miércoles, 29 de octubre de 2014

SALA DE INYECTADOS


"Pues el manicomio. Sin duda es el edificio más adecuado, porque aparte de estar rodeado de una tapia en todo su perímetro, tiene la ventaja de que se compone de dos alas, una que destinaremos a los ciegos propiamente dichos, y otra para los contaminados, aparte de un cuerpo central que servirá, por así decir, de tierra de nadie, por donde los que se queden ciegos podrán pasar hasta juntarse a los que ya lo están"



Eduardo Arroyo


Los inyectados son muchos, todos mayores. Me ofrecen una silla en un gesto de solidaridad como el que seguramente compartían los apestados cuando en la Edad Media se encontraban por aquellos caminos polvorientos. Ahora no llevamos campanilla, pero nos dejan encerrados en la sala de inyectados mientras esperamos que el líquido radioactivo se disperse rápido a través de las venas castigadas por la quimioterapia. Las conversaciones de la sala de enfrente me invaden con más rapidez que el contraste que me acaban de administrar. Intento no escucharlas. A mí me arde la garganta mientras pienso en Jorge y en Belén ¿qué haré con ellos? La enfermera me advierte que procure mantenerme durante 24 horas al menos, a una distancia de metro y medio. Esta noche volveremos a las cartas bajo la puerta y a los susurros a través de los tabiques.

Tumbarme en el silencio de aquella habitación sobre aquella sábana blanca es un descanso para mi castigado cerebro. Al fin me llaman, justo cuando estaba a punto de entrar y pedirles a gritos que dejaran de radiar sus miserias, que no me importaban los hermanos que se les habían muerto, ni los sobrinos que tenían con cáncer, ni los detalles más escabrosos acerca de los efectos de la quimioterapia, ni siquiera las zonas en las que no les ha vuelto a crecer el vello. Intento estar quieta, ser una niña buena y no mover ni un solo músculo mientras la máquina rastrea sobre mi cuerpo. Cierro los ojos por no ver cómo pasa a pocos centímetros de mi cara. Se detiene sobre mi cráneo y yo aprieto aún más los ojos, temo que la máquina pase tan cerca que me estalle la cabeza y todos mis pensamientos salpiquen la inmaculada habitación. Intento dejar mi mente en blanco pero la imagen de mis huesos ocupa todo mi pensamiento: huesos gigantescos, con formas monstruosas... y de repente, un rápido fogonazo, no puedo dejar de pensar en los suyos: "Médulas que han gloriosamente ardido/ Serán ceniza, más tendrán sentido/ Polvo serán, mas polvo enamorado"... creo que se me están escapando unas lágrimas y no puedo moverme, tengo que seguir quieta hasta que acabe el rastreo, hasta que me digan, puedes irte y como Lázaro me levante y ande y despierte, agradecida, una vez más a la vida.


martes, 28 de octubre de 2014

RECETA PARA ENAMORAR EN HALLOWEEN




Ingredientes: 
800 gramos de tira y otros tantos (a ojo) de afloja
kilo y medio de paciencia
un vaso de prudencia
una pizca de intriga
unas gotas de seducción concentrada
un espolvoreado de suerte de la buena





Preparación:
La primera parte será la más compleja. Habrá que ir echando progresivamente los tira y los afloja. La dificultad estriba en amasarlos muy bien, sin que se produzcan esos grumos tan desagradables que provoca la falta de medida con uno u otro ingrediente. Aquí será la pericia del cocinero la que determine el punto exacto de tensión. A continuación, habrá que ir añadiendo poco a poco el kilo y medio de paciencia, que aunque parezca mucha al principio, veremos como siempre queda escasa. Una vez que se ha conseguido una masa homogénea, habrá que añadir una pizca de intriga y unas gotas de seducción concentrada; esta última tiene que ser de la mayor calidad posible. Para terminar, se regará con un vaso de prudencia, un ingrediente esencial que algunos olvidan añadir y que puede estropear todo el trabajo realizado si comentamos el nombre de la receta antes de que esté terminada. El resultado es una masa tierna y muy pegajosa. La cocción consistirá en un horneado a fuego fuerte al principio teniendo después que bajar la temperatura si no queremos que se queme; esto siempre dependerá de la potencia y el tipo de horno que tengamos. Finalmente, lo serviremos en una bandeja sobre la que habremos espolvoreado una buena capa de suerte de la buena. 
Advertencia: se aconseja no degustar la misma noche recetas de distinta procedencia, pueden generar malas digestiones.


domingo, 26 de octubre de 2014

MICRORRELATO

"Contra el sol del crepúsculo transparento mi muerte"

José Luis Hidalgo


Fragmento del cuadro "El lector" de Ferdinand Hodler



Hay que administrar el sufrimiento. Y acostumbrarse a guardar un poco -solía siempre decir mi madre- para cuando lleguen las vacas flacas. Hay que evitar esos derroches innecesarios ante nimios contratiempos como un autobús que se escapa  o una mancha en tu traje preferido. Lo mejor, dicen siempre los más precavidos, es un buen plan de inversión de esos que puedes cobrar de golpe en caso de reveses de última hora.  Porque nunca se sabe, hoy gozas de una salud de hierro y al día siguiente estás criando malvas. Yo ya tengo un buen pellizco de tristeza a buen recaudo: una especie de paraíso fiscal de esos que se oyen en el telediario, igual, pero con la tristeza. Mi trabajo me ha costado: muchas lágrimas tragadas, muchos dramas mal disimulados, como cuando mi mujer le daba la vuelta a los cuellos de la camisa para esconder nuestra pobreza. Pobres pero dignos. Pero, claro, aquellos eran otros tiempos. Uno se hace a todo. Los que hemos vivido tanto es difícil que nos dejemos sorprender. El sufrimiento es siempre el mismo, decía mi madre: el miedo a morirnos, lo demás son sucedáneos. Y ya ves, a mí se me han ido muriendo todos y ya solo quedo yo. Por eso me da tanta tristeza volver al pueblo: no queda ni uno solo de los míos. Los hijos de mis amigos me saludan con una mezcla de envidia y de incredulidad y le cuentan a sus hijos con voz entrecortada que yo era amigo de su abuelo. Ellos me escuchan como el que mira un libro escrito en chino: absortos durante los dos primeros minutos de la historia que yo he aprovechado para ir desenredando en mi prodigiosa memoria de esos años y, al poco, les están dando tirones a sus padres en el pantalón sin ningún disimulo. Pero también a eso se hace el corazón. ¿Quien me iba a decir a mí, con todo lo que llevo a mis espaldas, que acabaría sobreviviendo a todos? Al final, qué bien he hecho en guardar ese pequeño rincón de sufrimiento: seguro que podré tener un entierro como los que dios manda, con sus mujeres llorosas en un rincón del cementerio y quizá hasta me alcance para algún grito desgarrado en ese momento que a mí me parece siempre el clímax de todo entierro digno: ese en el que la caja golpea contra la tierra. Porque eso sí, yo quiero tener un entierro de los de toda la vida: con su caja, su nicho y sus crisantemos, que han sido siempre mis flores favoritas. Y por eso he venido aquí, mire usted, porque quiero dejarlo por escrito, porque a pesar de que les hablo a mis hijos una y otra vez de ese rincón donde tengo guardados mis pobres ahorros de tristeza, ellos asienten, pero yo sé que me dan la razón como se les da a los viejos locos a los que se les perdona todo, incluso esos delirios de grandeza del que sabe que, en el fondo, no tiene ya ni donde caerse muerto.


sábado, 25 de octubre de 2014

MICRORRELATO

"Se vive solamente una vez,
hay que aprender a querer y a vivir
cuando no es tarde aún para creer
propicio el día venidero"

Manuel Vázquez Montabán


Mark Cohen



Estaba convencido de que la vejez no tiene retorno. Y aunque había crecido con el "Leet it be" como bandera, hacía mucho que había dejado de soñar despierto. Guardaba un secreto que, tras años de encierro, se había vuelto peligroso y triste como algunas mentiras. Una mañana al levantarse, encontró un nombre de mujer escrito en la pared del baño, cartas sin membrete esparcidas por la casa y poemas de amor en los buzones. Pese al miedo que le subía por la garganta, abrió la ventana y gritó tan alto que la ciudad entera se paralizó y el mundo contuvo el aliento: ¡Sofía! Por un instante, se detuvo el tráfico, las fábricas dejaron de vomitar su humo blanco, los colegios cerraron sus puertas y todos, salvo Sofía, se volvieron esperando que el cielo se quebrara en dos. Pero no pasó nada. Sofía continuó su paso con el digno caminar de los fantasmas y cuando su imagen se desvaneció al final de la calle, la ciudad entera recuperó su  trajín cotidiano, indiferente a un clamor que llegaba con varias vidas de retaso. 


lunes, 20 de octubre de 2014

BLANCO


"Cuando el cuerpo nos vuelve hacia sus cauces"

Jaime Gil de Biedma


Lucio Fontana



Supongo que habrían sido perdonables unos minutos de histeria en aquella sala de la que cuelga el cartel de: "histeroscopia" y donde las mujeres, al abrir las piernas, dejan caer sus miedos como hijos paridos a destiempo. Supongo que con lo que no contaban era con mi silencio, con esta terrible sumisión como de animal herido que se abandona a su destino. Las enfermeras me preguntaban por el dolor, pero yo solo pensaba en las salas blancas, tan blancas como el vestido de las novias; en las paredes blancas como las palomas que portan mensajes de paz; en los interminables pasillos blancos de la zona blanca donde he ido arrastrando mi miedo como el que tira de un pesado fardo que abandona en la cuneta de cualquier carretera dispuesto a estrenar una nueva vida.



domingo, 19 de octubre de 2014

DEFENSAS BAJAS


"Ay, el amor del jubilado que levanta en el aire de la playa sus castillos. El amor del que jamás espera. El amor platónico del náufrago. El amor sin pruebas del culpable. O el amor a secas"

Raúl Vacas

Los médicos coincidían una temporada más en que todo se reducía a un problema ocasionado por las defensas. La analítica atestiguaba que las suyas estaban tan bajas que solo aquello podría explicar que ella, tan sana como una manzana, se dejara enamorar por él, más feliz que una perdiz. Pese a todos los remedios, transcurrió aquel frío invierno recaída tras recaída, hasta que la llegada de la primavera con sus aires nuevos la inmunizó temporalmente contra ese virus altamente contagioso que afecta a la razón y al entendimiento y amenaza convertirse en la verdadera pandemia de este siglo.



jueves, 16 de octubre de 2014

"PIENSO, LUEGO EXISTO"




Man Ray, Piscis. La mujer y su pez, 1938


Los carros en las colas de los supermercados 
desnudan las miserias cotidianas

Los alumnos, tatuados de fracasos, 
evidencian la ruina de un sistema. 

Los perros pasean por los jardines  
la soledad cetrina de sus dueños.  

Los mendigos de todas las esquinas 
manchan nuestra conciencia con su mugre. 

Las salas de espera de los ambulatorios
convertidas en los parientes pobres
de las de los aeropuertos.

La misma piedra 
la que nos hace tropezar dos veces: 
la certeza de la muerte 
en una cita a ciegas con la vida.



domingo, 12 de octubre de 2014

MATRIOSKAS


A Felipe, que me regaló la primera


"El secreto de la poesía pertenece
más al náufrago que al navegante"

Julia Otxoa


Lara Pintos

Desde que tengo uso de razón me gustan las metáforas. Me seduce el juego infinito de nombrar ciertas realidades utilizando términos imaginarios: la construcción de un lenguaje extremadamente potente que dota de poder a quien sabe usarlo. Otras veces, me sirvo de imágenes en este proceso tan fértil de reflejar mi complejo discurso en superficies diferentes a las de las huidizas palabras. Quizá por eso me gustan tanto los elefantes. Los tengo a todos reunidos en una caja que amenaza con una pronta rebelión por sobrepoblación. Junto a ellos, un nuevo inquilino, desde hace unos meses, empieza a ocuparar los pocos espacios libres de mi habitación: las matrioskas.

Su proceso de construcción es delicado: las matrioskas suelen estar hechas de madera de tilo dada su ligereza y su textura. Los árboles son talados por el mes de abril y deben ser procesados durante al menos dos años. Todas las piezas de una matrioska se deben construir a partir del mismo bloque de madera ya que cada uno de ellos posee determinadas características que lo hace único. Este proceso de fabricación artesanal unido a este bello cuento que leí del poeta búlgaro Dimiter Inkiow las dota de magia inigualable. Dice así:

Un carpintero ruso llamado Serguei crea a partir de un trozo de madera espléndido una muñeca a la que decide llamar Matrioska. Un día, la muñeca le confiesa su soledad y su necesidad de tener hijos. Serguei le explica que tendrá que abrirla y sacar madera de ella y le advierte de lo doloroso que resultará el proceso. Ella accede y el carpintero  talla una réplica más pequeña a la que llamó Trioska. Pero el instinto maternal se apoderó también de Trioska y Serguei accedió a tallarle una hija que llamó Oska. Oska quiso también descendencia, pero el carpintero comprobó que apenas tenía madera y que como mucho podría hacer una muñequita diminuta más a la que bautizó como Ka. Entonces, metió a Ka dentro de Oska, a Oska dentro de Trioska y a Trioska dentro de Matrioska. Un día, misteriosamente, Matrioska desapareció y Serguei quedó desolado.


¿Me convertiré yo -me pregunto mientras pienso en la histeroscopia y desarmo mis muñecas- en una gran Matrioska que nada alberga en su interior? ¿Se multiplicará con el paso de los años el vacío de esta tarde en un eterno eco sin respuesta? Y sigo vagamente ese discurso mientras recuerdo la época en la que todos me llamabais Ka y continúo casi sin darme cuenta con el juego de siempre, y meto a Ka dentro de Oska, a Oska dentro de Trioska y a Trioska dentro de Matrioska... Y la vida, de repente, vuelve a ser tan sencilla para mí como la del niño que, confiado, coloca la última pieza de un puzle que creyó imposible de acabar.



jueves, 9 de octubre de 2014

REVISIONES


"Lo que al día le pido es solamente
un poco de esperanza, esa forma modesta
de la felicidad"

Vicente Gallego

René Magritte

Pasillos verdes, verdes como la esperanza. Sillas verdes en las que dejar caer de golpe todos los miedos, todas las angustias, todos los remordimientos. Y esa voz que pronuncia tu nombre con el eco mortecino que aquellas paredes repintadas de verde repiten con sordina. Verde como tu esperanza. Sumas minutos y el resultado es siempre mísero. Al final poco te resta para la vida. Todo se va tras la absurda burocracia que nunca entiendes, tras los trámites por aquel accidente tonto, tras las esperas en salas como esta, verdes, verdes como tu esperanza. Y la tristeza por la muerte del hámster. Amaneció frío, te dijo la niña entre sollozos. Y los tres lo llorasteis con un llanto incomprensible para los que nada saben de vuestras vidas. Los tres solos frente a la jaula sin vida. Los tres solos. Los ratones tienen una vida corta, les dices a modo de consuelo. Y ellos asienten como si aquellas palabras escondieran la llave secreta de la caja que guarda los misterios de la vida, al alcance solo de los elegidos. Ellos lo son. Saben más sobre el dolor que otros. Saben más que muchos. Ellos saben que su madre viste de verde los días en los que acude a visitar a médicos que se esconden tras puertas verdes, verdes, tan verdes como su esperanza.


martes, 7 de octubre de 2014

MICRORRELATO

(De una expresión muy divertida que le escuché el otro día a una de esas adivinas que a veces me aparecen por la radio: "te está creciendo el sentimiento")

 Lichtenstein, Kiss

En los últimos años le había crecido tanto el sentimiento que ya no sabía qué hacer con él. Probó a recogerlo en una cola de caballo, a trenzarlo sobre la espalda, a esconderlo bajo extravagantes sombreros... nada. No sabía cómo le había permitido crecer de esa manera tan invasiva. Al principio, apenas si se dio cuenta: la costumbre diaria de escrutar aquel rostro en el espejo apenas le permitía adivinar lo que estaba pasando. Hasta que, de repente, un día, se vio reflejado sin las lentes que distorsionan la verdad y acaban por convertirla en sórdidas mentiras. Solo entonces, llamó a un peluquero a domicilio: por primera vez se sentía incapaz de cruzar la puerta dejando tras de sí ese rastro. Llamó a su médico. Incluso a un asesino a sueldo. Todo fue inútil. No consiguieron una solución viable. El peluquero afiló todo tipo de tijeras y de navajas... nada. El médico probó mil incisiones con sus precisos bisturís... nada. El asesino intentó métodos que ya no se empleaban desde la Edad Media... nada. Finalmente, la pitonisa le explicó que, aquello, una vez que empieza, ya es imposible de parar. Que, especialmente, los que agarran en testuces muy propensas a la ensoñación y a la lectura, esos son lo de peor augurio. Y que nada podía hacer salvo reconocer que quizá toda una vida andaría enredado en aquel sentimiento por el que a punto estuvo de perder, incluso, hasta la cabeza.

 

viernes, 3 de octubre de 2014

NUBE PASAJERA




Hughes, A, Nube pasajera
Hoy ha llegado el miedo. No ha sido necesario desplegar grandes campañas, ni costosos spot publicitarios, ni vallas con imágenes de modelos de nombre impronunciable. El miedo se coló con el otoño, a través de los resquicios de las ventanas, escondido entre las tardes plomizas de septiembre. Y se instaló en las camisas del armario que aún olían a playa y a verano, entre los libros de poesía y los informes ilegibles de los médicos. Hoy ha llegado el miedo pese a los barcos y pajaritas de papel, a los collares con cuentas de brillantes cristales y a los ramos de palabras de plástico. Hoy he vuelto a sentir miedo, pero pasó, como la tormenta cuando niña, y su rumor es tan vago ya como el sonido de las olas que esconden las tristes caracolas que viven lejos del mar.