miércoles, 30 de julio de 2014

MIRCRORRELATO


Para A, que aún no digiere el luto de mamá

"Ha llegado la hora
de poner en la mesa
los sueños boca arriba
y confesar las trampas"

Ginés Aniorte



Se levantó aquella mañana y entre sollozos le preguntó a su hermana que quién era aquella señora de negro que se había comido a su madre. Él hacía todo lo posible por disimular y comportarse como si nada hubiese sucedido pero, a veces, en medio de la comida, se dedicaba a escudriñar de reojo el semblante de sus hermanos por comprobar si también ellos se habían percatado del engaño. Nada dejaban traslucir esos rostros impávidos, ningún gesto los delataba, salvo que ya no se escuchaban las risas ahogadas de los gemelos en ese ritual diario de jugar a sorber la sopa hasta cabrear a papá. Ahora el silencio se había apoderado de ellos durante las comidas. Él callaba, como todos, pero cada domingo, al verla aparecer con la fuente de albóndigas, tragaba saliva anticipando aquel extraño sabor salado como de lágrimas que se había colado en la receta de las inconfundibles albóndigas de mamá. 



jueves, 17 de julio de 2014

MICRORRELATO



A veces se olvidaba de respirar. Durante unos minutos que parecían estirase como un chicle pegajoso, veía a sus muertos. El primer día se sobresaltó al tropezar con su madre, que estaba sentada en su mecedora de toda la vida, como superpuesta a modo de collage imposible en medio de aquel comedor de estilo minimalista. Después, poco a poco, fue acostumbrándose a ver al resto. Una noche, durante la cena, casi se sienta sobre aquel vecino de negro de cuando sus padres vivían en la casa de la huerta, que estaba cenándose impasible la misma tortilla de patatas que le costó una buena regañina haber probado cuando niño. En el baño había aprendido a esperar pacientemente a que el hermano de su amiga que murió en el mar acabara con sus largas abluciones matinales. Los muertos habían ido ocupando silenciosamente toda la casa. Solo le quedaba un último reducto: su dormitorio. Cada uno se mantenía en los límites de su territorio y habían aprendido a coexistir sin hacer demasiado ruido. A diario llegaba algún nuevo y él se extrañaba siempre de conocer ya a tanta gente del otro lado. Incluso su familia se había acostumbrado a esos largos momentos de ausencia, tal y como habían convenido en calificar entre susurros esta extraña conducta del abuelo. Él soportaba con estoicismo las miradas extrañas, los comentarios entre dientes, las constantes revisiones de médicos de todas las religiones, pero nunca confesaba su secreto, cerraba los ojos, se metía en su mitad de la cama y hacía como que se olvidaba de respirar mientras los demás contaban inquietos los minutos. Casi se creía inmortal de tanto andar entre muertos. En los últimos días, sin embargo, la otra mitad de su cama, que seguía siendo de matrimonio después de tantos años de ocuparla en soledad, amanecía revuelta, con signos evidentes de que alguien la había ocupado. Desde entonces, todos tenían la absoluta certeza de que el abuelo, en cualquier momento, se olvidaría definitivamente de respirar.


sábado, 12 de julio de 2014


MICRORRELATO



"Hay que tener cuidado,
mucho cuidado: el mundo
está muy débil hoy,
y este día es el punto
más frágil de la vida"

P. Salinas, "Largo lamento"

Había abierto la agenda de contactos una decena de veces. Por suerte, el teléfono no tenía activada ninguna contraseña de acceso. Repasa las fotos una y otra vez en busca de un recuerdo que, como esos pañuelos de colores que salen de la chistera de un mago enganchados unos con otros, acabe por dar con su identidad. Repite mentalmente una y otra vez el nombre al que llamar en caso de emergencia. Aquella era, sin duda, una emergencia pero no se atreve a marcar el número de una absoluta desconocida. Llevaba ya varias horas dentro de aquel tren, con aquel teléfono en la mano y sin saber qué hacer. Marca el primer número de la agenda, apagado o fuera de cobertura; el segundo, el tercero, el cuarto... idéntica respuesta en los 190 contactos restantes. Asoma la cabeza por la ventanilla: ni una sola señal de vida hasta donde alcanza su vista. Cansado y aturdido, marca un número al azar como el náufrago que lanza su última bengala: ya ni siquiera le responde la voz monocorde de la operadora. Mira la batería, no sabe de cuánto tiempo dispone aún antes de que se apague definitivamente su última esperanza.



miércoles, 9 de julio de 2014

MICRORRELATO

"Disneylandia no existe ya para ti"

Los burros, "Disneylandia"


Los fue tocando uno a uno y, como a Midas, los deseos se le fueron volviendo oro entre las pobres manos. 

domingo, 6 de julio de 2014

ADULTOS


"Así lo cuentan:
en las antiguas casas holandesas
se cubrían con crespones
de seda de luto
los cuadros donde aparecían representados
paisajes,
para que el alma del muerto,
dispuesta a abandonar el cuerpo,
no se distrajera en su último viaje
añorando todo lo que iba a dejar atrás.
Me pregunto de qué modo
habría que amputar la memoria
o esos ojos que silenciosos
han mirado desde siempre
para dentro
vueltos como calcetines


hacia la inmensa geografía
del alma,
para no retenerla.
Qué sedas serían necesarias,
pienso,
qué kilométrica cantidad de tela,
qué paciencia
cuando todos tienen prisa.
Cómo borrar lo que se imprime
cuando cerramos los ojos,
después de haber mirado"

Rodrigo D. Sancho Ferrer


El luto se les estaba quedando pequeño en el armario. Lo habían comprado dos años antes, cuando el médico les había anunciado que el final era inminente: unos pocos meses por delante, quizá menos. Habían tenido tiempo para ensayar mil veces las palabras de aliento para la viudez recién anunciada de su madre. Tiempo para ordenar sus recuerdos y saldar sus deudas, si es que, después de la enfermedad, quedaba aún alguna pendiente. Tiempo, incluso, de darle permiso para morirse. Recuerdo el dolor contenido de tus primeras palabras: espero que, al menos, aguante hasta Navidad. Después pusiste la esperanza en el verano, que tanto le gustaba. Y así, fue sobreviviendose de forma milagrosa, tratamiento tras tratamiento. Esas terribles ganas de seguir anclado a la vida, arañando hasta el último minuto antes de quedar casi dormido durante los largos días en que todos os encerrasteis en aquella habitación de hospital para engañar a su propio miedo, para esconderlo de aquella soledad postrera. Al tercer día murió y os quedasteis con la amarga sensación de comprobar que, al fin, su ausencia era este vacío infinito que duele más que el propio dolor, este miedo cerval a que la muerte sea solo esto.  

Dice el poeta que "nos graduamos de adultos nada más/ cuando alguien nos deja". La vida en cambio a mí me ha ensañado que solo nos graduamos de adultos cuando alguien se nos muere. Por eso, asisto hoy, impotente, a tu triste graduación en el oficio de vivir y como tú hicieras conmigo en otro tiempo, siento mi pena como una larga y lenta prolongación de la tuya. 



viernes, 4 de julio de 2014

CATA CIEGA


"Ni siquiera me roces.
He de adiestrarme a solas,
por tu voz solamente guiada
en esta negra cárcel
que los ojos me cubre hacia el abismo"

Juana Castro


Chema Madoz


Cuando le preguntaban por su trabajo, siempre respondía que era poeta, con ese aire de miope irredento que dejaba traslucir a través de sus gafas. Era suficiente una mirada tímida para que, como un extraño resorte, en su cabeza se desatara una desordenada combinatoria de adjetivos. Gamas de color que iban del medio al profundo pasando por el intenso. Tonalidades inapreciables para unos ojos profanos en estos lances. Aromas florales, frutales, vegetales o especiados con los que desplegar ese lento ritual que tan bien conocía. Y así, postergar el momento que anuncia el contacto con los labios por primera vez; gozarse en el doloroso escalofrío que desde la boca atraviesa la espalda como un feliz augurio del deseo inminente; a ciegas, guiarse por los sentidos y entre todos los nombres, adivinar solo el tuyo. 

Lo que nunca pudiste perdonarle es que, como si de un vino barato se tratara, apurarase hasta la última gota de aquella botella que después tiró, no sin antes dedicarte una escueta reseña en una revista especializada que rezaba algo así:  "La leyenda cuenta de un rayo de luz bailando entre las viñas en el corazón de la noche. Todos conocían su nombre y muchos fueron cautivados por su esplendor. Candelaun enigma mágico que despierta pasiones e inspiraciones con la luz de su danza"



miércoles, 2 de julio de 2014

PARAÍSOS PERDIDOS


"No hay otros paraísos que los paraísos perdidos."


Jorge Luis Borges, Los conjurados


Benny Andrews


Cuando los expulsaron, comprendieron que no habría tierra suficiente para poner de por medio entre ellos y su memoria. Buscaron una isla casi desierta, porque ya se sabe que islas desiertas van quedando cada vez menos, y se establecieron allí como si nunca hubiesen tenido una vida más allá de aquellas aguas. Intentaron buscar una ocupación, pero dada la inexperiencia de sus manos, emplearon su tiempo en lo que todos en aquel lugar: en perderlo de la forma más placentera posible. Ella, que no supo nunca qué hacer con su vocación de poeta, montó un negocio como adivina y cuando las rayas de la mano o los posos de café auguraban malas noticias, hilaba historias con las que mantenerles intacta la inocencia. Pronto su reputación creció como las arenas de la isla. Él, que no supo nunca qué hacer con los acordes de aquel instrumento, decidió componer canciones con las que mantenerles intacta la esperanza. Su reputación creció como las aguas con la luna. Cuando los expulsaron, comprendieron una vez más que no habría tierra suficiente para poner de por medio entre ellos y su memoria. Llevaban siglos huyendo. Ella se llamaba Eva; él, para más señas, Adán.