en público: no parpadeé durante los cuarenta minutos de su intervención. Él representaba el mayor exponente del arte de la Retórica, lo que los clásicos definían como el "ars bene dicendi": la técnica de expresarse de manera adecuada para lograr la persuasión del destinatario. A mí y al resto de los que estábamos en aquella sala no solo nos persuadió sino que nos sedujo y nos enamoró a través de la palabra. Por eso, cuando la vida lo alejó de la docencia y del estudio pensé que nos quedábamos un poco huérfanos sin sus reflexiones. Afortunadamente, la valentía de saber decir no a tiempo a un trabajo imposible de conciliar con la vida nos permite hoy recuperar la posibilidad de dejarnos llevar de su mano y estrenar estas "reflexiones virtuales", este espacio para detenernos, escucharnos, sentir y experimentar nuestro propio aburrimiento, acaso nuestra insondable soledad, porque quizá " solo entonces será posible encender la luz de todos los caminos y pintarle los labios al sol"

Así sea.


domingo, 11 de octubre de 2015

DOS POR UNO


"Llueve. 
La vida huye y nos deja
la eterna soledad de las estatuas"

M. Sánchez Robles, "Treinta maneras de mirar la lluvia"




Hoy necesitaba pensar. Habría preferido un paseo por el monte pero los telediarios llevaban varios días  amenazando con lluvias. Por el miedo al agua o tal vez a la soledad, he preferido perderme entre escaparates que anuncian las tendencias de temporada. Mis manos han examinado el tacto de la lana que parece envolvernos un invierno más, mientras mi cabeza vagaba a kilómetros de las voces que gritan por megafonía la oferta del día. Desde fuera, creo que parecía un náufrago boqueando por encontrar una orilla en la que arribar. Ni siquiera la sección de librería, que siempre calma mis zozobras, ha conseguido poner un poco de orden en mis deslavazados propósitos. 

A la entrada de cada tienda he ido tropezando con rostros más desvalidos que el mío, detenidos ante maniquíes a los que parecían interrogar con la mirada; ávidos de escuchar, aunque fuera la monocorde voz de la cajera que se despide con una sonrisa demasiado forzada. Es la misma soledad que en vano intentan ocultar los cartones de los bingos. La que cae tras las monedas de las máquinas tragaperras. La que traspasa la línea de ciertos teléfonos siempre apagados o fuera de cobertura. La del que come solo en mesas para dos. Porque quizá sea cierto que, en contra de todo pronóstico, con esto de la soledad, las cuentas nunca salen y algunos días que amenazan lluvia duelen las vidas de los que, confundidos por el neón, pagaron dos y llevaron uno. 


martes, 6 de octubre de 2015

OTRO

"Nacemos agarrados a un dolor que salva y sostiene"

J. L. Clariond 





Un luto sobre otro. Como viejas capas de pintura, una sobre otra... sin otra posibilidad de sobrevivir a la vida, sin otra posibilidad de sobrevivir a la muerte y al dolor. 





domingo, 27 de septiembre de 2015

ÚLTIMAS VOLUNTADES


"He aquí la vejez (...)
Desear ese morir incorregible y dulce, patrimonio de las
bestias, que se rinden derrotadas sobre el musgo fresco
para convertir su carne en rama, y su sangre en viento"

María Ferreira

Wynn Bullock

Quizá sea cierto que la muerte, como el amor, se reduce a una simple cuestión de voluntad: querer vivir, querer querer. Y cuando se quiebra la voluntad, solo queda una agónica espera hasta que llega el fin. No somos dueños de la vida como no lo somos del amor. Nuestra única moneda de cambio es la voluntad. La suya se quebró el viernes. Tomó unas pastillas y se despidió de ella con un beso. Dos días después quedaban zanjados estos meses de sufrimiento, esta lenta y cruel mengua de sus facultades. No sé si héroe o cobarde, llegó hasta donde le permitió su voluntad; ni un solo paso más.

Después, el lento revivir de la despiadada mecánica de la muerte: el médico que certifica la defunción, la empresa de decesos, los llantos desconsolados... Llegar a casa e intentar explicarle a mis hijos la muerte de su abuelo. Una muerte que convoca a otra y el dolor que se abre paso por antiguos cauces. Más tarde, el tanatorio con sus códigos particulares: los pésames, los recuerdos compartidos, el desgarro que se intensifica a cada visita, el aturdimiento, la amnesia... Y al día siguiente, cada uno a su casa a rumiar su dolor. Aunque solo para ella sobrevivir vuelve a ser, ahora más que nunca, una cuestión de voluntad: la voluntad de querer vivir; la voluntad, pese al dolor, de querer querer. 

Así sea.



sábado, 26 de septiembre de 2015

SE VENDE


"Pronto tendré que desmontar mi casa
y hacer con estos libros mis maletas.
Dónde acabaremos esta vez
y a qué nuevos dolores habrá que acostumbrarse"

Cristina Morano


Laurent Chehere 



Mi casa se convirtió una mañana de diciembre en un lugar extraño que cobraba vida a mis espaladas. Intenté mover muebles para ver si arrastraba la tristeza, pintar habitaciones por si disfrazaba la soledad, sacudir las alfombras con el vano deseo de ahuyentar el miedo. Pero no fue posible aguantar las tropelías de tanto desconocido campando por mi casa como si yo fuese la invitada. Los he soportado durante ocho largos años. Los he alimentado a diario, los he bañado, les he leído cuentos. Conozco de memoria sus amores y sus desamores. Más de una noche la he pasado junto a su cama aguantando los hipidos y los llantos con los que juraban olvidar. Pero, al fin, he firmado mi rendición colgando el letrero de "se vende". La inmobiliaria me sugiere que añadamos: "casa con fantasmas"; me aseguran que hoy día son un buen reclamo. Pero yo no sé qué hacer con ellos después de tanto tiempo. Hay ratos en los que, ya casi a punto de cerrar una de las cajas con los libros de la mudanza, vuelvo la cabeza el tiempo suficiente hasta notar que, de un salto, un buen grupo  ha conseguido acomodarse justo al fondo, dispuestos también a no desperdiciar esta nueva y, tal vez, última oportunidad. 




domingo, 20 de septiembre de 2015

PROMESAS DE SEPTIEMBRE


"Es verdad, el amor solo debería estar permitido desde enero hasta agosto. Septiembre inicia los meses sin nombre, identidad prestada de una mera sucesión numérica (...) El amor no sabe de números; deberíamos reservarlo a los fríos de enero, a la lluvia de abril o a las noches de agosto. Pero claro, “así es el amor, aunque sea septiembre”.

José Antonio Murcia



Flora Borsi


Prometo acordarme de regar los sueños. Sacrificar los miedos. Abrir la ventana para recoger las estrellas caídas en la noche.

Prometo hacer declaraciones de amor frente a los escaparates. Buscar tesoros escondidos. Contemplar atardeceres en silencio.

Prometo coleccionar abrazos. Forrar el corazón como los libros. Firmar ciertos contratos sin avales.

Prometo tejer bufandas en verano. Esperar a los Reyes todo el año. Abrir la jaula a los leones.  

Prometo quererme bien. Dar saltos en la cama de la infancia. Poner en orden mis fantasmas.

Prometo nadar contracorriente. Traficar con poemas en las esquinas. Gritar tu nombre si me aprieta el miedo.

Prometo volver a creer en el polvo de hadas. Cruzar los dedos cuando sueño. Juntar los trozos del pasado.

Prometo poner en hilera nuestras letras. Sacarle lustro a los recuerdos. Tentar tu suerte cada día.


Prometo ser feliz. Ser feliz. Feliz. 



viernes, 18 de septiembre de 2015

RECONQUISTAS




Cojo la tiza y anoto en la pizarra: primer enigma, el enigma del collar; segundo enigma, el enigma del tatuaje; tercer enigma y les entrego apenas un papelillo con el siguiente texto:

"Canta, oh diosa, no solo la cólera de Aquiles sino cómo al principio creó Dios los cielos y la tierra y cómo luego, durante más de mil noches, alguien contó la historia abreviada del hombre, y así supimos que a mitad del andar de la vida uno despertó una mañana convertido en un enorme insecto, otro probó una magdalena y recuperó de golpe el paraíso de la infancia, otro dudó ante la calavera, otro se proclamó melibeo, otro lloró las prendas mal halladas, otro quedó ciego tras las nupcias, otro soñó despierto y otro nació y murió en un lugar de cuyo nombre no me acuerdo. Y canta, oh diosa, con tu canto general, a la ballena blanca, a la noche oscura, al arpa en el rincón, a los cráneos privilegiados, al olmo seco, a la dulce Rita de los andes, a las ilusiones perdidas, y al verde viento y las sirenas y a sí mismo"

Luis Landero 

Me miran con ojos hipnotizados mientras paseo por las mesas mostrándoles orgullosa el collar con el ojo de Horus y el dibujo en mi muñeca de El principito. Al principio tímidamente y después ya sin ningún reparo, miran el colgante, tocan, preguntan sobre la autenticidad del tatuaje. Una semana para resolver los tres enigmas. Una excusa para asegurarles que la literatura les cambiará la percepción del mundo, de ellos mismos, de todo lo que a partir de ese momento les suceda. Releen el texto de Luis Landero y, asombrados, descubren que saben más de literatura de lo que ellos creen, empiezan a descubrir las obras con las que van tropezando en cada línea. Soy feliz, vuelvo a disfrutar de mi ancestral oficio de encantadora de serpientes. La música ha empezado a sonar y algunos inclinan su cabeza en señal de respeto. 

Salgo del aula pisando firme sobre unos tacones en los que apenas me sostengo. Reconquisto en cada tramo los escombros de mis posesiones. No importa que todo esté por empezar y que a mi espalda aun huela a quemado. Quizá este tiempo haya sido necesario para que el suelo calcinado por la contienda recupere parte de la vida de antaño, cuando aún éramos inocentes y creíamos en las infinitas posibilidades con que el futuro nos tentaba. 

Como una pesada losa, cae sobre mí todo lo que aun me queda por reconquistar. Suspiro acallando la añoranza del deseo, el anhelo de la antigua vida que bullía por mis venas. No soy la misma, pero sigo conservando la vieja obstinación de seguir pese a todo lo perdido. Miro hacia adelante y aprieto el paso: doy por bueno el precio pagado por vivir. 


jueves, 17 de septiembre de 2015

EVA


"Es duro
muy duro.
Como acampar a las puertas del paraíso
y mirar día tras día
su resplandor inasequible
a través de una ranura"

Javier Moreno

Refugiados sirios cruzan una alambrada para entrar en Hungría, cerca de Roszke


Caen las fronteras como fichas de dominó mientras la vieja Europa intenta contener los muros que la separan de la miseria y de la guerra. El miedo levanta alambradas para desalentar a las hordas que reclaman su porción de tierra prometida. Y mientras el mundo gime desmoronándose lentamente frente a las puertas del paraíso, nosotros seguimos aventando la frustración de tener que seguir defendiendo nuestro sueños. —Aquí  no hay sitio —decimos desde el otro lado a los que golpean nuestras puertas, y volvemos la vista a la letra de nuestra hipoteca, al colegio de nuestros hijos y a la monotonía de nuestras vidas. A ratos, cuando la serpiente no mira, yo sé que, arrepentida de dejarlos caer en la mentira de la tentación, escondes a su vista la suculenta manzana del bien y del mal.  




martes, 8 de septiembre de 2015

LA VENTANA INDISCRETA



"El templo sagrado de las palabras ha sido tomado por la
mezcla íntima
del óxido y la tizne,
si lo piensas,
lo único que hemos aprendido los peces con ojos de
hombres es a vivir arrastrados por el palangre de
nuestro sustento"

Javier Pérez Walias

"Vecindario" de Carmen Camacho


El olor a comida de las funcionarias pluriempleadas se filtra por las ventanas que dan al patio de luces. Los conjuntos básicos de colores monocordes que tiende la vecina soltera se tiñen de encajes y transparencias luminosas que auguran tórridas noches de fin de semana y mañanas enmudecidas de domingo. Las discusiones de los vecinos del tercero que paralizan por instantes el ritmo rutinario del inmueble hasta que el llanto de un niño nos devuelve a nuestros ruidos cotidianos para acallar tal vez nuestras conciencias. La puerta del garaje que grita con su ruido delator las continuas infidelidades del vecino del primero. La respiración contenida en el breve trayecto compartido con el vecino alcohólico del quinto. Los ruidos de la televisión de las abuelas del cuarto que acallan el denso sonido de la soledad. Las vidas de unos y de otros se confunden en este trajín cotidiano que contempla hipnotizado el poeta minutos antes de que el timbre de la fábrica lo convierta en un eslabón más de una cadena que no debe parar. 



lunes, 7 de septiembre de 2015

CAÍDAS

A Gine

"Abre los ojos,
es tan ciega la muerte que el temor te confunde.
Abre los ojos,
búscame ahora en medio de este océano,
voy a agarrarte fuerte con mis brazos,
siente cómo te aprieto,
busquemos nuestra orilla,
el mar no ha dibujado nuestros nombres,
es hoy, no somos el pasado,
es salado el sudor,
es la espuma del mar contra las rocas
este miedo en tus labios.

Nos espera la vida"

Valverde, F:  "La caída" de Los ojos del pelícano



Los pelícanos planean hasta avistar su presa y de repente se dejan caer en picado. El golpe contra el agua es brutal y siempre salen con el pez en el pico. Esa perfección milimétrica de su caza esconde una tragedia enorme: de tanto golpear su rostro contra el océano muchos pelícanos mueren ciegos, perdidos en el horizonte. (Darío Jaramillo)

Esta tarde de septiembre en la que ha vuelto a salir el sol pienso en la vida de tu madre y con ella, también en la vida de mi madre, en la vida de todas las madres. La imagino en sus miles de planeos sobre el agua en esa precisión milimétrica de la que solo ellas conocen el secreto. La pienso ya, al final de sus días, con esos ojos ciegos de tanto golpear su rostro contra el océano. Vienen a mi memoria cada uno de esos lunes en los que tú llegabas abatida, desesperanzada al verla perdida en el horizonte, cansada de tanto alargar tu mano inútilmente para comprobar un fin de semana más que el olvido estaba ganándote la partida.

Y pese a que presentías su muerte casi a diario, la noticia definitiva fue un mazazo para el que no podías estar preparada, para el que no servía el mísero consuelo de pensar que dejará de sufrir. La orfandad abre heridas insondables. Pero estoy segura de que la fragilidad y la debilidad bajo la que se escondía los últimos meses fueron el preludio de ese largo y último vuelo en el que, tengo la certeza, pudo despedirse de todo lo que un día amó con tanta pasión.  

"Hay tanta dignidad en el vacío,
tanto amor en sus vuelos,
que en el último instante escogen el silencio.
Sólo queda
el golpe de sus cuerpos contra el agua
como un rumor de viento imperceptible"

Sit tibi terra levis 



domingo, 30 de agosto de 2015

VERANOS


(...) Las cosas
que siempre son más bellas
cuando están a punto de acabar"

Andrea Cote Botero



Joaquín Sorolla

La playa es el campo de estudio idóneo para sociólogos advenedizos. Un buen lugar donde empezar las primeras prácticas. Nada hay más enriquecedor que un buen paseo por la orilla del mar para percatarse de lo variopintos que somos los humanos, máxime cuando vivimos en pareja. 

Mi teoría, no sé si confirmada por algún sociólogo, es que la mayoría de las parejas se parecen mucho y las que no, acaban por parecerse. Véase la pareja que se toma un aperitivo a la orilla del mar: allí están los dos cuerpos orondos  bebiendo cerveza y engullendo patatas y panchitos. Los mismos que, a la vuelta de tu paseo una hora después, están dando cuenta de un buen bocata de jamón. Se les ve felices en esa compenetración, en ese abandono desenfrenado a los placeres de la carne, aunque en este caso sea de cerdo. 

Pero no hay que olvidar que mientras tú das ese paseo diario con la loable intención de tomar muestras de campo para tu estudio, otra pareja, equipada con un moderno conjunto de "runing" con tonos fosforitos adecuadamente combinados, luce idénticos cuerpos trabajados en perfecta simbiosis. Tan bellos y naturales en su carrera que no puedes evitar volver la vista con descaro y envidia mal disimulados.  

Pero los calores del verano y, especialmente, los largos e intensos días de convivencia traen a la playa a otra especie típica de este hábitat:  la pareja a la que le falta playa para salir huyendo uno de otro y que, sin embargo, por no romper la rutina, sale a dar su paseo mañanero. Sus caras adustas y congeladas pese a los cuarenta grados de rigor, su silencio mal disimulado detrás de las miradas contemplativas, sus pasos desacompasados, sus insultos desproporcionados a las piedras del camino... Nada, ni la flamante casa recién comprada, ni las cervezas en el chiringuito con amigos, ni la promesa de lucir sus cuerpos bronceados en septiembre puede resarcirlos de ese idéntico amargor que han ido acumulando en sucesivas capas de convivencia intensiva verano tras verano.

Y, el último caso constatado, por no ser más prolijos, es la pareja de la adolescencia con la que, veinte años después, te tropiezas en la playa y en la que solo reconoces una voz que parece que se cambió de cuerpo. Ella, tan alta y delgada; él tan bajito y regordete, "el tonelete" lo llamaban los amigos; y, como un efectista truco de magia, los años los han ido asemejando de una forma tan milagrosa que casi parecen hermanos: las mismas barrigas redondas, idénticos sombreros chinescos,  armónicas voces cantarinas...

En fin, dejo aquí mi estudio de campo a la espera de otros veranos que traigan a nuestras playas especímenes acaso más extraños que nos devuelvan generosamente la ilusión de que los únicos normales en este batiburrillo veraniego somos nosotros.  


sábado, 29 de agosto de 2015

HILOS CONDUCTORES


"Ahora ya sé que pasé por tu vida
como pasan los ríos debajo de los puentes (...)
con la trivialidad desdibujada
de las pequeñas cosas que parecen eternas.

Es difícil saber
que la belleza abrupta del vivir cotidiano
tan desinteresada de sí misma
nacida sin clamor ni pretensiones
es en esencia tan mágica y rotunda
que resulta imposible de imitar a propósito" 

Raquel Lanseros


Monasterio Santa Ana, Jumilla


Me dueles como una herida sin anestesia. Como la última pieza perdida de un puzle interminable. Como el temblor que produce el vacío de las cosas que creímos eternas. 

Te llevas el recuerdo compartido de lo que ya no existe. Las certezas que me asisten solo porque en ti las creo. La casa a la que siempre supe que podría volver. El mapa del tesoro que buscamos juntos durante tantos años.  

Me quedo con tus gestos cotidianos que convertían en rito nuestros encuentros: tu forma de mover el café, tus sandalias en invierno, tus silencios cómplices.  Me quedo con lo mejor de mi misma, que siempre estará en deuda contigo. Con el misterio de tu ser irreemplazable. 

No puedo ocultar que me niego a perder. Que aún no he aprendido a aceptar el orden cambiable de las cosas. Que me asusta sentir que somos prescindibles. Y que ya no me sirve la promesa del recuerdo. 

Hace mucho descubrí la conveniencia de colgar, cuando así se siente, el cartel de cerrado, hasta que el cuerpo se acostumbre al dolor de los hilos que a veces tensa la distancia, como el gemido de las jarcias mientras se extienden las velas que anuncian otras tierras. 

Buen viaje, Antonio.