domingo, 29 de junio de 2014

OTROS MAPAS


“Me gustan los mapas porque mienten.
Porque no dejan paso a la cruda verdad.
Porque magnánimos y con humor bonachón
me despliegan en la mesa un mundo
no de este mundo”

Wislawa Szymborska


Miguel Carini, "Mapa del cielo austral"


Yo también tengo un mapa, dibujado en mi pecho. Es un mapa tatuado sobre mi propia enfermedad: los puntos cardinales que desde la radioterapia me delimitan, la diana certera en forma de cicatriz a la que dirigir los dardos. Pero mis mapas no falsean realidades, mis mapas dan paso a mi verdad. Y aunque intente cubrir mi zona cero con prótesis o con silicona, mis mapas no saben mentir y, al final, siempre, acabo por convencerme de que el tesoro sigue escondido allí debajo.



sábado, 28 de junio de 2014

MICRORRELATO



Descender y descender, dejarse llevar arremolinado por el barullo de las hordas hacia la boca del infierno. Llegar, hacerse un hueco mientras el calor se hace irrespirable. La misma mirada huérfana en cada rostro, idéntica sensación de abandono en ese destino común que dura lo que un viaje simple en un metro de una ciudad cualquiera.



jueves, 26 de junio de 2014

CARTAS DE AMOR


"Al final del día regreso a casa
y miro la correspondencia:
sólo publicidad, ninguna carta:
y me pregunto ¿quién envía
tantas razones para sobrevivir?"

Francisco Gálvez


Renoir, "Mujer leyendo"


Desde que no recibo cartas de amor, he desarrollado una fobia incontrolable a los buzones, esas urnas modernas y asépticas que se han convertido en ataúdes improvisados de nuestras miserias. Ya tengo una buena colección de cartas intempestivas que he ido recibiendo a lo largo de estos años: cartas de jueces, de hacienda, de sindicatos... En muchas de ellas he aprendido el precio y el valor de la palabra. Pero esta noche me arden esas otras que nunca llegué a leer y que probablemente habrían cambiado el curso de mi vida.

La más reciente, de 6 de junio, llegó en forma de aviso de correos que, como tantas veces, vi diez días más tarde. Hice lo que siempre hago en estos casos: ensayar mi alegato de defensa ante el juez que, seguramente, estaría ya dictando mi sentencia y olvidarme del asunto. Días más tarde, sin embargo, empezó a asaltarme un extraño sentimiento de culpa ante la irremediable orfandad de la carta extraviada y decidí, en un arrebato de osadía, seguir sus pasos y dar con el organismo que la remitió. Esta mañana, al fin, tras dos horas de espera hasta que ha salido en pantalla un número ininteligible que se correspondía exactamente con el mío, he llegado a mi mesa sorteando un vericueto de mesas exactamente iguales a la mía con pantallas de números rojos en parpadeo constante que hacían más complicada la empresa. Cuando, exhausta, me he sentado frente al temible cancerbero custodio de cartas extraviadas, este ha tecleado mi DNI en el ordenador y con voz cavernosa ha zanjado con premura el asunto: "aquí no aparece nada, lo que sea, sonará" y me ha despedido con cara de pocos amigos. Me he quedado allí plantada, y cuando ya he podido reaccionar, estaba pagando religiosamente los tres euros de aparcamiento que me ha costado la broma.

Sigo sin saber el contenido de la carta y probablemente ya nunca lo descubriré, pero he tomado las debidas precauciones. Al pasar frente a mi buzón, con más prevenciones que de costumbre, he girado la llave asegurándome de que estaba bien cerrado y he apretado los blanquísimos sobres con membretes ilegibles que amenazaban con desbordar esa temible bocaza que engulle indiscriminadamente el anuncio del soñado piso en Torrevieja junto a la orden inminente de desahucio. Sin que nadie me viera, he tachado con ensañamiento mi nombre del buzón para protegerme de ese oscuro presagio de "lo que sea soñara". La última vez, tardé cinco años en recuperar la carta extraviada que, por cierto, era de amor. 


domingo, 22 de junio de 2014

CIBERNÉTICOS






Debería existir un órgano oculto entre las vísceras del cuerpo con el que filtrar el miedo amortajado en las entretelas del sueño. Un órgano con el que depurar nuestras envidias inconfesas y nuestros complejos mal disimulados. Que hiciera la rabia respirable y el dolor soportable. Un órgano que regulara el pulso acelerado o indiferente ante el azar imprevisible que calcula nuestras vidas. Debería existir. Si no, alguien debería inventarlo.

miércoles, 18 de junio de 2014

ESTELAS FUNERARIAS ROMANAS


"A partir del siglo III el rito de la cremación fue cediendo ante la moda, cada vez más extendida, de enterrar intacto el cadáver, es decir, de inhumarlo. Los cristianos ya lo venían haciendo desde comienzos de la Era. Estos enterramientos llevaban un ara o estela funeraria como señal exterior y en ella el epitafio".

Antonio García y Bellido, "Veinticinco estampas de la España Antigua"





Hay palabras que, leídas por primera vez, te horadan la piel y se quedan tatuadas en la retina. Recuerdo  la profunda sacudida que me produjo el "Séate la tierra leve" cuando me tropecé con esa inscripción casi de casualidad mientras paseaba por el museo arqueológico de Cáceres. Me quedé petrificada en el centro de la sala intentando descifrar una a una aquellas estelas funerarias mientras los demás continuaban sin mí el recorrido por el museo. Tuvieron que recogerme al salir mientras yo fingía una recién estrenada pasión por la epigrafía. La poesía de aquellas sencillas palabras me acompañó durante el resto del viaje.

Aquellos epitafios y otros a los que después tuve acceso están impregnados de un dolor y de una ternura profundos que convierte a muchos de ellos en auténticos textos poéticos. Curioso es un epitafio de un epicúreo, que al reconocer que la vida es breve, recomienda gozar de ella a grandes tragos. Esta lápida de aproximadamente el inicio del siglo III después de Jesucristo dice: "Vive alegre cuanto vivas. La vida es un pequeño regalo, en un instante adviene, insensiblemente se afirma, pero muy luego se va insensiblemente también".

Sigue esta línea, pero más cercano a nosotros en el tiempo y en el espacio el artículo del profesor Francisco Henares Díaz: "Un ritual del luto: epitafios, trovos, poemas en las lápidas de los cementerios rurales del campo de Cartagena". Tras una breve pero interesante introducción en la que hace alusión a las inscripciones de las tumbas del cristianismo de los primeros siglos, recoge una antología de textos procedentes de distintos cementerios del campo de Cartagena. 

Interesante aún más por su aplicación en el aula es el trabajo: "Miradas didácticas a la muerte y los cementerios", coordinada por José García Huéscar y editada por la Consejería de Educación. Presenta planteamientos tan innovadores como: los cementerios y la muerte en la asignatura de historia del arte, la simbología de los cementerios de la región de Murcia, pinturas de contenido histórico y la muerte, la muerte en la prensa y siete canciones cuyo tema es la muerte y/o los cementerios, entre otros. 

Como dice Fernando Savater: "la certidumbre de la muerte nos humaniza. Es la conciencia de la muerte la que convierte la vida en un asunto muy serio para cada uno. De modo que la muerte nos hace pensar, nos convierte a la fuerza en pensadores". Porque es en la búsqueda del sentido de la muerte donde se encuentra muchas veces el sentido a la propia vida.  


martes, 17 de junio de 2014

MICRORRELATO: LA JUGADA PERFECTA








"Salvar la dignidad de uno mismo o la de los demás,
a costa del propio dolor,
no tiene por qué ser parte exclusiva
de la biografía del héroe,
también puede serlo igualmente de la del proscrito"

Julia Otxoa 

Pasaban las tardes frente al tablero de ajedrez. Apenas hablaba de algo que no fuera la jugada perfecta. Aquel tablero fue siempre el trasunto de su azarosa vida. Era su héroe, él lo sabía, quizá por eso se obstinaba en recordarle que había que aceptar los desafíos que plantea la partida; que no debía contar las piezas de fuera del tablero sino las que quedan dentro; y que solo analizando los finales se llegaba a entender el juego. Pero lo que nunca le confesó es que, a veces, la jugada perfecta es saber abandonar una partida a tiempo. 


domingo, 15 de junio de 2014

LA CONTINUIDAD DE LA MEMORIA


Al tío Manolo





"He visto y sentido tanto silencio
que se pierde en el ruido de la muerte
que si la palabra no fuera
esa íntima lluvia de fe
moriríamos para siempre
en ese instante que condena al olvido"

Antonio Correa






Te has muerto. Tu corazón se ha obstinado en sobrevivir unas semanas a tu cansada voluntad de vivir. Esta mañana he ido a verte sin saber que sería la última. He podido pasear entre tus cosas, reconocerte en cada objeto, acariciarte ese pecho grande de aguerrido nadador. A. había empezado a ordenar tus papeles y tus libros y yo apenas he encontrado palabras con las que restañar esa herida sorda con que nos lastima la muerte cuando lleva días anunciándose. Respirábamos la impotencia muda del que asiste, contrariado, a la subasta del recuerdo. También yo he pujado en esa inútil contienda frente al olvido. Y absurda y torpe como un ladrón arrepentido he salido de tu casa agarrada a un espejo con el que sobrevivir entre los restos del naufragio. Sé que a partir de hoy empezarás a vivir en mis sueños. Entraré en ellos a través del pasadizo secreto de ese espejo que tantas veces debió de atrapar tu imagen y que hoy solo refleja mi rostro cansado y con ojeras después de estas lentas horas de pensarte para que no mueras para siempre en ese instante que a otros condena al olvido eterno. 

Para que no mueras, para que sigas existiendo en otras vidas, para que continúe tu memoria más allá de ti, escribo hoy estas torpes palabras.


"Sit tibi terra levis" 
(séate la tierra leve)




viernes, 13 de junio de 2014

LA BOLSA O LA VIDA



"Apenas si recuerdo tu voz, pero me dueles
en alguna parcela remota de la sangre.
Te llevo en mis abismos, enredada en el limo,
como uno de esos cuerpos que la mar no devuelve"

Rafael Guillén


Monet


Llevo días intentando sacudirme la tristeza. Vuelvo la mirada como el que sabe que de un momento a otro acabará descubriendo a un ladrón. Oigo sus pasos sigilosos y una voz que me susurra: la bolsa o la vida. He probado a correr, a aminorar el paso, a esconderme tras las esquinas... solo soy una sombra torpe que en su huida elige el camino más corto hacia su destino. Hoy, por fin, después de una noche de insomnio, me he decidido a coger la bolsa. La he abierto con temor, con espanto tal vez al ir viendo caer sobre la cama un rimero de objetos que pensé perdidos para siempre: fotos de lugares olvidados, algunos vídeos, viejos diarios... Cuando ya la creía vacía, he metido la mano y al fondo, agazapada, se escondía tu voz y tu imagen, y tu recuerdo, ateridos de frío, cegados por la luz. Y aunque yo sé que uno no puede morirse solo un poco, allí estabas tú, vivito y coleando, como un ladrón impaciente que clama por la bolsa o la vida. Y yo, tan cobarde como siempre, he soltado la bolsa aferrándome una vez más a la vida, que sigue pasando irremisiblemente sin ti.


martes, 10 de junio de 2014

COMO NIÑOS




Que, aunque no querían reconocerlo, en el fondo, 40 años más tarde, seguían hablando de lo mismo cuando, orgullosos, lo primero que mostraban ante la cara de estupefacción de los amigos era el tamaño de la flamante tele nueva en la que verían el mundial. 


lunes, 9 de junio de 2014

MICRORRELATO


"La ausente 
mirada de una diosa sin cielo"

Víctor Botas


Ada Breedveld

Imitaba con denodado esfuerzo todo lo que veía hacer a las otras mujeres: se levantaba a las siete; planchaba sus sueños; preparaba el desayuno a su hijos; lavaba las palabras del día; vestía a los niños; trenzaba los miedos; cumplía con sus ocho horas de trabajo; se aprendía los poemas de memoria; pagaba puntualmente la contribución; archivaba con celo sus amores; iba al gimnasio tres días a la semana; ejercitaba la memoria con los que ya no están; trataba de sonreír al menos 1000 veces al día. Pero, en el fondo, se sabía tocada de una silenciosa y temible enfermedad: una enfermedad endémica, letal, altamente contagiosa que ella trataba inútilmente de ocultar tras esa mirada ausente de diosa sin cielo.




domingo, 8 de junio de 2014

CAUSAS Y EFECTOS


"Gracias quiero dar al divino laberinto de los efectos y las causas
por el amor, que nos deja ver a los otros como los ve la divinidad"

Borges, J.L, "Otro poema de los dones"

Modigliani



Detengo mi recuerdo en aquellos a los que nunca podré volver a contemplar sin la mirada generosa y constante del amor. Porque también yo soy aquello que los otros ven, elijo ciertos ojos en los que mirarme, me dejo atrapar por algunas miradas que me devuelven una versión mejorada de mi misma. Y nada más. Quizás este sea todo el misterio del amor: reflejarnos en otros ojos en los que, por un instante, sabernos a salvo del oprobio y de la maldad. Y nada más. 

jueves, 5 de junio de 2014

MICRORRELATO


"A pesar de que la mente no se acuerda de todo, el corazón recuerda"



La veo todas las tardes en el mismo sitio, siempre esperándolo. La he visto con frío, con calor, con lluvia... Sigue pareciéndome una mujer joven. A veces, si me retraso al pasar, puedo contemplarlos a los dos juntos. Eran amigos de mis padres. Los recuerdo desde la infancia. Antes esto era un pueblo donde todo el mundo se conocía. Siempre la juzgué una mujer hermosa. Sin darme cuenta, cuando cruzan la calle, vuelvo la vista por no ver sus pasos lentos, los de él; por no ver su brazo firme, el de ella. Consiguieron burlar su diferencia de edad hasta que apareció la enfermedad. Ahora los años han caído sobre él de una forma despiadada cavando zanjas de olvido y desmemoria. Y su rostro de niño inexpresivo no parece sino una advertencia al caminante. Pero yo sé que un día no llegará en ese autobús de las cinco. También ella lo sabe. Y se marchará a casa segura de que en algún recodo de su corazón él se habrá encontrado al fin con su recuerdo.


miércoles, 4 de junio de 2014

MICRORRELATO: OTROS MUNDOS



"Qué haré cuando me sumerja en mis mundos fantásticos y no pueda ascender. Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un saber volver. Ni querré, acaso"

Carta nº 3 de Alejandra Pizarnik a Leon Ostrov



Se refugiaba siempre detrás de la tercera persona. En realidad lo había hecho desde siempre. Era quizá el mejor truco que conocía para poder tomar distancia de aquella azarosa vida que le auguraba la carta astral desde su nacimiento. El tono confesional de la primera persona implicaba siempre un grado de conciencia y de lucidez que no estaba dispuesta a asumir. A veces, incluso, jugaba a cambiar el género de los sustantivos y como por arte de magia todos los adjetivos y los determinantes y hasta, a veces los verbos, que no tienen género, parecían mutar y quedaba atrapada durante días en la sonoridad de un lenguaje mágico. El juego era bien simple: ponerse la vida de otro como el que se prueba un traje, subirse en historias en marcha y bajarse en cualquier estación, sacar la cabeza y boquear como un pez para después regresar otra vez a su vida. Pero, estaba convencida, un día de estos no sabría regresar. Ni querría, acaso.   



lunes, 2 de junio de 2014

MICRORRELATO: REYES





Estaba ante un momento que haría historia, no tenía la menor duda. Se esforzaba por mantener la compostura en medio de aquellos preparativos de los que se sentía tan ajeno. A lo lejos, escuchó que alguien, entre bromas, comentaba la noticia. Él supo ver en aquel gesto el mejor de los presagios. Contuvo la respiración y apretó las manos justo en el momento en el que el ginecólogo introducía la cánula entre las piernas de su reina, como a él le gustaba llamarla en la intimidad. Solo entonces comprendió que también él renunciaba así a su reinado abdicando en favor del que, esta vez, estaba seguro, sería su primogénito.



CUERPOS


"Las cicatrices son las huellas que dejan las heridas, los desastres o los sentimientos.
Son como escribir en la piel de lo querido, son el daño
evidente, el daño que no siempre se corrige.
Son el rastro, el dolor de una historia de vida (...)
Se cuentan tantas veces las victorias que olvidamos que se consiguen sobre los fracasos.
Se cuentan los fracasos como si fuesen ahora una victoria"

Antonio Gómez Ribelles  (artista plástico)







Hace unos días me llamaba una conocida para contarme que al fin se había decidido a cumplir su sueño de ponerse unas buenas tetas. Después de unos cuantos detalles que voy a omitir por pudor, me lanzó la pregunta a bocajarro: y las tuyas ¿para cuándo? Yo reí con mi risa más franca, disculpándole que la silicona le estuviese afectando a las neuronas. No supe qué responderle. Quizá debería haberle enseñado esta imagen. Me encanta. Es sensual, divertida, fresca. Le falta una teta, es cierto, pero a ella no parece importarle, no se muestra descontenta con su cuerpo. 

En cambio, cuántas mujeres estupendas se revelan a disgusto en sus cuerpos. Llega el verano y con él la tiranía de los kilos de más, la celulitis, el bronceado... Lo veo a diario en el gimnasio: mujeres guapísimas que luchan desesperadamente contra la grasa que se le acumula en la cadera o el michelín rebelde de la barriga. Las oigo quejarse sin descanso de sus cuerpos. Pero ¿qué le pasa a tu cuerpo y a tu propia percepción de ti misma cuando le añades la cicatriz de una mastectomía?

El resultado puede ser este: Monokini 2.0  una colección de trajes de baño ideada para mujeres que tras una mastectomía eligen no someterse a una cirugía de reconstrucción mamaria. La idea original es de Elina Halttunen, a la que todos conocen con el sobrenombre de "la mujer con una teta". Ella misma cuenta que con un solo pecho encontrar bikinis resultaba algo difícil, por eso creó su propio monokini. Y tras hacerlo, pensó que quizá habría por ahí otras mujeres que querrían unos trajes de baño que no les hiciesen sentir que estaban perdiendo un seno. Creo que es una idea transgresora que nos presenta una mujer que por fin deja de esconder sus cicatrices y nos sitúa ante un nuevo concepto de belleza y feminidad que va más allá del tamaño, la forma o incluso, el número de nuestros pechos.