domingo, 25 de agosto de 2013

MÉDICOS II



"Los hombres que se ocupan de restaurar la salud de los demás uniendo habilidad con humanidad están sobre los grandes de la tierra"

Voltaire



En su lento peregrinar de los últimos meses había conocido a médicos de todos los talantes. Los había amables, distantes, circunspectos, seguros... Todos grandes profesionales, pensaba agradecida por la buena suerte de saberse viva. Pero, en secreto, casi desde el principio, había echado en falta algo que no sabía muy bien cómo definir. La mayoría se habían convertido en personajes cruciales dentro de su azarosa biografía. Ella lo sabía bien y les pagaba con el justo y merecido agradecimiento eterno del que se sabe en deuda con el que ha realizado un buen trabajo. Todos habían sabido mantener los estrictos límites que exige relación médico paciente,  y ella en ningún momento, ni siquiera en los peores, había perdido la digna compostura que se había propuesto mantener desde el principio. Solo en el breve instante de una conversación había dejado su rol de paciente y había sido capaz de compartir con su cirujano alguna de sus historias. Pero, ahora, de vuelta, era otro el que supervisaba su trabajo y a una distancia de varios metros contemplaba su cicatriz y con tono adusto le comunicaba que todo iba bien. No sabía qué, pero, definitivamente, faltaba algo en aquellos profesionales a los que tanto les debía. 

Y, cuando ya no esperaba más sorpresas, al final casi del trayecto, cuando ya parecía que no haría falta, apareció ella. Había sido una semana bastante intensa: cita con la oncóloga, revisión del cirujano, y ahora la primera cita antes de la radioterapia. Pensaba que este último paso sería un puro trámite: recibiría unas indicaciones sobre las cremas protectoras, programarían las sesiones, y el resto, confiar en que las máquinas hicieran su trabajo.  Ya desde el principio, le llamó la atención que alguien se molestase en hacerle una foto para adjuntar a su expediente -¡menuda cara, ni la peluca ni el maquillaje escondían los signos del cáncer- Le sorprendió que a alguien le interesase por primera vez el nombre de su acompañante, y que incluso, se molestase en escribirlo en su ficha. Escuchó asombrada cómo tras su historial alguien desentrañaba los difíciles capítulos que precedieron a la aparición del cáncer. Se extrañó de que dispusiese de fotos y gráficos con los que explicar el tipo de tumor de cada paciente. Fue una  larguísima conversación en la que poco a poco fueron olvidando que estaban en una consulta y empezaron a hablar de la vida y sus posibles.  Acabó dándole la bienvenida como hacía con cada uno de sus pacientes y ella no pudo más que sentirse agradecida, convencida incluso de que aquellos meses que aún le quedaban por delante hasta su completa recuperación se convertirían en una auténtica oportunidad que no estaba dispuesta a dejar pasar.  


domingo, 18 de agosto de 2013

FELICIDAD




Ahora sí, estaba convencido al fin de que aquellos días encerraban lo que más tarde intentaría recordar como su cota más alta de felicidad. Con frecuencia, la felicidad nos tiende estas trampas: solo la identificamos años después, cuando aquello que nos hizo mirar complacidos nuestra existencia forma parte ya definitivamente de nuestra memoria. Pero a partir de ese momento, intuía que todo sería diferente.

Había empezado a notar los cambios aquella tarde frente al espejo de la casa familiar comprado en una almoneda por el abuelo hacía ya varios lustros. Se vio a sí mismo frente a él buscando más allá de las manchas de humedad y de las rayas de su superficie algún gesto, alguna señal que le resultara familiar. La imagen que le devolvía el espejo coincidía, con la precisión propia del trabajo de un buen taxidermista, con las fotos de los álbumes que se escondían dentro del viejo armario, pero era incapaz de reconocerse: había empezado a olvidar. Fingía ante sus padres, demasiado ancianos para enfrentarse a ciertas verdades; fingía ante su esposa, extenuada después de soportar su larga enfermedad; fingía ante sus hijos, tan necesitados de un padre como él de una identidad; pero ante su perro, no se esforzaba en disimular. Solo ellos dos compartían aquella inquietante verdad: todo el pasado había quedado suspendido en una especie de limbo incierto y a partir de ese momento, solo tenía por delante presente, kilómetros y kilómetros de felicidad por estrenar.



viernes, 16 de agosto de 2013

BUENAS NOTICIAS







Como todas las mañanas, al amanecer, se levantó y encendió la radio de la cocina. Mientras ponía el café en el fuego, escuchó un tanto sorprendido la noticia. Indiferente pese a todo, salió en dirección a la ducha con el firme propósito de olvidar una larga noche de insomnio. Solo el pitido de la cafetera consiguió devolverlo a la realidad. Ya más animado , sentado frente al café recién hecho, otra noticia feliz se escapó de la boca del periodista, y eso fue solo el comienzo: aquella retahíla de optimismo acababa de estallar. Su naturaleza desconfiada le hizo suponer una feliz casualidad. Encendió la televisión y el ordenador, que no hicieron otra cosa que confirmar su sospecha. Ahora solo cabía esperar, quizá fuera cierto que ya estaba aquí el fin del mundo tan anunciado, o tal vez, solo tal vez, se tratara del comienzo tan esperado.


jueves, 15 de agosto de 2013

TIEMPO DETENIDO



"Sin embargo, es difícil tener la cabeza en otra cosa cuando estás atrapada en tu cuerpo. Cuando la envoltura física asume todo el protagonismo. Ah, qué complicada relación hemos tenido siempre los humanos con nuestros cuerpos (...) El cuerpo nos apresa, nos enferma, nos limita, nos mata. Somos rehenes del cuerpo que nos toca y con él planteamos batallas que sólo acaban cuando fallecemos (...) Es cierto, el cuerpo es un tirano (...) Pero, al mismo tiempo, ¡qué grandioso este cuerpo que nos permite ver la belleza del mundo, escuchar músicas sublimes, beber y comer cosas deliciosas, besar y acariciar y amar, pasear por hermosos montes remotos en una mañana fresca y nublada! (...)

Rosa Montero, "Querido y odiado cuerpo" , El País, 4/8/13

Me habría resultado inimaginable hace ocho meses creer que quedaría atrapada en mi propio cuerpo con solo 40 años y asumir que su sola envoltura acabaría cobrando todo el protagonismo de mi vida. Impensable por lo ilógico habrían sido las pérdidas lentas pero implacables de mis facultades físicas; el deterioro constante de mis uñas, mi piel, mi pelo; las profundas cicatrices que sesgaron carne demasiado joven. Contemplo el estado en el que ha quedado mi cuerpo y un poco como Quevedo siento el profundo dolor del que sabe asediada su fortaleza: 

"Miré los muros de la patria mía
si un tiempo fuertes, ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía"


Pero engañoso sería no confesar las grandes paradojas que encierran muchas veces nuestras derrotas. Porque, aunque resulte osado confesarlo, el forzoso confinamiento en el que mi cuerpo enfermo  me ha postrado trajo consigo el descubrimiento del tiempo detenido. Acorralada por mi propio cuerpo que exigía ritmos diferentes a los que estaba acostumbrada, me he encontrado con el inmenso regalo de ese otro tiempo realmente fructífero en el que no hay nada que hacer, donde las obligaciones desaparecen, las horas se vuelven lentas y aburridas y es harto improbable que pueda ocurrir algo que no tenga que ver exclusivamente contigo misma. 

Así vivo estos último días de verano, ajena por completo al bullicio de las playas, escondida en este apartado lugar, disfrutando de este tiempo detenido, saboreando a pequeños sorbos los placeres que mi cuerpo vuelve a entregarme. Sorprendida por el continuo regalo de saberme viva, compruebo agradecida cómo en mí se dan cita las cuatro aspiraciones del hombre renacentista: el beatus ille (alabanza de la vida sencilla en el campo frente a la vida en la ciudad) el carpe diem (atrapa el día, aprovecha el momento), el locus amoenus (lugar ameno, idealización de la realidad) y el tempus fugit (tiempo que corre). La conciencia de lo que supone haber alcanzado tanto en tan poco tiempo me llena de un serena felicidad que me reconcilia con mi atribulado cuerpo.


sábado, 3 de agosto de 2013

MICRORRELATO: GIGANTES QUE SON MOLINOS




"Ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas (...) ¿Qué gigantes? dijo Sancho"

El Ingenioso Hidalgo D. Quijote de la Mancha, cap. VIII 


Importa poco que para los demás tus gigantes no sean más que molinos. Indiferente al caso resulta que se empeñen en convencerte con razones de la locura de tu empeño porque fácil es ver molinos en vidas ajenas y no gigantes en la propia. Solo tú entenderás que el miedo es siempre un gran gigante, invisible siempre para los cobardes.




MICRORRELATO: MOLINOS QUE SON GIGANTES






"Todos los molinos se convierten en gigantes"
Fito y los Fitipaldis



Pasaron la vida al borde mismo de la fina raya que separa la cordura de la locura. Solo en el lecho de muerte consiguieron encontrarse, incapaces ya de distinguir al fin los molinos de los gigantes.

jueves, 1 de agosto de 2013

"CONTIGO"





Las primeras horas, días o incluso meses tras el diagnóstico del cáncer -en esto sucede como con el drenaje, depende de cada persona- son cruciales. De tu capacidad de reacción dependerá en buena medida el desarrollo de todo el proceso posterior. Por eso es necesario actuar rápido. Yo tuve la inmensa suerte de contar con el apoyo inmediato de María José, uno de los miembros de la asociación "Amiga". Ese primer día lo recuerdo de manera confusa, pero en cambio, sus palabras permanecen nítidas en mi memoria. Creo que en ellas basé buena parte de la actitud con la que me he enfrentado al cáncer a lo largo de estos meses. 

Precisamente para paliar esa soledad e indecisión del principio surgen recursos como el que hoy he descubierto: una aplicación gratuita para Ipad dirigida a mujeres con cáncer de mama. La aplicación que se llama "Contigo" tiene como protagonistas a 16 mujeres que superaron el cáncer de mama y a través de distintos vídeos comparten su experiencia personal en temas tan fundamentales como las pruebas de los primeros días, los distintos tratamientos, los efectos secundarios, la sexualidad o las emociones. Otros componentes multimedia que contiene la aplicación son infografías, recetas de cocina y fichas de ejercicios entre otros. La aplicación cuenta con un riguroso contenido que ha sido avalado por 15 profesionales sanitarios supervisados por la Dra. Laura García Estévez, oncóloga y directora de la Unidad de Mama del Centro Integral Oncológico Clara Campal (CIOCC)

Es importante ponerle cara al cáncer. Es alentador escuchar a los que ya pasaron por esto antes que nosotras, porque como dice Inés Ballester, los dos enemigos a los que debemos enfrentarnos cuando nos detectan un cáncer son el miedo y la tristeza, porque el miedo te paraliza y la tristeza es mala compañera de viaje.