sábado, 31 de mayo de 2014

MICRORRELATO




Hacía ya diez años desde que recibiera aquel joyero de madera de palo de rosa que contenía tres piezas únicas: un camafeo de ónice que perteneciera a su abuela, la alianza de oro de su madre y un lacrimatorio de cristal tallado exclusivamente para ella. Todas las mujeres de su familia, al nacer, recibían uno donde verter sus lágrimas futuras. Su madre, sin embargo, se negó a entregárselo y lo guardó en el joyero de madera con incrustaciones de nácar para intentar burlar el sufrimiento. El dolor supo respetarla hasta la noche en la que comprendió de golpe lo que significaba llorar una muerte. Se había despertado de madrugada con aquellas extrañas voces del pasillo. Pasos desconocidos deambulaban nerviosos por la casa. Ella era demasiado pequeña y estaba demasiado asustada para poder llorar. Guardó silencio y cerró los ojos por si la muerte venía a por ella. Ésta se paró frente a la puerta de su habitación durante unos segundos pero pasó de largo. A la mañana siguiente, su padre la despertó y le entregó aquel joyero que constituía toda la herencia de su madre. Cogió el lacrimatorio entre sus manos y por primera vez lloró con el llanto largo de la desesperación. Pasó días enteros llorando y llenó el lacrimatorio. Habían transcurrido ya diez años desde entonces y todas las lágrimas, salvo una, se habían evaporado. Se puso el camafeo de la abuela y guardó la alianza de boda de su madre que estaba a punto de hacer suya. Giró la llave del joyero y supo que, al fin, su luto había terminado. 


viernes, 30 de mayo de 2014

LAGRIMAS








Hoy nos resulta difícil entender los signos externos del dolor, pero hubo tiempos en los que este se medía con una serie de ritos y estrictas convenciones. El luto era un primer signo de duelo en el que estaban estipulados hasta los tiempos en función del parentesco con el difunto. Así, cuando una mujer quedaba viuda, no podía contraer matrimonio durante un período que podía oscilar entre los cuatro años como en algunas regiones de España o incluso toda la vida como los pueblos brahamanes de la India. La propia Bernarda Alba, por citar un ejemplo paradigmático de nuestra literatura, impone ocho años de luto riguroso a sus cinco hijas tras la muerte del padre.

Bernarda: Pues busca otro, que te hará falta. En ocho años que dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle. Haceros cuenta que hemos tapiado con ladrillos puertas y ventanas. Así pasó en casa de mi padre y en casa de mi abuelo

Pero junto al luto, el signo externo más elocuente ante la pérdida era el llanto. Surge así la figura de las plañideras ya desde la época egipcia. Su función era manifestar dolor por la pérdida del difunto a través de los gritos, los golpes y los llantos. Cuanto más elevado era el rango del muerto, el número de estas era mayor y la ferocidad de su actuación aumentaba. Usaban unas vasijas de terracota, alabastro o, más frecuentemente, de cristal, en las que guardaban sus lágrimas. Estuvieron presentes en la época griega y romana y reaparecieron en la época victoriana, donde se pusieron muy de moda. Los lacrimatorios, normalmente, estaban provistos de tapones especiales que permitían que las lágrimas se evaporasen y sólo cuando todas habían desaparecido, el período de luto se daba por terminado. 

Ya no nos quedan, afortunadamente, convenciones impuestas para expresar el dolor. Pero a fuerza de relegarlo a un ámbito privado estamos perdiendo hasta la  capacidad de llorar. Algunos estudiosos hablan de nuestro tiempo como un "tiempo de olvido". Quizá por eso, el llanto es el verdadero antídoto contra el olvido. 


miércoles, 28 de mayo de 2014

MICRORRELATO




Vivía en la continua indecisión de no saber qué hacer con aquello que luchaba por salir. A ratos, la curiosidad era más fuerte que su miedo, levantaba la tapa y el largo lamento de siglos de confinamiento le hacía temblar el alma. Asustado, cubría cada uno de los resquicios tratando de esconder su secreto. Y regresaba a su vida, seguro de que cualquier día, los tres deseos le estallarían entre las manos y ya no habría forma de volver a meter al genio en su botella.



martes, 27 de mayo de 2014

VIDA


A Fr Antonio y Fr Jose María, mi certeza de que Dios existe


"Piensan que pronto, en otra tierra, lejos,
cuando de nuevo vuelvan a sus viejas costumbres
y otra vez el invierno los habite y los venza,
recordarán, oscuros, este sol, este sueño
de libertad que quiso regalarles la vida"

Eloy Sánchez Rosillo



Klimt, "El árbol de la vida"



¿Vas a guardarme el secreto, ¿verdad? No se lo cuentes a nadie, no sea que me asalten los ladrones a media noche. Los días felices llegan, solo hay que conjurarlos. Ya están aquí. Pocos saben de la belleza de estos días y de sus inefables razones. He sido tan feliz que casi me asusta confesarlo. La soledad que no hiere. El tiempo detenido. Los lentos paseos por el huerto. La sencillez y la simplicidad. Como si hubiera sido necesario vivir tantas vidas para poder regresar y tener la certeza de que, al fin, todo está bien. Como si hubiera sido necesario que el dolor se instalara sin previo aviso, dejando esa sensación de desconcierto clavada en la nuca. Pero esta vez tocaba ser feliz y yo... estaba preparada.

"Déjame ser un pájaro que llora
por no saber cantar tanta hermosura"

J.L. Martín Descalzo


domingo, 25 de mayo de 2014

ERIC CLAPTON: UNA BIOGRAFÍA RESILIENTE


A JAM, que nos regaló esta historia






"Beyond the door there's peace I'am sure,
and I know there'll be no more tears in heaven"

E. Clapton, "Tears in heaven"


Algunas historias se vuelven canciones. Esta es la historia de un autor, Eric Clapton, y de una canción conmovedora: "Tears in heaven" (Lágrimas en el cielo). 

Eric Clapton ha pasado a la historia por ser guitarrista, cantante y compositor de rock y blues. Es conocido por el apodo de Slowhand ("Mano lenta") por su virtuosismo con la guitarra y con el de God ("Dios"). Su biografía está marcada por cuatro momentos cruciales. A los nueve años descubre un acontecimiento que supondrá la primera inflexión de su vida, los que cree sus padres son sus abuelos y a la que ha considerado su hermana hasta ese momento es en realidad su madre. El segundo momento decisivo de su biografía sucede con la muerte de su hermano Brian en un accidente de moto con solo 26 años. El tercer momento se produce en 1990 cuando su compañero Stevie Ray Vaughan, con el que estaba de gira, y dos de sus técnicos murieron en un accidente de helicóptero durante el traslado entre conciertos. Pero el hecho que marca definitivamente su biografía es la muerte de su hijo Conor el 20 de marzo de 1991 al caer de un piso 53 de un rascacielos de Nueva York en el que se encontraba con su madre, la modelo Italiana Lory Del Santo.

Una vida jalonada a partes iguales por el éxito y la pérdida. No se me ocurre otra imagen con la que describirlo que la de un hombre roto. Así debió de sentirse Eric con la muerte de su hijo. Él mismo, en su biografía, relata cómo, a medida que conseguía mantenerse sobrio, se sentía más cómodo con la idea de ver a su hijo. La primera vez que se queda a solas con él este tiene ya cuatro años. Relata que solo entonces se dio cuenta de lo que significaba tener un hijo y ser padre. Fueron al circo y tenían planeado ir a la mañana siguiente al museo, pero sobre las once, Lory lo llamó gritando que Conor estaba muerto. "Pensé: esto es ridículo. ¿Cómo puede estar muerto? Le hice la más tonta de las preguntas: ¿Estás segura? Entonces me dijo que se había caído por la ventana". 

Esta desgarradora historia es el origen de esta bella canción. El hombre roto, hecho añicos, crea una obra de belleza inigualable. Recompone sus trozos sin intentar ocultar el dolor y las cicatrices y crea algo nuevo. Esta es la actitud resiliente que salva al ser humano de la desesperación más absoluta. Esta canción se parece mucho a una cerámica reconstruida con la técnica del Kintsugi o Kintsukuroi, el arte de reparar la cerámica rajada con resina de laca rociada con polvo de oro. Estas cerámicas adquieren más valor del que ya poseían por el solo hecho de estar dañadas, lo cual las hace únicas. Ennoblecen el daño por medio del añadido de oro, dejándolo a la vista como un signo de dignidad.

También yo me siento esta noche una pieza única, dañada pero única y, tal vez, ennoblecida en la dignidad de mis heridas. Por eso, estoy convencida de que:


Detrás de la puerta habrá paz, estoy seguro
y sé que no habrá más lágrimas en el cielo.

Santa Ana del Monte (Jumilla)

viernes, 23 de mayo de 2014



"Entraron dentro todos, y la ama con ellos, y hallaron más de cien cuerpos de libros grandes, muy bien encuadernados, y otros pequeños (...) Dijo la sobrina, no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido los dañadores; mejor será arrojarlos por las ventanas al patio, y hacer un rimero dellos y pegarles fuego; y si no, llevarlos al corral, y allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo"

El Quijote, cap. VI

La destrucción de libros a lo largo de la historia ha sido un fenómeno frecuente. Desde la quema de libros y el asesinato de académicos en la China de Qin Shi Huang en el año 212 a. C. o la posterior destrucción de los libros de alquimia de la biblioteca de Alejandría. El propio Hitler en 1933 pretendía que los alemanes leyeran sólo su Mein Kampf y mandó incendiar libros de Albert Einstein, Jack London, H. G. Wells, entre otros. Incluso durante la dictadura argentina, la quema de libros representó un verdadero genocidio cultural que se sumó a la desaparición de escritores. Por citar solo algunos ejemplos.

Las razones que hoy siguen argumentando las editoriales son la mayoría de las veces pobres y poco convincentes: han caducado los derechos de autor; sale muy costoso su almacenamiento; no sería rentable donar libros a un cliente potencial como es una bibioteca...  Unos pasan a depósitos, otros a saldos y, finalmente, mueren. Hay empresas especializadas en la destrucción de libros con los que hacen papel para prensa o pasta para papel. 

Afortunadamente, hay libros que por decisión expresa de su autor acaban salvándose de la hoguera. Este que hoy tengo entre mis manos es uno de ellos. Su autora, Ana Cristina Herreros, decidió llevarse todos los ejemplares desahuciados para distribuirlos en pequeñas librerías y así colaborar con distintos proyectos. Creo que merece la pena salvar un libro como este. Merece la pena comprarlo y darle un lugar especial en nuestra biblioteca para contarles a nuestros hijos y a nuestros alumnos estos Cuentos del Mediterráneo: cuentos marroquíes, argelinos, tunecinos, libios, egipcios, palestinos, kurdos, turcos, griegos, albaneses, murcianos... Os dejo con estas palabras tan iluminadoras que abren el libro:

"La maravilla de los cuentos populares reside en que no pertenecen a nadie y a ningún sitio, y por ello son de cualquiera que les ponga voz y del lugar donde se escuchen (...) Surgen de la humana necesidad de contarse, de conjurar miedos ancestrales poniéndoles nombre, de encontrar un lugar donde todo sea posible para que algún día, dentro de no mucho tiempo, lo soñado, lo deseado, sea realidad"



jueves, 22 de mayo de 2014

JUEGOS




Jugaban, como siempre, al ratón y al gato. A veces por pura diversión, otras, para evitar cruzarse las miradas cuando se sabían con el lazo al cuello. Algunos días, se encontraban, y por un instante, se olvidaban de quiénes eran, enseñaban las banderas blancas y firmaban una tregua momentánea que duraba lo que dura un suspiro. Y después, vuelta a empezar otra vez ese eterno juego con el que burlar soledades


miércoles, 21 de mayo de 2014

UN POCO DE GRAMÁTICA


"La palabra uniría los dos bordes
de un abismo infranqueable"

Filón de Alejandría






Puede parecer extraño pero me gustan los posesivos. Los posesivos son palabras dotadas de un inmenso poder: pueden modular la distancia afectiva que nos separa o nos acerca de las cosas. Y si sabemos observar su uso, encontraremos rastros de los afectos y los rencores de las personas que se esconden tras ellos. 

Lo observé por primera vez de boca de una buena amiga que a lo largo de su matrimonio siempre evitó usar el posesivo con su familia política, de modo que recurría a giros un tanto incómodos como: el padre de mi marido, el hermano de mi marido, el sobrino de mi marido... "La distancia a la que me sitúo con la elección de estas palabras es una forma de venganza muy sutil", me decía siempre entre risas. Con los años, acabó separándose, obviamente, y su marido pasó a ser el padre de sus hijos. En este sentido, las personas separadas, especialmente las mujeres, son las primeras en desterrar el posesivo de su vidas. Y de esta forma, la misma mujer que años atrás se refería a su pareja como "mi X", con ese posesivo que está atestiguado en el lenguaje íntimo y familiar de todos los tiempos y de todos los niveles socioculturales, pasa a llamarlo el padre de mis hijos, sin más.

La elección de las palabras que usamos, por tanto, dice mucho más de nosotros mismos que las propias palabras. Por eso yo lanzo mis posesivos como dardos que cubren de afectos a los nombres a los que acompañan, individualizándolos, dotándolos de esa unicidad que los vuelve irreemplazables. Son pocos, pero me siento orgullosa de cada uno de ellos, como el Principito con su rosa:


"No sois en absoluto parecidas a mi rosa: no sois nada aún -les dijo-. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo"

El Principito



martes, 20 de mayo de 2014

VOLVER


"Vuelvo / quiero creer que estoy volviendo
con mi peor y mi mejor historia
conozco este camino de memoria
pero igual me sorprendo"

Mario Benedetti





He vuelto. No se de dónde. No recuerdo cuanto tiempo he estado fuera. Pero sé que he vuelto. Ha sido duro existir sólo a medias, con los pies aquí y los hombros allí. Y no me preguntes dónde es allí. Allí es un no lugar en el que estás a oscuras, solo sé eso, que estás a oscuras y hace frío. Allí no sucede nada, ni siquiera sucede el tiempo. Allí el recuerdo tiende trampas de las que no es fácil zafarse. He vuelto, muchos no vuelven. Algunos se quedan allí para siempre o se van para siempre. Dicen que del único lugar del que no se vuelve es de la muerte. Pero yo ya estoy aquí. He vuelto. Ya estoy en casa.


lunes, 19 de mayo de 2014

MICRORRELATO: UNICORNIOS


"¿Tengo yo la culpa, oh tierra poblada de espinas, de ser un unicornio?"

Cortázar, J, Último Round



Parque de las esculturas (Estado de México)


Desde entonces, aunque el siquiatra se empeñe en convencernos de que todo ha vuelto a la normalidad, nosotros sabemos que su obsesión por recoger animales abandonados empieza a ser enfermiza. Ahora que por fin la familia se había acostumbrado a compartir el baño con la sirena y que las visitas pasaban sin pestañear ante la esfinge del recibidor, el cíclope ha venido a perturbar la paz del hogar. Sigue sin parecernos lógico que se eche a sus brazos en medio de hipidos y mocos cada vez que se tropieza con él, por mucho que el siquiatra se empeñe en explicarnos que desde que en la operación le dejaran un solo cuerno tiene la sensibilidad a flor de piel.


sábado, 17 de mayo de 2014

LIBERTAD CONDICIONAL


"Dicen que no se está de vuelta
jamás de esta lucha"

Ángeles Mora


Chema Madoz

El grifo estuvo goteando toda la noche. Era un sonido débil pero insistente, imperceptible a duras penas para unos oídos que no estuviesen habituados al insomnio. Una gota lenta y machacona amplificada en el silencio de la noche. El murmullo de su miedo agazapado tras las venas. Se levantó. Se arregló como si de una cita se tratara. Se puso su perfume preferido. Se pintó con esmero. Recogió el sobre aún sin abrir y se sentó frente a él intentando aparentar una naturalidad fingida. Le pesaba el denso aroma de su propio perfume, al que ya no estaba acostumbrada, y el frágil equilibrio del tacón, que ya no le devolvía la imagen de mujer segura que intentaba aparentar. No estaba segura de nada. Por primera vez era consciente de su miedo. Le habría gustado confesarlo allí mismo, pero no tuvo valor y se decidió a articular con voz firme el alegato final de su defensa. Abrió el sobre con las notas de su abogado y comenzó el relato lento de los hechos, sin omitir ni una sola de las circunstancias que la habían llevado hasta allí. Necesitó varias horas. Después, un silencio denso como el humo de las fábricas se cernió sobre ellos. No fueron necesarias más palabras: en su mirada compasiva adivinó la libertad condicional. Y aunque sintió que nunca más tendría libertad sin condiciones, supo hacer de cada una de ellas la grandeza de su libertad.



miércoles, 14 de mayo de 2014

HERIDAS


ROSANA.(en pie junto a él)
¡Cada uno de nosotros tiene una herida: yo, la mía...! Esta vieja herida, sin embargo, está siempre viva.

Edmond Rostand, Cyrano de Bergerac



Munch, El grito


De vez en cuando aparece. Yo temo siempre su llegada. Despierta mi impotencia, toda la rabia dormida en mis húmedos sótanos. Después desaparece dejando un rastro de desolación.

Esta vez llegó en clase, convocada por una sola palabra, reclamada por muchas voces infantiles. Leían un texto en el que aparecía una viuda. Los compañeros le contaron a la maestra a modo de acertijo que en la clase había alguien cuya madre estaba viuda. Ella empezó a hablar de su padre con la misma naturalidad de siempre pero esta vez lloró. No quería llorar pero sus ojos se negaron a obedecer. La maestra le dio un beso. Las otras niñas lloraban también por la hipotética muerte de sus padres sin importarles mucho la otra muerte, que era real, pero era de otra.

Volvió cansada y me contó la anécdota. Me decía que sus amigas se quejaban de sus padres. Que a veces le contaban que desearían no tenerlos. Ella siempre pensaba lo mismo: entonces dámelo a mí. Y reímos imaginando el robo de cientos de padres que íbamos escondiendo en casa, tras las puertas, en los armarios, bajo las camas. Me prometió escribirme el cuento de la niña que raptaba padres. Y me imaginé a aquel señor con bigote cenando conmigo en nuestro comedor mientras con voz engolada la llamaba hija por primera vez.

Por la noche la oí llorar. Era un llanto bajito, desconsolado, un llanto huérfano de padre. Me acerqué silenciosa y me abrazó. Esa tarde había abierto su caja de los recuerdos y los había vuelto a ordenar y a repasar, eran tan pocos... el juguete que le regaló al salir del médico aquel día, la camiseta con la que a él le gustaba dormir, la foto de la que no se separaba durante los primeros meses, el texto que le escribió tras su muerte y los regalos del día del padre. Estaban todos, el de los cinco años y el de los seis y el de los siete porque siempre fue igual de obstinada y prefirió guardarlos a regalarlos a alguien que no fuera él.  

Nunca encuentro palabras de consuelo para ella. Es imposible inventarlas porque siempre suenan falsas, huecas, impostadas. Esta vez solo soy capaz de decirle: escríbelo, cuéntalo en tu diario y verás como duele menos. Se mete en mi cama y me pregunta: mama, ¿has escrito ya aquello que te dije? Es que me gustaría tanto que simplemente se hubiese ido... Y comienzo para ella la historia de un padre al que todos creían muerto pero simplemente se había ido... Y se va adormeciendo con mis palabras y el llanto va cesando y llega el sueño y juntas burlamos el dolor un día más. Y yo aprovecho su sueño para empezar a limpiar con palabras el rastro de desolación que la muerte siempre deja a su paso. 


martes, 13 de mayo de 2014

MUJERES


"Hoy llegan los bárbaros"

Constantino Cavafis





Leo con estupefacción la prensa del día. Apenas consigo digerir titulares como este: "Casi uno de cada tres divorcios, debido al síndrome premenstrual de las mujeres". Una oleada de culpa me viene a la garganta. Es un sentimiento arraigado, heredado, ancestral. Me asusta comprobar la nueva versión de Eva, responsable una vez más de la expulsión del paraíso. Intento despejar estos absurdos pensamientos y continúo leyendo, por si acaso fueran mis hormonas, un tanto alteradas en los últimos meses, las responsables de esta falta de rigor en la interpretación de sencillos textos periodísticos. 

Más abajo leo: "las mujeres que padecen un síndrome premenstrual severo causan un promedio de ocho días de baja al año, y una media de más de 1500 a lo largo de su vida laboral". Y, de nuevo, el estigma de haber nacido mujer me hace sentir culpable: culpable por haber menstruado cada mes durante treinta años; culpable por no menstruar desde hace un año a causa de la quimioterapia; culpable por no tener muy claro qué les contaremos a las niñas que están a punto de formar parte de alguna estúpida estadística más. 

Y sigo leyendo la prensa porque pienso que así, al menos, mis machacadas neuronas agradecerán este ejercicio de unir unas letras con otras en busca de sentidos imposibles. Pero, de nuevo las letras me bailan en el Ipad cuando leo: "Un muñeco en lugar de un hijo". Se nos explica en qué consiste el arte del "reborn", que en español significa renacer o renacido. Una de sus creadoras nos cuenta que recibe muchísimos encargos de madres que han perdido a sus bebés. De nuevo me asaltan unas dudas terribles sobre la maternidad y sobre la imposibilidad de tener hijos. Ese muñeco que pretende sustituir al hijo muerto me parece un insulto para las madres que han experimentado una pérdida de tal magnitud. Me imagino a una Yerma tal vez menos dramática, liberada eso sí de la culpa de la infertilidad con un "renacido" entre sus manos.

Y llego a la tercera noticia casi sin aliento, tres son demasiadas para un mismo día. Leo el comienzo desolador: "Las más de 250 niñas secuestradas en Nigeria desaparecieron el 14 de abril (...) En el norte musulmán de Nigeria la mujer no pinta nada y las niñas son vendidas como ovejas por elevadas dotes". Y, aunque responsable tal vez del 30% de los divorcios del mundo occidental, me alegro de no haber nacido en Nigeria o en Paquistán donde en 2010 se llevaron a cabo 800 matanzas de honor realizadas por el padre o algún miembro de la familia contra las mujeres bajo sospecha de ser impuras o rebeldes; o en Sudán, donde miles de mujeres son violadas en masa por parte de grupos armados; o en Mali donde en torno a un 85% de niñas sufren mutilación genital.

Al final del día, resuenan las sangrantes palabras de Diógenes Laercio:

"Doy gracias al Destino,
por ser hombre y no animal,
por ser varón y no mujer,
por ser griego y no bárbaro"

Dieciocho siglos más tarde, algunos aún siguen obstinados en perpetuar el miedo y la culpa por haber nacido mujer. 
Se oyen sus voces... 
Hoy continúan llegando los bárbaros.


lunes, 12 de mayo de 2014

MICRORRELATO: FONDO DE ARMARIO




Miguel Crespo, Fondo de armario



Sabía la fecha exacta y la hora precisa en que su personaje cobró vida. Su grado de estupefacción fue tal que a medio día, casi a punto de que su mujer entrara por la puerta, aún estaba paralizado frente a él sin saber qué hacer. Ya era mala suerte que le pasara precisamente con un personaje femenino. De momento, y solo para salir del paso, decidió meterla en el armario. Le suplicó casi en un susurro que guardase silencio hasta la tarde, momento en el que volverían a quedarse solos. Después, ya verían lo que hacer. 

Los meses pasaron y él, pese a su oficio, no encontraba palabras convincentes con las que justificar la presencia de una mujer en el armario. A veces, en la hora de la siesta, se oían ruidos tras la puerta que achacaba siempre a la carcoma. Otras, al ir a buscar una corbata, las encontraba anudadas formando una bandera multicolor. Pese a todo, no se olvidaba cada noche, al ir a preparar la ropa del día siguiente, de darle un tierno beso en la mejilla y desearle dulces sueños. Incluso cuando la oía suspirar a media noche, se levantaba a hurtadillas para pasarle la mano por el pelo como hiciera con su hija cuando era pequeña. 

Nada le hizo presagiar lo que sucedería la mañana que, en contra de su costumbre, olvidó cerrar el armario. Al entrar en la habitación para cambiarse de ropa como hacía siempre que acababa la jornada, le sobresaltó encontrarse con la voz de su mujer a esa hora desacostumbrada. A través de la puerta entornada, sus palabras se le fueron clavando una a una como invisibles alfileres bajo la piel:
-ya verás la sorpresa que se lleva cuando descubra que al fin me he decidido a deshacerme de su fondo de armario.


domingo, 11 de mayo de 2014

MICRORRELATO


San Pedro (Las Negras)


Ciertos lugares tienen la misma belleza salvaje de algunas personas: solo es posible llegar a ellos a pie. 


jueves, 8 de mayo de 2014

MICRORRELATO





Se había convertido ya en todo un experto. El mejor a todas luces desde que en los 70 comenzara a trabajar con su equipo. En los últimos años, su trabajo consistía en enseñar a otros. Solo en las situaciones más críticas requerían su presencia. Esa mañana había sonado el teléfono más temprano que de costumbre. Entró en la sala con ese gesto frío que le había canjeado más enemigos de los que él quisiera a lo largo de esas cuatro décadas. No tardó ni un minuto en entender la gravedad del asunto. Sobre el alféizar de una ventana a más de diez metros del suelo, estaba encaramada una mujer de una juventud hiriente, pelo rubio, rasgos angulosos y figura definida a golpe de bisturí. De su brazo derecho colgaban dos cables blancos del mismo grosor e idéntica longitud. No se trataba de un nuevo ensayo con explosivos. 

Repasó sus conocimientos sobre artefactos y los declaró inservibles de antemano. Supo que tendría que dejarse llevar  por su intuición. Él era pura intuición, lo había demostrado años atrás al descubrir la bomba en los bajos de su coche. En esta ocasión, sabía que lo del color blanco era solo apariencia. Tenía suficiente experiencia como para saber que bajo el plástico se escondía un hilo azul y otro rojo. Un cincuenta por ciento de probabilidades, como siempre. Pero esta vez no se trataba de una bomba. Y sin embargo, lo habían llamado a él. Podrían haber llamado a un bombero, o a un médico, pero lo llamaron a él. Añoraba la adrenalina del último segundo. Con mano firme cortó el cable de la izquierda. Hubo suerte, solo eso, suerte. Las manos blancas de la chica cayeron desplomadas como una marioneta separada de su cruceta y quedó suspendida a diez metros sobre el suelo por un finísimo hilo rojo que la mantuvo con vida el tiempo necesario para extender las alas y volar.


martes, 6 de mayo de 2014

SOLO ANTE EL PELIGRO



"La hora más eskura es para amaneser"

Proverbio sefardita.



Secuencia de Solo ante el peligro (1952)

Al entrar, el sonido de la televisión estaba tan elevado que lo que menos esperaba era encontrarlo dormido. Un poco confundida y azarada en medio de tanto ruido, me ha sorprendido verlo despertar con esa sonrisa franca de siempre. No ha tardado ni un segundo en preguntarme por los resultados de las pruebas.  
-Estas limpia, ¿verdad?
Yo le he sonreído como una niña pequeña que confiesa ante el abuelo que ya sabe montar en bici. 
-Ahora el cáncer lo tengo yo
He seguido sonriendo mientras intentaba ocultar la emoción que me producían sus palabras. Pero él ha sabido modular la intensidad de nuestros sentimientos con ese "bah" despreocupado con el que ha vuelto de inmediato a la película en blanco y negro. Durante diez minutos se ha olvidado de mi presencia y ha seguido contemplando la pantalla, absorto en la imagen de Gary Cooper deambulando por aquellas calles polvorientas hasta que, de repente, ha regresado
-Ese está solo ante el peligro, igual que yo
Y ha vuelto a su locuacidad de siempre. Me ha contado el tipo de cáncer que tiene. Que no sentía dolor, me decía. Y que lo único que quería es preguntarle al médico de cuánto tiempo disponía aún. Quería organizar las cuestiones económicas. Me ha costado mucho no borrar la sonrisa de mi cara y echarme a llorar sobre ese hombre que afronta la muerte con la misma dignidad con la que supo afrontar su vida. 
-Siembra trigo y recogerás pan- me decía. Se sabía afortunado, realmente querido. Me advertía que algunos tienen lo que se merecen. Y yo que no creo en esa justicia divina, no podía sino darle la razón al contemplar el estado en el que han quedado esas otras vidas que no supieron sembrar trigo. 
Le he preguntado por el año de su boda y es la primera vez desde que lo conozco que lo he visto dudar. Me ha contado que esa mañana había tenido un lapsus de memoria, no recordaba nada. Pero que había conseguido volver. Me he asomado por un instante al miedo en el fondo de su mirada. Se ha hecho el silencio de nuevo y yo he rezado para que no pierda la memoria, para que no pierda la palabra.
Me ha hecho reír con su humor de siempre: -estás sentada sobre mi nuevo cagódromo- y me ha hecho levantar la tapa de la silla sobre la que yo estaba. He disfrutado con su risa de niño. Le he prometido volver la semana próxima. 

No sé cuánto tiempo le queda aún. Quizá nadie lo sepa. Tengo la certeza de que a algunas personas la muerte siempre les llega demasiado pronto, aunque tengan 93 años. Pero él no morirá, será siempre en mi recuerdo Gary Cooper arrojando su insignia de sherif al suelo mientras desaparece en compañía de su esposa. Después, un rápido fundido en negro y la palabra Fin. O al menos, fin de la primera parte.


domingo, 4 de mayo de 2014

MICRORRELATO: POLIFEMO Y GALATEA


C. Forcén


Desde que la bella Galatea se quedara con un solo pecho, inmune ya a las miradas de los apuestos pastores que pasan por su orilla, solo en la mirada sola del gigante Polifemo encuentra la medida exacta de su amor.



viernes, 2 de mayo de 2014

DESPUÉS DE LA FIESTA


A Carlos

"Haz que lo sembrado, lo previsto, lo querido, lo buscado tenga, en el encuentro, en el abrazo, en la cosecha, la poderosa fuerza del deslumbramiento"

José Perona, gramático.

Matisse


De adolescente, nunca me gustaron los días de después. A la mañana siguiente, invariablemente, me despertaba malherida por las palabras inadecuadas o las confesiones a destiempo. Solo cuando crecí, aprendí a elegir la máscara tras la que defenderme de mi propia timidez. Una máscara con la que transitar entre la multitud sin esa permanente sensación de desnudez .

Hoy es uno de esos días de después y más allá de la máscara se sigue escondiendo la misma tímida de entonces pero, ahora sí, me gustan los días de después. Cada vez me gustan más los días de después. Hoy me invade "la poderosa fuerza del deslumbramiento": el deslumbramiento del encuentro, del abrazo, de la presencia, de la risa, de la complicidad, del saber estar... El deslumbramiento de la vida, una vez más. Esa vida que hace años aprendí a celebrar y que ayer gocé como si todo acabara de empezar.