lunes, 31 de marzo de 2014

MICRORRELATO: EL INFIERNO PROMETIDO


"Y esperar el infierno o que el amor escampe"

Juana Castro, "Helios"






Supo su destino la primera vez que se asomó a sus ojos. Pero se sentó a esperar, "por si acaso el amor escampa"- se decía a sí mismo. Cada vez más, al borde del abismo de aquellos ojos de bruja en los que, algún día, seguro, acabaría ardiendo para toda la eternidad.




domingo, 30 de marzo de 2014

NUEVAS PANDORAS



"Si llaman a tu puerta cualquier día,  
si traen un mensaje de muy lejos,  
mira la dirección del remitente  
porque a veces los dioses, caprichosos,  
rectifican el mundo en cajas nuevas"

Aurora Luque , "Aviso de correos"






Las nuevas Pandoras tienen células enloquecidas que inician bailes frenéticos que acaban por llamarse cáncer. 
Para las nuevas Pandoras no es suficiente conocer el ADN, ni los cromosomas, ni acaso los genes responsables de la enfermedad. El capricho de los dioses, no más, se convierte en la única justificación de sus vidas.
En las nuevas Pandoras cualquier señal de su cuerpo está bajo sospecha porque ya ningún dolor es inocente.
Las nuevas Pandoras, a veces, cierran la caja a tiempo y al fondo siempre, siempre, descubren la esperanza.
Yo soy una de ellas. Y pese a todo, he aprendido a  confiar en el regalo de los dioses, que rectifican mi mundo en cajas nuevas.



sábado, 29 de marzo de 2014

MICRORRELATO FANTÁSTICO III




Empezó a tenerles miedo. Al principio solo a una, la más grande: ante ella todas las vistas se volvían. Después fueron llegando otras, no tan grandes, pero casi tan terribles como ella. Luego vinieron las de apariencia menos temible, aunque no por ello menos peligrosas. Cada día aumentaba el número de manera imperceptible. Al fin fueron tantas que tuvo que escribir su nombre, por si por error las nombraba. Y fue tachándolas una a una de las pocas que aún quedaban en la lista. Hasta que una mañana despertó con la página en blanco. Enmudeció horrorizado y empezó a tararear melodías absurdas, temeroso de que las palabras pudieran hacerle daño con solo pensarlas.


MICRORRELATO FANTÁSTICO II







Le estaban agujereando los sueños. Al principio no fue capaz de percatarse del pequeño hurto. Los contaba cada noche y estaban todos. Es cierto que cada día más escuálidos y pusilánimes, pero ni uno solo de ellos había causado baja. Decidió hacerles una revisión exhaustiva pese a sus negativas continuadas. Les tomó la tensión y el pulso e incluso repitió las analíticas. Todo en vano. No había nada extraño más allá de la pérdida de peso. Finalmente, optó por el método más antiguo y seguro: se asomó a través de su insondable boca y pese a la oscuridad reinante, lo pudo ver al fondo, agazapado y semiinconsciente: un monstruo, pequeño y peludo, con ese aire de desconsuelo que ponen ante los adultos cuando son descubiertos. Procedió igual con el resto y tal y como presentía encontró la misma causa para el mismo desorden. Pulsó el botón de emergencia que había bajo su mesa para estos casos y se sentó impasible a contemplar cómo se iban cerrando las puertas y sellando las ventanas. Él mismo decretó el estado de aislamiento. No sabía cuántos más podrían estar  contagiados ahí fuera.


MICRORRELATO FANTÁSTICO I







Sé que no me creerás si te digo que es de noche y que la ciudad parece abandonada y que nosotros tres en esta casa sola, los últimos supervivientes. Es de noche y todas las voces, incluso las que nunca son reales -las de mi cabeza-, parecen estar calladas en el silencio de esta madrugada. Llaman a la puerta. Voy a abrir temblando por el frío, porque es de noche, pero nadie me responde al otro lado. Apuro angustiada las horas que quedan hasta el amanecer mientras te escribo esta carta. Saliste ayer de viaje y te dije que en tu ausencia todo podría suceder. Reíste con la risa del que tienta la suerte sin saberlo. A mí, apenas me quedan unas horas, mientras aún es de noche, y pienso en lo que les diré a los niños cuando se levanten y miren afuera y vean que, efectivamente, somos los últimos.



jueves, 27 de marzo de 2014

MUDANZAS


"No es fácil cambiar de casa,
de costumbres, de amigos,
de lunes, de balcón.
Pequeños ritos que nos fueron
haciendo como somos (...)
Hay cosas que no arrastra el equipaje:
el cielo que levanta una persiana,
el olor a tabaco de un deseo,
los caminos trillados de nuestro corazón.
No es fácil deshacer las maletas un día
en otra lluvia,
cambiar sin más de luna,
de niebla, de periódico, de voces,
de ascensor.
Y salir a una calle que nunca has presentido,
con otros gorriones que ya
no te preguntan, otros gatos
que no saben tu nombre (...)

Ángeles Mora, "Elegía y postales”






Hay casas que acaban pesando como un lastre. Puertas que abres un día y que ya no son la antesala de tu hogar. Ventanas que desembocan en patios oscuros y sórdidos. Habitaciones habitadas por fantasmas que ya ni siquiera te dan miedo. Intentas pintar las paredes, por si acaso resultan menos tristes. Y pones cortinas de colores chillones, por si acaso despistas al mañana. Pero te convences de que todo es ya inútil y firmas como funcionario indolente el acta de defunción del recuerdo.  

Y decides cambiarte de casa, como el que cambia de traje, así, sin contemplaciones. Y te prometes a ti misma abandonar tu pasado en los rincones. Y esconder por los armarios tus temores. Y meter bajo las alfombras los sueños incumplidos. Pero no sabes cómo hacerlo porque adquiriste sin saberlo, tras la defunción de tu marido, una multipropiedad a medias con tus hijos ¡Qué ironía, señor juez, que no me deje usted vender! ¡Qué ironía que mi marido falleciera un año después de comprar la casa y yo sola esté pagando por mí y por todos mis compañeros, como decíamos en los juegos infantiles! ¿Y si dejo de pagar, señor juez? ¿Me reclamarán tan solo el tercio de mi propiedad?

Pero encuentras soluciones. Porque, después de la enfermedad, ya sabes que no hay mudanzas imposibles. Y aunque sientes un poco de pudor ante el qué dirán del vecindario, sabes que es la única forma de salir de allí. Y te armas de valor una mañana y cuelgas el cartel, bien grande, para que no haya dudas: "Se alquila casa encantada". Y redactas el anuncio: "Casa grande y lúgubre, con un toque siniestro en los pasillos. En muy buen estado. Los fantasmas van incluidos en el precio. Muy bien educados. No importunan a partir de las doce. Se ofrecen referencias". 

Solo entonces compruebas, apenada, cómo acabamos por sentir querencia hasta de nuestros propios fantasmas. Y cierras la puerta definitivamente tras de ti, por si alguno se lo piensa mejor y decide acompañarte.


miércoles, 26 de marzo de 2014

SER FELIZ


"Quizá debería hoy felicitarme,
recibir mi cordial enhorabuena
por tantos equilibrios, por estar
aquí, sencillamente,
sencillamente pero nada fácil
habitar esta tarde, haberla conquistado
a través de batallas,
caídas, días grises, desamores, olvidos,
pequeños triunfos, muertes
muy pequeñas también,
pero también muy grandes.
Haber llegado hasta aquí, hasta esta luz (...)

Vicente Gallego, "Profesión de fe"

"El sembrador de estrellas"

Como he decidido inventarme a mí misma, sé que me estoy convirtiendo en una impostora. He aprendido a falsificar esa sonrisa con la que intento convencerte de que todo va bien. Y falsifico a veces también mis recuerdos, como si no fueran ciertas algunas cosas que ni siquiera pudimos imaginar. He llegado a falsificar incluso mi esperanza, para que tú sigas creyendo en la alegría. Todos aceptan esta moneda falsa como pago por tantos despropósitos que acumula mi vida. Todos salvo tú, que conoces una a una mis poses y que miras permisivo hacia otro lado mientras me dejas tentar la suerte, lanzar los dados una vez más, hacer trampas si es preciso, por si acaso a partir de hoy, quizá, todo /lo que tanto he soñado, todavía, /pudiera sucederme"



martes, 25 de marzo de 2014

SUEÑOS


"Quizá soñar sea el único inventario de lo cierto,
pues cuanto hemos visto es,
                                               de lo real,
                                               tan solo unos destellos de deseo"

Antonio Lucas, "Lo real"


M. Chagall, "Novia de dos caras"

Ahora que sé que te has ido definitivamente, como la visita educada que al dar las nueve sale apresurada del salón, empiezas a vivir en cada uno de mis sueños. Esta noche, tú eras tú y todos los hombres a los que he amado. En ti, confundidos, mis quince años, y mis treinta y mis cuarenta. Me regalabas un vestidito de muñecas y yo te confesaba, alegre, que aún las conservo casi intactas, igual que mi infancia. Sé que te has sentido como en casa y que escondes voluntad de permanencia, ¡a mi no me engañas! Tampoco me engaño yo cuando te confieso, un tanto avergonzada, que cada noche, desde hoy, acudiré presurosa a mis sueños, por si te encuentro. Aunque sepa que despertar atrapada en el mismo desconsuelo de la novia que llega demasiado pronto el día de su boda es mi destino más seguro.



lunes, 24 de marzo de 2014

BAJO EL VESTIDO ROJO


"Cada día pasamos junto a otras personas. Individuos que parecen normales, pero los cuerpos que se ocultan debajo de sus ropas cuentan una historia muy distinta"

Beth Whaanga

Juan Gris, "Cantante"

Desde que había desarrollado esa extraña virtud, toda su vida empezaba a estar en el más absoluto desorden. Se sonrojaba al pasar frente a su entrenador. Apartaba la mirada ante el marido de su amiga. Y siempre que el guardia de la puerta del trabajo se giraba para darle paso, no podía evitar taparse la cara con los dedos muy abiertos, como los niños cuando miran una película de miedo. Empezaba ya a acostumbrarse a ver lo que la gente oculta tras sus ropas, aunque aún se llevaba algún sobresalto que otro. 

Pero desde el lunes, ese poder estaba empezando a resultar especialmente incómodo. Llamaron a la puerta y supuso que sería al fin el pedido de libros que llevaba una semana esperando. Abrió y, efectivamente, allí estaba su paquete. Al firmarle el recibo, la vio: a la altura de su estómago, aun enrojecida y con esos bordes sinuosos que ella conocía tan bien. Desde ese momento, empezaron a desfilar ante sus ojos todas las cicatrices de los cuerpos con los que se fue tropezando a lo largo del día: grandes, pequeñas, antiguas, recientes, ocultas, visibles, dolorosas, insensibles, vergonzantes, jactanciosas... Aquellas marcas tenían un lenguaje propio y contaban las historias que sus dueños luchaban por mantener ocultas tras sus ropas. 

Después de varias horas contemplando a solas ese sórdido espectáculo, agotada, llegó hasta el puente. Con dolor  pero sin un rastro de vergüenza, empezó a desabrocharse lentamente aquel vestido rojo ante la mirada atónita del guardia que apenas si pudo taparla con su propio cuerpo mientras se echaba la mano instintivamente hacia el costado que años más tarde acabaría marcado de forma tan impune en aquella reyerta callejera.


domingo, 23 de marzo de 2014

MICRORRELATO





Y aunque no sabía muy bien quién era ese señor, cada vez que la veía parapetada tras sus libros y con cara de pocos amigos, volvía a escuchar aquello de que si Cervantes hubiera tenido dos hijos a su cargo, no habría pasado de "En un lugar de la Mancha". Y sonreía, y pese a su corta edad, ya intuía él que el Cervantes ese era alguien importante para su madre. Seguro que algún antiguo novio, -se decía a sí mismo- que aún no ha conseguido olvidar. 

viernes, 21 de marzo de 2014

FUTURO PERFECTO


-Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
-Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar - dijo el Gato.
-No me importa mucho el sitio... -dijo Alicia.
-Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes - dijo el Gato.
- ... siempre que llegue a alguna parte - añadió Alicia como explicación.
- ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte - aseguró el Gato -, si caminas lo suficiente!

Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas


Eva Calonder



Cada día entablas combates mortales con personajes escapados de tus cuentos. Me dicen que dudas de los atajos que te proponen los lobos. Que nunca pruebas las manzanas de las brujas por si están envenenadas. Que te camuflas con perfume para que ningún ogro te descubra. Que te enfrentas con dragones de otros reinos. Y que rompes los espejos de las madrastras que abandonan a sus hijas en el bosque. 

También sé que ya no te tragas que el beso del príncipe reviva a Blancanieves en su ataúd de cristal. Ni que las lágrimas de Rapunzel sanen la ceguera del príncipe provocada por el hechizo de una bruja. Ni que Bella acabe por enamorarse de bestia. Sé que desconfías de las hadas, aunque se hagan llamar Campanilla. Y que, como Alicia, a veces, te sientes tan pequeña que temes ahogarte en el propio charco de tus lágrimas. 

Quizá sin tu saberlo, estos sean los últimos sueños de tu niñez. Despertarás del sueño. Pero te quedarán palabras escuchadas desde la cuna con las que levantar torres altísimas sobre las que encaramarte para contemplar, al fin, el mundo.


"En caballo con alas, hacia acá se encamina, 
en el cinto la espada y en la mano el azor, 
el feliz caballero que te adora sin verte, 
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte , 
a encenderte los labios con su beso de amor!"

Rubén Darío, "Sonatina"


jueves, 20 de marzo de 2014

FUTURO IMPERFECTO


"Es rara, ¿no? la nostalgia... Porque tener nostalgia en sí no es malo, eso es que te han pasado cosas buenas y las echas de menos. Yo por ejemplo no tengo nostalgia de nada, porque nunca me ha pasado nada tan bueno como para poder echarlo de menos... eso sí que es una putada (...) ¿Se podrá tener nostalgia de algo que aún no te ha pasado? Porque a mí a veces me pasa. Me pasa que me imagino cómo van a ser las cosas, y luego me da pena (...) pero es como una tristeza a cuenta, como la fianza de cuando alquilas una casa, pero con tristeza, que la pones por delante, porque total, sabes que la vas a acabar utilizando igual..."

Princesas, dirigida por Fernando Leon de Aranoa


Sonia Maria Luce Possentini


Sé que aún es demasiado pronto, pero algún día aceptarás que tras el recuerdo se esconde siempre, agazapada, la nostalgia. Que algunos recuerdos valen lo que tu pena. Y que a cambio de la memoria, el dolor acaba por convertirse en tu única credencial.

-Merece la pena- me dices en un futuro improbable, mientras clavas esos ojos que aún no han perdido, ni siquiera adulta ya, ese fondo de niña desvalida y triste.

-Tú sabes que lo mejor que te puede pasar, en el fondo, es la nostalgia porque toda nostalgia encierra siempre algo de verdad. No podemos añorar lo que no ha sucedido. 

-Es que no es nostalgia. La nostalgia es solo tristeza por el recuerdo de una pérdida. Es algo más. Es pena. Es dolor. Es sufrimiento. Es... como asomarse a un precipicio oscuro.Tengo pocos recuerdos suyos. La mayoría no sé si son reales, pero conservo intacto cada uno de ellos. Los repaso cada noche en la antesala del sueño y me acompañan como una sombra que me devuelve la conciencia de que soy real.

-¿Recuerdas cuando tu dolor regresaba irremediablemente a mí como un bumerán y acababa golpeándome como sí yo fuera la bruja mala de este cuento? ¿Recuerdas cuánta culpa había siempre detrás de mi mirada? No ser capaz de restar ni un ápice a tu dolor me arrebataba los atributos de la maternidad que yo envidiaba en otras madres: el poder de sus palabras bastaba para apaciguar el llanto de sus hijos. Y yo... ya ves.

-Sí, es cierto, y así pasamos media vida, deambulando de la culpa a la frustración y de la frustración a la culpa. Llegué incluso a decirte que habría preferido mil veces que hubieras sido tú la que se hubiera muerto. Te atreviste incluso a amenazarme con que quizá necesitara estar lejos de ti un tiempo. Y luego, vuelta a empezar.

-Nada te sirvió, ni siquiera mi enfermedad, ¿recuerdas?

-Iba a cumplir cinco años cuando mi padre murió. Creía firmemente que la magia producía acontecimientos y que tu amor podría haber evitado incluso su muerte. Y en cambio, no fue así, no pudiste. Hoy siento tu impotencia y tu desconsuelo de aquellos años y ahora soy yo la que contempla tu herida, incapaz de restañarla. Dejaste muy pronto de ser una madre todopoderosa y te volviste real, demasiado real. 

-No más real que el humo de estas palabras que no existen aún en mi memoria y por las que pago con una tristeza a cuenta, que pongo por delante porque sé que la acabaré utilizando igual. Hasta que seas adulta y al fin descubras que, pese a lo que te conté tantas veces, casi nunca tenemos el poder de elegir. Que, de hecho, pocas cosas elegimos, salvo el honor y la dignidad con que las afrontamos.

"Tuve amor, y tengo honor,
esto es cuanto sé de mí"

Calderón de la Barca, El médico de su honra.





miércoles, 19 de marzo de 2014

FELICIDAD CLANDESTINA


"Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina"

Clarice Lispector, "Felicidad clandestina"



"Lectura",Jan De Maesschalck


Recuerdo haber descubierto esa felicidad clandestina con un libro de mi infancia. Tenía nueve o diez años y también yo fui poniendo obstáculos que postergaran ese momento temido y ansiado de llegar a la última página. Me gustaba tanto que, desde el principio, tuve presente la amenaza que supondría seguir avanzando. Ese final diferido dio una extraña emoción a mi lectura, que desde entonces, se convirtió en un placer clandestino. Aquella primera experiencia de la infancia marcaría probablemente para siempre una forma particular de entender la felicidad.


martes, 18 de marzo de 2014

EL DÍA DEL PADRE


"Agarrado a tu brazo
no existía dolor capaz de delizarse
por las frágiles piernas
del niño que creía en la inmortalidad (...)
Iba a ser tan feliz que escocería
muchos años después"

Fernando Valverde, "El último minuto"






Pensé en regalarles una infancia tan feliz como la que yo tuve. Con esa "pasión insolente de los días felices". Ofreciéndoles lo único seguro que creí que estaba en mis manos. Pero el dolor se deslizó por sus frágiles piernas y dejaron de creer para siempre en la inmortalidad. Y se descubrieron diferentes al resto, en un dolor tan temprano que escocería muchos años después. 

A veces, contrariados, me confiesan que querrían una familia normal: con un padre y con una madre que nunca hubiese estado calva. Otras, tras sus risas, adivino la seguridad que les prestan las pocas pero grandes certezas que han ido conquistando con tanto esfuerzo: certezas sobre el vivir y el morir, sobre lo que vale la pena y lo que no, sobre los afectos... Y yo, que la mayoría de las veces no soy más que un testigo mudo de sus conversaciones, me conmuevo y me admiro ante la fuerza de unas palabras que tambalean mis cimientos, apuntalados solo por sus afectos.

Camino del cole me asaltan siempre como un ladrón a media noche. Me hacen apagar la música del coche y yo ya sé que debo prevenirme ante sus palabras: 
-que por qué no te vuelves a casar, preguntan mis amigos
Y sin dejarme tiempo para tomar aliento, responde Jorge con voz templada
-ya lo hemos hablado muchas veces, Belén, un padre es siempre irremplazable
Me emociona esa palabra tan grande en su boca tan pequeña. Y lo miro orgullosa de ese ser que encuentra palabras para traducir emociones tan complejas.

-Mis amigas dicen, mamá, que mañana será un día duro para mí
Yo les propongo, con un entusiasmo fingido, ir al cementerio y dejarle un dibujo y algún poema. Pero Jorge, muy serio, como el que acaba de hacer un gran descubrimiento, me asesta
-¿podemos abrir la tumba para verlo? 
es Belén esta vez la que ataja solemne la conversación
-solo veríamos arena
Y les recuerdo que las personas viven para siempre si somos capaces de mantener viva su memoria. Pero ellos ya están muy lejos otra vez, y regresan a sus pulseras y a su colección de cartas y de nuevo, vuelvo a ver a dos niños, solo eso, dos niños sonrientes y felices, asentados en una felicidad construida día a día sobre los recuerdos y las certezas que les convoca saber el alto precio que todos hemos pagado por la risa de hoy.




domingo, 16 de marzo de 2014

POÉTICA VITAL


"Joaquín Benito de Lucas, Rafael Alberti, Concha Zardoya, J.J: Armas Marcelo, Y Leonardo de Arrizabalga y Prado. Dámaso Alonso y Jose Luis Alegre. Pureza Canelo, Féliz de Azúa, José Elías, Juan Gil-Albert y Justo Guedeja Marrón (...) Una sola cosa es cierta. Que somos demasiados"

Jose Luis Jover, "Poética"


Movimiento Acción Poética

Me gustan las poéticas. Me detengo siempre al comienzo de algunos poemarios en esa justificación íntima y a veces inútil de los principios o reglas que rigen su discurso. Me gusta especialmente esta: no hay mayor justificación para un texto que los nombres de otros autores a través de los cuales ha transitado un poeta hasta llegar a alcanzar su voz.

Pero más urgente, si cabe, es la confección de la propia poética vital: justificar la vida en los nombres de aquellos a través de los que hemos transitado hasta llegar a ser quienes somos. Hacer la lista. Contar los nombres -casi siempre salen los mismos, alguna sorpresa de última hora-. Saber reconocerse en cada uno de ellos. Reordenarlos cada cierto tiempo. Romperla cuando la vida aprieta. Y volver a empezar. Y al final comprobar que una sola cosa es cierta: que, aunque así lo sintamos a veces, no son demasiados porque cada nombre se vuelve irreemplazable en el perfecto entramado de una vida.


sábado, 15 de marzo de 2014

GAME OVER II


"Quizá el azar se burle
de mi absurda creencia en el destino"

Lorenzo Oliván, "Casual"





Escuchó aquella voz que pronunció su nombre por megafonía y no pudo ocultar su temor: aquella era la misma voz del inspector médico de la última vez. Se contempló a sí misma ataviada otra vez como si fuera al gimnasio y pensó en quién la había convencido de que a una inspección había que ir con aquel aspecto tan lamentable. Sintió deseos de salir corriendo pasando por encima de aquella chica que, a la espera también del veredicto de un médico, no tenía el menor reparo en lucir su minifalda y que llevaba maquillaje suficiente como para presentarse candidata a reina del carnaval.

Entró con paso tembloroso hasta dar con su puerta. Tardó pocos segundos en reconocer aquel rostro: era tal y como lo recordaba. Pero esta vez, le plantó una radiante sonrisa a modo de saludo. No se dejó llevar por la aparente buena voluntad del gesto. Se produjo de nuevo un breve silencio mientras leía el expediente y, tras un breve titubeo, le preguntó cuánto hacía desde la última inspección. Contrariado, comprobó que el mes anterior él mismo la había entrevistado en aquel despacho. Aburrido, sentenció que esa nueva inspección no procedía y que su informe, por supuesto, sería favorable. 

Era su quinta inspección médica, estaba cansada, pero sorprendida, suspiró ante su buena suerte. Había conseguido burlar su mala estrella. Esta vez, ni siquiera necesitó presentar el informe que el simpático sustituto de su oncóloga le había redactado con tanto esmero. Quizá fuera cierto lo de la magia de las palabras. Pensó en sus secretas maldiciones de la última vez imaginando al pobre inspector rodeado de frenéticos adolescentes. Recordó una larga lista de palabras mágicas y pensó en las suyas, en la carta que le había escrito y que llevaba toda una semana ensayando para pronunciar cuando estuviese frente a él. Se asustó al comprobar que quizá fuera cierto que las palabras, a veces, actúan como un sortilegio con sólo pronunciarlas, con sólo escribirlas, con sólo pensarlas. 

Le tendió la mano a modo de despedida, dedicándole su mejor sonrisa y justo cuando estaba a punto de cerrar la puerta, el doctor se levantó para recoger un pequeño muñeco que se le había caído del bolso y que guardaba un sorprendente parecido con él mismo. 

Solo entonces supo que aquello que le decía a sus alumnos, que la literatura servía para mentir con estilo era su única verdad.


jueves, 13 de marzo de 2014

LA SOLEDAD DEL NÁUFRAGO




"Y recomienzan los naufragios, la lenta natación hacia las playas,
el sueño boca abajo entre medusas muertas y cristales de sal 
donde arde el mundo"

Julio Cortázar, Último Round



Fernando Jiménez, "Restos del naufragio II"

Reconocí en sus ojos la soledad del náufrago. Desde lejos lo contemplé mientras cumplía con la obligación del que sobrevive, estrechando una mano tras otra, recibiendo estoico las palmadas de afecto y asintiendo paciente a las pobres palabras de aliento que, azarosos, algunos se atrevían a pronunciar. A distancia escuché los entrecortados "lo siento", que pronunciados en voz alta sonaban absurdos y pobres frente a la desolación de sus ojos. Sentí el silencio hiriente de los que se abrazaban a él como el que se ata a un madero en medio de la tempestad. Adiviné el "te acompaño en el sentimiento" de algunos mayores, testigos forzosos de demasiados naufragios. Yo solo estuve allí, mirándolo en silencio, esperando a que nuestros ojos se cruzaran unos segundos, los suficientes, creo, para que él también reconociera en los míos la soledad del náufrago.



miércoles, 12 de marzo de 2014

¿QUIÉN ME HA ROBADO EL MES DE ABRIL?


"La muerte y el amor
son tareas del cuerpo,
caminos diferentes 
que llevan a lugares parecidos,
faros que nos persiguen en busca de una fecha
y que al llegar nos quitan
autoridad en nuestra vida"

Luis García Montero, Completamente viernes


Me escribes que A. ha muerto. Así, sin palabras edulcoradas, sin tratos de favor. Salgo de oncología, después de tantos meses sin atravesar aquella sala. Me abalanzo hacia la salida de aquel lugar en el que el tiempo no transcurre, respiro hondo sabiéndome a salvo y, entonces, recibo tu mensaje.

Continúo andando. Es un camino que mis pies se saben de memoria. Lo he recorrido sin fuerzas, con temor, con rabia a veces, con todos los matices de alguien que lucha desesperadamente por alejarse de la enfermedad. Hoy, apenas si avanzo. Acude a mi memoria el recuerdo de la última vez que estuvimos todos juntos: nos regaló una "fiesta rosa" en el jardín de su casa, semanas antes de mi operación. Y como en una caída infinita, uno tras otro, empiezan a precipitarse todos los recuerdos que conservo de ella,todos, hasta el día en el que la vi por primera vez. 

Me siento mareada por esta sucesión de imágenes. En todas reímos. Con una inconsciencia que hoy me asusta. Me asalta la incredulidad. Habíamos hablado de ella muchas veces en los últimos meses. No podía creerme que estuviese otra vez enferma, del mismo modo que hoy me niego a aceptar su muerte. Porque, si ella muere, muere también la prueba fehaciente de que es posible salir ilesos de esta lucha. Porque, sí ella muere, la muerte volverá a revolver nuestras pobres certezas. Porque, si ella muere, una vez más, "quedaré muerto sin que nadie /lo sepa" (Ángel González)



martes, 11 de marzo de 2014

COSTURAS


"Con cuyo principio comenzaron tantas cosas que luego no han dejado apenas de comenzar"

Thomas Mann, La montaña mágica



La primera vez que pude contemplar mi cicatriz, libre de los puntos y de los esparadrapos que hacían de contención, sentí una profunda impresión, y no por la ausencia que en ella se delimitaba, tal y como un día imaginé, sino porque el corazón, por primera vez, quedaba al descubierto. Tuve una sensación muy extraña, una mezcla de asco y de sorpresa ante aquel trozo de carne que latía ante mis atónitos ojos como si nunca antes lo hubiera hecho.

Los primeros días, apenas si me atrevía a mirar. Pensaba que, en cualquier momento, aquel músculo tan desprotegido dejaría de latir sin previo aviso. Pero no fue así. Siguió latiendo, afortunadamente, y marcando con esa cadencia un ritmo diferente a mi vida y a la percepción de las cosas. 

Lo cierto es que, desde entonces, veo una cicatriz que me atraviesa de lado a lado el corazón. Podría haber sido el lado derecho, pero está en mi lado dominante, en el lugar que antes ocupaba mi teta preferida. Porque ahora que no la tengo, sé que esa era mi teta preferida. ¡Qué absurdo! ¿verdad? ¿Puede uno tener una teta favorita? Pues sí. Es como si a un hombre le preguntaran por su testículo favorito. Seguro que sentiría tanto pavor de imaginarse sin uno de sus atributos que apenas podría articular palabra. En cambio yo, he aprendido a hablar sin pudor de mi teta.

Es una bonita cicatriz, cada días más. Me gusta y ese sentimiento intercede a favor de mi cuerpo. Pero, lo cierto es que me sigue doliendo. A veces, cuando hago ejercicio, fuerzo mi brazo hasta ese límite en el que mi cicatriz me recuerda su presencia. Y entonces, por un instante solo, me acuerdo de ella, y es una sensación agradable. Es como recordar que debes cuidar de alguien. Porque a eso me convoca mi cicatriz, a cuidar de mí misma y de mi cuerpo como nunca antes lo hice. Y así, cuando no cojo peso con mi brazo izquierdo, no lo siento como una limitación, sino como un acto de amor hacia mi brazo, que ahora más que nunca, se ha convertido en mi brazo preferido. 

Pero, otras veces, me duele sin previo aviso y sin que yo haga nada por convocarlo y ese dolor es un dolor que va más allá de mi epidermis, que viene desde dentro, y que atraviesa capas y capas de tejidos que luchan desesperadamente por cicatrizar. Y entonces me acuerdo, por un instante solo, de todas las cicatrices que se esconden detrás de esa costura que me atraviesa y es una sensación inquietante. Es como descubrir que hay cosas que desde entonces, no han dejado apenas de comenzar. Y así, cuando me duele una pérdida muy antigua o me asalta un recuerdo casi olvidado, ya no los siento como una limitación, sino que los acojo como un acto de amor hacia mí misma, que ahora más que nunca, se ha convertido en mi gesto preferido.

lunes, 10 de marzo de 2014

JOAQUÍN


"Toda historia es dolor,
y el dolor es su historia"

Jenaro Talens






"Estamos delante del puente Milvio (...) Debajo de nosotros, el Tíber, oscuro y lóbrego, discurre silencioso (...)
-Esta es la tercera farola que da al otro puente... ¿Ves eso de ahí?
-Sí... Me parece que alguien se ha equivocado atando la motociccleta...
-Pero ¿qué dices, tonto? es el candado de los enamorados. Se engancha un candado a esta cadena, se cierra y se arroja la llave al Tíber
-¿Y después?
-Ya nunca más te separas"

Federio Moccia, Hoy tengo ganas de ti.



He de reconocer que, pese al éxito, a mí no me gusta este autor, pero lo que sí me gusta es ver cómo la literatura, algunas veces, atraviesa el terreno de la ficción y ufana, se acuartela en la vida real. Y tan real se ha convertido la costumbre de colgar candados en los puentes de buena parte de las ciudades europeas que las autoridades, cada cierto tiempo, intervienen para retirarlos y evitar sus posibles daños.

Pero yo no puedo evitar la fascinación que me suscitan los candados, y a través de ellos recorro el camino de vuelta: desde la vida real hacia la literatura. Porque, ¡cuánta literatura hay en los candados que cuelgan de los puentes! Historias como la de Abel y Joaquín que se prometieron amor eterno frente a aquel imponente mirador sobre el mar. El suyo era un candado llamativo: grande, brillante, con esa inscripción realizada con tanto esmero. Y yo, como una intrusa, quise arrancarle su historia: tal vez un Joaquín jovencísimo jurando amor eterno ante un Abel conmovido por ese temblor que producen siempre las palabras de amor cuando se pronuncian por primera vez.

Me olvido casi del mar y me dejo llevar por el misterio de las historias impresas sobre candados. Pero tan solo a pocos metros la historia continúa:


Y es ese el instante exacto en el que la literatura estalla con sus posibilidades siempre infinitas: ¿quién fue antes en la vida de Joaquín: Modesto o Abel?; ¿Hacia qué lado se desequilibra la balanza: hacia el "siempre juntos" o hacia el "amor eterno"?; ¿Por qué eligió el mismo lugar?; ¿cómo Joaquín se atreve de esa forma a repetirse a sí mismo? 

Y sigo imaginando... y construyo su historia... y lleno los huecos que existen desde Abel a Modesto... y adivino el dolor que se esconde desde uno hasta otro... y cuento los candados que como sombras separan sus vidas... y me rindo ante el amor y la literatura, ante la vida y sus posibles. 




viernes, 7 de marzo de 2014

PERMISOS


"También alguna vez hice el viaje
intentando creer y ser dichoso
y repitiendo al golpe de los remos
aquí termina el reino de la muerte"

Guillermo Carnero, "El embarco para Cyterea"






Hace unos meses empecé a soñar con Dharamsala, la capital del Tíbet en el exilio, al norte de la India. Pedí permiso a mi familia y a mi médico  y solo cuando obtuve su aprobación, me concedí a mí misma el permiso para soñarlo. Me imaginé vestida con un sari, haciendo yoga al amanecer y meditando al atardecer durante dieciséis días y supe que sería el mejor final para esta última y difícil etapa de regreso hacia mí misma. Finalmente, el viaje se pospuso para septiembre. Pero septiembre está tan lejos de mis expectativas como lo está ya la propia India.

India me dejó el sueño y sobre todo, el permiso para soñarlo. Queda pospuesto ese viaje, como tantos. Pero, mientras llega, se hace necesario emprender otros, con itinerarios vitales quizá más inciertos, tras la búsqueda de espacios difíciles de conquistar, y con la esperanza de encontrar los auténticos permisos que solo yo puedo concederme para traspasar fronteras que siempre creí infranqueables.


jueves, 6 de marzo de 2014

MICRORRELATO: WENDY


“No puedo ya ir contigo, Peter. He olvidado volar, y…
Wendy se levantó y encendió la luz: él
lanzó un grito de dolor… »

James Matthew Barrie, Peter Pan.



Pero conoceremos otras primaveras, cruzarán el cielo otros nombres (...) El desvío en la ruta, la visita a la Isla-Que-No-Existe, está previsto en el itinerario. (...) El polvo mágico que necesitaba de la complicidad de un pensamiento es puesto tras de la pizarra, en una habitación para ellos destinada en el n° 14 de una calle de Londres, en una habitación cuya luz ahora nadie enciende. Usted lleva razón, señor Darling, Peter Pan no existe (...) No hay nada detrás del espejo, tranquilícese, señor Darling (...) Deje ya de retorcerse el bigote, señor Darling, Peter Pan no es más que un nombre, un nombre más para pronunciar a solas, con voz queda, en la habitación a oscuras. Deje ya de retorcerse el bigote, todo quedará en unas lágrimas, en un sollozo apagado por la noche: todo está en orden, tranquilícese, señor Darling.

Leopoldo María Panero, “Así se fundó Carnaby Street” 1970


Si enciendes la luz de la habitación, olvidaremos el camino de regreso hacia el país de Nunca Jamás y perderemos el polvo mágico que necesita la complicidad de un pensamiento. Dejaremos de ver las sombras que habitan tras el espejo. Y el mundo volverá a su orden inmutable. Y yo no seré más que el recuerdo ahogado del sueño de cuando estábamos vivos. Y estarás abocada a conocer otras primaveras y a dejar cruzar por tu cielo otros nombres. ¡Ay, si enciendes la luz! Escucharán mi grito de dolor y te quedarás para siempre a oscuras con tu silencio.


miércoles, 5 de marzo de 2014

MICRORRELATO: FECHAS DE CADUCIDAD


"El amor es una buena excusa para morir sin prisa una mañana o vivir, envuelto en llamas, más allá de las sombras. Pero el amor, como el maíz de bote o los espárragos trigueros, tiene la fecha escrita en el envase"

Raúl Vacas

Puso en fila sus elefantes de la suerte. Pensó que esta vez necesitaría algo más que suerte para salir del atolladero. Miró la fecha en el calendario: aún le quedaban varios días. Quizá aún tendría tiempo de inventar algún conjuro contra la mala fortuna. Recordó lo inconscientes que fueron entonces, cuando escuchaban las advertencias sobre las fechas de caducidad: entre tres y cinco años -decían algunos- Y ellos sonreían con la misma insolencia con la que sonríen todos los enamorados. Y continuaban, ajenos al tiempo y sus mudanzas, caminando impetuosos hacia su propio destino.


martes, 4 de marzo de 2014

ARITMÉTICA


"Siempre llega un día en la aritmética vital 
en el que cambiamos las sumas por las restas"

Jam







Llevo años posponiendo este momento. Anoto vertiginosamente en las columnas del debe y del haber. Tacho, enmiendo, calculo, registro, gasto, descuento, adeudo... pero, cobarde, siempre evito los balances. Por si las cuentas no me salen, por si los números me delatan. Pero hoy me he levantado con una valentía que roza la temeridad y un poco casi, por qué no decirlo, también la desvergüenza. Y me dispongo, decidida, a cuadrar mis cuentas ante los temidos auditores que me asedian, convertida en improvisado contable de mis penas.  

He perdido ya la cuenta de las inspecciones médicas a las que he sido sometida. Esta vez, desde la última, solo me han dado un mes de tregua. Y de nuevo al teléfono, esa voz que empieza a resultarme familiar se dirige a mí, amablemente, por mi nombre completo - desde la infancia, cada vez que mi madre me decía Carmen María, ya sabía yo que algo empezaba a ir mal- Y me vuelve a recordar que aporte todos los informes médicos en mi haber. Y yo que soy tan obediente, me he tomado en serio, una vez más, lo del debe y el haber. Y como no tengo nuevos informes médicos que aportar, he decidido redactar esta carta, más que nada por no ir con las manos vacías. En su defecto pensé en llevarle un obsequio de esos que se les lleva a los médicos rurales, no sé... una tarta, unos huevos ecológicos... pero imaginé al guardia de la entrada receloso de mi buena voluntad. Procedo.

Querido inspector médico: 

Empecé a trabajar en el año 98, como interina. Aquella era mi primera oposición, había una decena de plazas y saqué la nota más alta de mi tribunal, pero no tenía experiencia. Trabajar fue, no obstante, suficiente recompensa. A partir de ese momento empezó un largo peregrinar por destinos imposibles, con horarios descabellados, y pagando precios que hoy, con el tiempo, imagino demasiado altos, pese a tanta dicha. El trabajo así se convirtió en mi prioridad, hasta tal punto que el embarazo de mi hija llegó a término dos meses antes de lo previsto por una terrible preeclampsia ayudada, eso sí, por los largos viajes a Puerto Lumbreras. Pero no anticipé la baja. Nació un 1 de enero y en septiembre ya estaba trabajando de nuevo.

Después vinieron años de oposición. Terribles años de preparar oposiciones fantasmas en los que renuncié a los primeros años de mi hija. Pero merecía la pena: había conseguido ser lo que siempre soñé desde adolescente -solo me faltaba completar el sueño llegando a clase en una moto potente, pero eso ya se vería con el tiempo- Mientras tanto, trabajé y estudié, e hice de madre y de esposa y de todo, acongojada siempre por la terrible frustración de no sentir esa "realización" que tanto me habían prometido.

Pero aún estaban por venir tiempos más sombríos. Mi marido murió un 7 de diciembre y me quedé con un bebé de 14 meses y con una niña que estaba a punto de cumplir los 5 años. A los pocos meses recibí la llamada de la misma inspectora de educación que hoy supervisa mis bajas y me dijo que me tomara todo el tiempo que necesitara, que no volvería a molestarme. En septiembre estaba de nuevo trabajando.

Pero aquella inspectora no fue fiel a su palabra y volvió a llamarme. Me llamó 5 años más tarde a propósito de mi nueva baja. Hacía tan solo un par de meses de mi operación. Solo quería que yo le asegurase que antes de los 18 meses me incorporaría al trabajo porque, en caso contrario, tendría que iniciar los trámites del expediente por jubilación. Ya no la vi tan condescendiente como en la baja anterior y me recordó al sindicalista aquel que me espetó un día que lo mismo daba un hijo que dos en sus baremos para las comisiones de servicio y que el ser familia monoparental no era algo extraordinario hoy día. 

En fin, llevo 14 meses de baja. Empiezo a reconocerme en los espejos. Y no es cosa del tiempo, como dicen con las penas. El tiempo solo no hace nada la mayoría de las veces. Es gracias a los buenos profesionales que me han tratado y a mi terribles ganas de vivir. Se lo debo a mis clases de pilates, y a las de yoga, y a la natación, y a los masajes de shiatsu, y a las sesiones de peluquería, y a la tranquilidad, y a los amigos, y a los amores, y a la familia, y a todos las atajos que siempre he elegido contra la desesperanza. 

De incorporarme a mi puesto ahora, como imagino que usted querrá comunicarme, tendría que hacer frente a un horario imposible de conciliar con mi vida. Mire usted que mis jefes pensaron que el motivo de esta baja era tan evidente que no tendría que incorporarme en todo el curso. Máxime porque en nuestro centro hay compañeros que por menos han hecho de la baja su modus vivendi.

De modo que, y para no extenderme más, si sumamos el total, llevo 16 años trabajando y he cogido 4 bajas: 2 por embarazo -aunque el primero, al nacer prematura, lo alargué 2 meses más-; otra por viudedad: 6 meses en total; y la última, por un cáncer de mama: 14 meses hasta la fecha. Eso suma, un total de 30 meses de baja; bueno 22, porque las bajas por maternidad entran dentro de la "legalidad". Sumo y, no sé a ustedes, pero a mí la cuenta me sale. Apenas dos años a cambio de tanto despropósito. Y eso sí, siempre con una sonrisa en la boca, que no se diga. 

Confío, Señor inspector médico, que este informe le resulte convincente y que tenga a bien permitirme unos meses más para terminar de reconciliarme con la vida y volver así a un trabajo que, pese a todo, me sigue apasionando y para el que creo, sinceramente, que es una de las pocas cosas para las que he nacido.

Sin más, se despide atentamente:

Carmen María

Suya, siempre

PD: he usado cifras y no palabras en contra de la recomendación de la RAE para este tipo de texto con la vana esperanza de que las cuentas le queden a usted tan claras como a mí.



lunes, 3 de marzo de 2014

LOS RITOS





-¿Qué es un rito? -inquirió el principito.
-Es algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones"

El principito

Necesitamos los ritos. El rito nos permite, como dice El Principito, que un día sea diferente a otro día. El rito nos remite siempre a los acontecimientos decisivos de nuestra vida. Y en ultima instancia, nos remite al otro, a los otros, que es donde adquiere su verdadero significado. 

Hoy, especialmente, me he sentido emocionada, como no lo hacía en años, al poder compartir un precioso rito de iniciación: Belén hacía su promesa scout y entraba a formar parte de un movimiento que aún cree en la utopía de que es posible luchar por un mundo mejor. Al verla allí realizando cada uno de los gestos de ese precioso ritual, me ha conmovido comprobar que el poder del rito radica en la fuerza que tiene de pautar un camino a seguir.

He pensado en mí misma hace ya muchos años y en mis ritos de iniciación. He pensado en su padre, hace ya muchos años, y en sus ritos de iniciación. He intentado disimular el dolor que me provocaba su ausencia. Por un instante, lo he imaginado allí, alzando su mano para hacer el saludo scout con el que recibir a su hija y, una vez más, he sentido el bocado de la muerte en mi vida. 

Pese a todo, vuelvo la vista atrás y me sé afortunada: he crecido rodeada de ritos fascinantes que me han permitido dotar de sentido mi propia biografía e iluminar, incluso, mis momentos más sombríos. He aprendido a celebrar la vida, con todos sus matices, en todos sus acontecimientos. He seguido inventado nuevos ritos en los que poder reconocer agradecida el regalo constante de este tiempo de prodigio.  





domingo, 2 de marzo de 2014

TOMAR DECISIONES


Desde El monte de las cenizas


"Para quien anda a tientas,
Y no sabe,
La noche abierta es un peligro hermoso"

Ángel González, Otoños y otras luces. 



No había sido un camino fácil. Llevaba ya varios kilómetros de ascenso acompañado solo de su respiración entrecortada. Empezaba a atardecer. Repasaba mentalmente el plano una y otra vez, temía haberse equivocado. Recordó un par de momentos de indecisión en los que se vio obligado a continuar casi a tientas, sin saber muy bien por donde ir. Asustado, se tumbó al borde del camino. El silencio podía quebrarse. Al fondo, quiso imaginar un murmullo. Se levantó, contó diez, tal vez quince pasos y ahí estaba, tras la última curva, tal y como se lo habían prometido: el mar, indiferente a sus preocupaciones, ajeno a sus indecisiones, esperando desde el principio que sus pasos lo condujeran hasta el.