martes, 30 de abril de 2013

LIBRO DE VIAJE: LA CAÍDA


"De pronto tenías miedo de dormir, pensabas que el salto se abriría implacable ante ti en el momento en el que cerraras los ojos, y que entonces, ya no podrías detenerlo, miedo del cosquilleo fangoso del presueño, de abandonarte (...) No habrá ya día. No habrá noche. No habrá espacio. Y este pequeño ser que has visto sufrir, que has visto desvanecerse en el espejo, que has visto amar, ya no estará. Y esto te desolaba más que el aniquilamiento de todo"

Andrés Barba, Libro de las caídas



Te veo desgranando uno a uno los recuerdos del que irónicamente llamaste el último verano. Con la aparente indiferencia de la viejecita que desliza cadenciosamente sus dedos por las cuentas del eterno rosario, así, arrastrados uno tras otro, acaban convirtiéndose en tu mantra particular, la antesala de la  temida duermevela que te trae al fin la calma después de tantas noches de doloroso insomnio.

El viernes se produjo la caída. La suerte de amnesia en la que parecías estar instalada desde el comienzo de la escalada te protegía del miedo y te investía de una renovada confianza en tu destino. Pero a la tarde el tiempo empieza a cambiar y allí, a pocos metros de coronar la cara norte de aquella pared, un insignificante error te deja suspendida a 5000 metros de altura. 

Han pasado cinco días con sus noches. No tienes más que un improvisado vivac con el que protegerte del frío y de la nieve. Has perdido la radio. Casi no tienes fuerzas para culparte por tu ingenuidad: la montaña te ha tendido una trampa. El dolor en las uñas es insoportable: los primeros síntomas de congelación, que tú intentas combatir con unas manoplas especiales, pero sabes que no es suficiente, que el frío se cuelga de tus venas como tú antes de las cuerdas y no hay forma de frenarlo, cada vez está más cerca. Oyes voces, recuerdas la leyenda del tercer hombre que ayuda a montañeros en situaciones extremas, pero tú sabes que son las alucinaciones del insomnio. Te duele hasta el alma, y sabes que esta vez no es una exageración de las tuyas, porque empiezas a convencerte de que este dolor tan intenso no puede estar causado por tus manos o tus pies entumecidos. Y te quedas suspendida de una débil cuerda, como si por fin se hubieran cumplido los vaticinios que anunciaban el fin del mundo, sola, frente al último recuerdo: la magia de los árboles frente al mar donde jugabais, en ese último verano en el que todo parecía que duraría para siempre.


lunes, 29 de abril de 2013

LUCHA CONTRA EL CÁNCER







"Una de cada tres personas padece cáncer de mama". El doctor D. Francisco Ayala de la Peña, jefe de oncología del hospital Morales Meseguer, así lo transmitía la semana pasada en una charla impartida a través de la asociación Amiga. Los datos son escalofriantes. La buena noticia es que el índice de mortalidad en los últimos años está descendiendo de forma esperanzadora. "El cáncer de mama es el tumor más frecuente en mujeres, pero también el más curable". La muerte de una mujer a causa de un cáncer de mama empieza a ser algo extraño, pero también es cierto que pocos podemos decir que no conozcamos un caso cercano: nuestra madre, nuestra amiga, nuestra vecina... nosotras mismas; no padecer cáncer será una auténtica lotería en las sociedades venideras.


"En los últimos quince años se han desarrollado nuevos fármacos que han mejorado el pronóstico de las pacientes. Se trata de medicamentos más específicos que se dirigen a las células tumorales dañando menos las sanas".  El caso de la escritora Susan Sontag es muy esclarecedor en este sentido: hace trece años fallecía a la edad de 71 años, debido a complicaciones de un síndrome mielodisplásico que desembocó en una leucemia mielógena aguda. El origen de la leucemia fue probablemente la radioterapia recibida casi tres décadas antes, empleada para la curación de un avanzado cáncer de mama que sufrió cuando tenía 43 años. Estos resultados tan devastadores a consecuencia de las terapias administradas, hoy día, son impensables. Me siento pues una mujer privilegiada al poder beneficiarme de el ingente trabajo de tantos investigadores. Pero, mi gran esperanza es que otras mujeres puedan recorrer este camino hacia la curación sorteando los temibles efectos secundarios  que aún hoy son inevitables con los tratamientos de que se disponen. El futuro de mis hijas, de mis nietas y de las mujeres que me sobrevivan depende de mi capacidad de compromiso hoy. Las asociaciones, en su lucha diaria contra el cáncer, constituyen una auténtica garantía de que ese futuro está cada vez más cerca.


jueves, 25 de abril de 2013

LIBRO DE VIAJE: LA MONTAÑA



"Nunca lo azotan los vientos ni lo toca la nieve, lo rodea el aire más puro, una blanca claridad lo envuelve y los dioses experimentan aquí una claridad inmensa, como sus vidas"
Homero, descripción del Olimpo. 





La montaña y yo. Desde hace meses no hay nada más. Vuelve a amanecer, fuera el viento sopla con fuerza pero he conseguido llegar al ecuador. Revivo los sentimientos de aquellos primeros días en el campamento base. Anoto en mi cuaderno cada uno de los temores de entonces: el primero, la conciencia de mi propia soledad. No formaría parte de una expedición -lo supe desde el principio- tan solo solo contaría con la silenciosa  compañía de mi inseparable sherpa y de una voz a través de la radio que desde el campamento base dirigiría el ascenso, controlaría la evolución del tiempo, y determinaría cada uno de los campamentos en los que tendría que detenerme en ese difícil ascenso hasta la cumbre. Aunque, durante meses temí enfrentarme a un miedo aún mayor: el verdadero abismo que me separaba de la montaña y de los que antes de mí habían emprendido esta empresa era la imposibilidad de abandonar y el compromiso inaplazable con mi propia supervivencia; ésta se convirtió desde el principio en la carga más difícil de sobrellevar, pero pronto me contagié del la ambición y la osadía de los hombres y mujeres que a lo largo de la historia habían decidido conquistar el techo del mundo y una extraña euforia acabó apoderándose de mí.

El camino ha sido duro, con pocos días de escalada real y muchos de inactividad dedicados a aclimatar el cuerpo a estas duras condiciones. Hoy, pese al viento y a las bajas temperaturas creo que por fin podré continuar el ascenso. Estoy en la base cinco, he conseguido  iniciar la cuenta atrás que me separa de la cumbre y los sentimientos de los primeros días empiezan a confundirse. Me abandona la euforia de los primeros momentos, pero se disipa la soledad al hacerme uno con los que antes que yo en este punto de la ruta tuvieron que hacer frente al auténtico sentimiento de fracaso, a las sensaciones continuas de intenso dolor, y a los propios límites impuestos por la mente. Siento que la  montaña me enfrenta con mis debilidades y mis fuerzas más escondidas. Me siento humano y frágil y sé que es necesario pasar por aquí para conquistar esta montaña, que no es otra que la conquista de mí mismo.




lunes, 22 de abril de 2013

MICRORRELATO: HANSEL Y GRETEL


"Tengo tanto miedo
de que olvides el camino de regreso"
Ismael Serrano

Aunque hacía ya tiempo que recorría el camino sin Hansel, Gretel seguía obstinada en regresar una vez más. Marcó el camino: cuatro, tres, dos, una... esas eran las últimas piedras preciosas que aún escondía en el delantal. Esta vez, estaba convencida, encontraría el camino definitivo de vuelta a casa.

sábado, 20 de abril de 2013

DUELOS



"¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte.
César Vallejo


El miércoles murió mi tío. Vivió con nosotros desde que mis padres se casaron hasta hace apenas unos años en los que ingresó en una residencia. Su presencia se remonta hasta donde abarca mi memoria. Determinó nuestras vidas hasta el punto de no ser capaz de imaginar cómo habrían sido de no estar él. Me dejó un puñado de buenos recuerdos como aquellas tardes de cine que acababan convirtiéndose en una auténtica aventura para todos los sobrinos. Nunca pensé que sentiría su muerte de esta forma. 

Su muerte es una muerte razonable, de esas ante las que se pueden pronunciar sin vacilar los socorridos tópicos: vivió su vida, era mayor, mejor así que soportar una larga enfermedad... todas esas palabras que nunca sirven de consuelo para el que sufre la pérdida. Porque lo cierto es que nunca estamos preparados para la muerte. Sea cual sea el momento en el que llega, hayamos podido anticiparla o no, la muerte supone siempre un desgarrón que forzosamente cambia nuestra forma de permanecer en la vida. 

Las reacciones ante la pérdida son siempre inesperadas, tanto como imprevisible es siempre la muerte. Los sicólogos intentan sistematizar las etapas del duelo en un vano intento de dar un poco de coherencia al sinsentido ante el que nos sitúa la muerte. Así, una de las mayores especialistas,  Elisabeth Kübler-Ross, nos habla de cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación y pese a que nos advierte que no son secuenciales ni cronológicas en el tiempo, creo que constituye solo un modelo de reflexión. La realidad es siempre diferente y los criterios lógicos que desde fuera aplicamos no le sirven la mayoría de las veces a la persona que está en duelo.

El tiempo en este período adquiere dimensiones completamente nuevas. Algunos de los que han pasado por este trance cuentan que cuando ya todos calculaban que había transcurrido el período previsible de duelo y debía comenzar el momento de volver a la vida, entraban en la fase más aguda del dolor; y para entonces era tarde; ya no era el momento de llorar y no se les permitía esta legítima oportunidad, precisamente por llegar a destiempo. Rosa Montero describe estas sensaciones con absoluta sinceridad:

"Precisamente en los primeros momentos es cuando menos ganas tienes de llorar, porque estás en el shock, extenuada y fuera del mundo. Pero después, justo cuando tú estás empezando a encontrar el caudal de tu llanto, el entorno se pone a reclamarte un esfuerzo de vitalidad y de optimismo, de esperanza hacia el futuro, de recuperación de tu pena"
Rosa Montero, La ridícula idea de no volver a verte.

Este es mi primer aprendizaje sobre el duelo: cada uno necesita su tiempo y los tiempos son siempre subjetivos, cambiantes. La mayoría de la veces, el duelo de la esposa, del hijo, de la madre o del amigo transitan por espacios muy diferentes. Todos son reales, pero  cada uno lo experimenta en la más absoluta soledad.

"La característica esencial de lo que llamamos locura es la soledad (...) Y resulta que en el verdadero dolor, en el dolor-alud, sucede algo semejante. Aunque la sensación de desconexión no sea tan extrema, tampoco puedes compartir ni explicar tu sufrimiento"
Rosa Montero

Mi segundo aprendizaje sobre el duelo es que la forma de gestionar nuestros duelos  va ligada en ocasiones a los asuntos que creemos dejar pendientes con la persona que desaparece. Aquellas vidas que intuimos completamente cerradas y plenas en el momento de la muerte dejan en los que permanecen una casi invisible sensación de consuelo, una cierta conformidad, pese a que la muerte se sienta siempre como injusta.

"La muerte forma parte de la vida y es parte del relato de una vida. Es la última oportunidad de hallar un significado y de dar un sentido coherente a lo que pasó antes (...) Eso tal vez explique por qué, al final de la vida, es tan importante volver a contar y revivir los hechos notables y por qué, tanto para la persona moribunda como para quienes la sobrevivirán, hablar de acontecimientos pasados y volver a mirar fotografías compartidas ofrecen un real y auténtico consuelo"
Iona Heath, Ayudar a morir

En las difíciles situaciones en las que la muerte nos sobreviene de improviso la gestión de las emociones se vuelve un asunto mucho más delicado. Muchos duelos enquistados se producen porque el que sobrevive lo hace con la difícil responsabilidad de cerrar esa historia, y no todos los consiguen.

Mi tercer aprendizaje sobre el duelo me sitúa ante la dolorosa certeza de que un muerto arrastra tras de sí todas las muertes anteriores que forman parte de la biografía del superviviente. Como una piedrecita lanzada en la superficie de un estanque, sus leves ondas casi inapreciables acaban ocupando todo su espacio, alterando de forma silenciosa la aparente calma.

En último lugar y de nuevo en palabras de Rosa Montero: nunca te recuperas de la muerte, "ése es el error: uno no se recupera, uno se reinventa". Yo, en ocasiones, aun me sorprendo ante el ser reinventado en el que me he convertido; a veces siento que es mucho mejor que el que fui hace mucho tiempo.




viernes, 19 de abril de 2013

TÓPICOS


Hace poco leía en la prensa el mal favor que el cine le había hecho al cáncer al incidir en el lado más trágico de la enfermedad. En nuestra retina quedó grabada, seguro, la imagen de un maltrecho Tom Hanks transportado por el sonido del aria "La mamma morta",interpretada por Maria Callas.




Comentarios de este tipo contribuyen a difundir una imagen edulcorada del cáncer, con sus consabidos y bienintencionados tópicos como el de que "eso, hoy día, no es nada". Qué doloroso resulta escuchar estas palabras cuando, pese a tu buena cara y tu optimismo vocacional , te sabes arrastrada por un historial de miserias y recaídas imposible de narrar. Porque resulta que el cáncer sí es, y mucho. Podemos intentar consolarnos pensando que algunos, como el de mama, están ya muy estudiados y su índice de supervivencia en los primeros cinco años oscila entre un 88% y un 15% según el estadio. Pero, no hay más que mirar las fotos que aparecen en el enlace "La batalla que no elegimos" para recordar que hoy las mujeres, incluso con 40 años, siguen muriendo de cáncer. Y qué absurdo incluir el cáncer de mama en un único tipo, cuando recientemente, estudios como el de la revista Nature consideran que lo que actualmente llamamos cáncer de mama debería ser considerado como diez enfermedades distintas. Ante esta serie de evidencias, ¿cómo nos atrevemos a decir que no es nada? 

Sucede en días como hoy, como decía Neruda ,"que me canso de ser hombre".Y pese a todo, elijo el optimismo y los pocos días en los que me vence el desaliento, me permito el lujo de llorar en privado mis penas, aunque siempre vuelvo con la mejor de mis sonrisas. Pero, por favor, que nadie pretenda consolarme diciéndome que esto no es nada, porque yo siento que estoy frente a una de las experiencias más cruciales de mi vida. Y sé que, algún día, devoraré a mi elefante. De momento, intento reconciliarme con él y siempre que las enfermeras me dicen que mi piel se está endureciendo, pienso: como la de los elefantes... y una sonrisa se dibuja en mi cara. 


martes, 16 de abril de 2013

MÉDICOS


Giorgio de Chirico



"El médico ha de acompañar al paciente en su salida del mundo de los sanos y en su ingreso en el purgatorio físico y mental que le está esperando, sea el que sea. El médico es el único pariente que tiene el paciente en un país extranjero"
"El médico examina al paciente", (capítulo 3). En A. Broyard Ebrio de enfermedad.

Llevo meses aplazando las palabras que hoy me dispongo a escribir: este es, probablemente, el capítulo más doloroso de mi historia personal con el cáncer. Pese a mis esfuerzos por arrinconar la historia, hay días en los que no hay manera de seguir encubriéndola y amenaza con cobrar vida propia y salir del confinamiento en el que la mantengo. Antes de que eso pase, seré yo quien la cuente.

Recuerdo nítidamente la primera vez que escuché la palabra cáncer, fue un resumen escueto de mi diagnóstico: "Tienes cáncer, pero yo te voy a curar, hijica", esas fueron las palabras de mi médico, el ingreso en ese peculiar purgatorio físico y mental que supone la enfermedad. Pero intuyo que yo ya estaba enferma mucho antes de escuchar ese diagnóstico; y cuando digo antes, me refiero a muchos meses, o incluso años.

En 2012 este amable doctor que se dirigía a mí con el apelativo de "hijica" y que aseguraba categóricamente que me iba a curar, me operó de un papiloma ductal en la misma mama en la que hoy tengo el cáncer, hecho al que no concedió mayor gravedad. Según me explicó en aquel momento, para realizar aquella operación necesitaba la ayuda de su equipo y, dada la miseria que recibía de Asisa por realizar este tipo de intervenciones, me sugería la necesidad de colaborar con una módica cantidad de dinero. En ese momento, yo recordé al padre de un amigo que acabó abandonando la sanidad privada precisamente por este motivo -el padre de mi amigo era, evidentemente, un hombre íntegro, con una moral intachable- Lo cierto es que a mí me pareció razonable, pese a las advertencias que recibí, y acepté el "copago". Mucho más por el hecho, nada despreciable, de que me habían recomendado encarecidamente a ese médico ya que había operado con éxito a un familiar de cáncer de mama. De nuevo en palabras de Broyard:
"Contar con una recomendación es algo que dota a un médico de un aura, una historia, unos jirones de magia. Yo pensaba que mi trastorno era cosa simple (...), a pesar de lo cual quería contar con un médico poderoso"

Cuando recibí el resultado de la biopsia de la operación, vi que era correcto y me olvidé de visitar de nuevo a aquel médico, tampoco él me lo solicitó. Como resultado de la operación y pese a que la cicatriz apenas se notaba, la morfología de mi pecho quedó diferente, de tal forma que apenas presté atención a esa pequeña deformidad que me quedó como secuela de la misma. Lo cierto es que el cansancio a partir de entonces empezó a hacer mella en mí. Acudía a mi doctora y tras las analíticas pertinentes me mandaba vitaminas; compraba jalea real y soñaba con unas vacaciones que pudiera dedicar solo a dormir. Yo lo achacaba al desenfrenado ritmo de los últimos años.

En diciembre de 2012 empezó a dolerme el pecho y acudí de nuevo a mi doctor. Me reconoció y me comentó un tanto desencajado que cómo había dejado aquello tanto tiempo. Me mandó distintas pruebas. Tras una mamografía y una ecografía, el radiólogo me aseguró en en un 99,9% aquello era una mastitis. Ahora me río, lo mío no son las probabilidades. Finalmente, la biopsia, cuyo resultado señalaba un tipo de cáncer de mama que resultó estar equivocado, me confirmó la existencia de una neoplasia. El médico sólo confirmó ante mí un diagnóstico que yo había leído minutos antes, ya que en la sanidad privada es el propio paciente el que recoge el resultado de sus pruebas y se enfrenta a ellas en la más absoluta soledad.
"(El médico) debería ser capaz de imaginar la soledad en que viven los enfermos críticos, una soledad tan sobrecogedora como la de un cuadro de De Chirico. Quiero que él sea mi Virgilio, que me guíe por mi purgatorio o mi infierno, señalándome todo lo que haya que ver por el camino"

Mi médico no me guió por mi purgatorio, se limitó, de nuevo, a hablarme del "sobre"; dada la envergadura de la operación, tendríamos que llegar a un acuerdo. Hoy me arrepiento de no haber tenido la paciencia de esperar a que pusiera precio a mi enfermedad. Salí de allí y aprovechando la buena suerte de que pronto llegaría enero, decidí hacer los trámites para ingresar  en la sanidad pública. Aquellas semanas fueron las más angustiosas de mi vida. Esperé y soporté terribles dolores. De haberme dejado llevar por este médico, me habría realizado una mastectomía en los dos pechos sin necesidad de tratamiento con quimioterapia.

Desde enero, estoy siendo atendida por médicos de la sanidad pública. Me siento tranquila. Repitieron todas las pruebas que me habían hecho, lo que supuso un dolor añadido a mi ya castigado pecho y la obtención resultados muy diferentes en la determinación del tipo de cáncer. No me he llegado a preguntar, sería demasiado duro, qué habría pasado de haber estado desde el principio en la sanidad pública. Hay preguntas que yo nunca he formulado. Nunca me han abordado los porqués, los qué habría pasado sí, las culpas...me siento agradecida a esa parte de mi cerebro tan sana que solo piensa en seguir y que nunca podrá ser castigada como Orfeo por volver la vista atrás. 

"Saber que uno está enfermo es una de las experiencias más trascendentes de la vida"




domingo, 14 de abril de 2013

EBRIO DE ENFERMEDAD, ANATOLE BROYARD







Llevo años buscando un libro. Como quien busca su pareja ideal y pese a los continuos fracasos no ceja en el intento, así he pasado yo los últimos años. Ahora lo tengo ante mí, por fin lo he encontrado. En el prefacio, su viuda, Alexandra Broyard, resume con certeras palabras el objeto de mi búsqueda en este tiempo:

"Los escritos de este libro emanan del deseo de afrontar la enfermedad y la muerte y de integrar ambas en el tejido de la vida"

Cuando, como en mi caso, desde muy pronto, me vi compelida a integrar la muerte y ahora la enfermedad en el tejido de mi vida, resultó imposible, a partir de ese momento, permanecer indiferente; en palabras de Anatole: 
"Me pareció que mi existencia, al margen de lo que yo pensara o sintiera, incluso de lo que hiciese, había adquirido su propio sistema métrico, como sucede en la poesía"

Así fue como empecé a buscar libros de una manera casi desesperada. La enfermedad me obligó a añadir también este tema a mi lista de obsesiones, aunque en el fondo, siempre supe que reflexionar sobre una llevaba irremediablemente a la otra. Me dí de bruces con textos carentes de emoción o cargados de realismo: 
"Es mucho lo que dicen al lector sobre la vida consciente del enfermo de cáncer, pero no dicen gran cosa de sus ensueños o de sus fantasías, del modo en que la enfermedad a uno lo transfigura. Son libros objetivos, que van al grano".

Anatole, como buen crítico literario y con la sensibilidad del buen escritor, dedica el segundo y quinto capítulos del libro ("Hacia una literatura de la enfermedad" y "Literatura de la muerte, 1981-1982") a repasar los mejores libros de ficción y de no ficción que abordan este tema. Quizá, pensaba, ese era el motivo por el que yo me había dedicado a escribir a lo largo de estos meses: no se había producido ese hecho casi mágico de poder leer en palabras de otro un relato veraz y mejorado de tus emociones, de tus experiencias. La poesía, había sido hasta ahora el género más fecundo en este sentido. Pero, este capítulo venía a iluminar aspectos realmente sorprendentes acerca del acto de escribir y su significado:
"El paciente ha de empezar por tratar su enfermedad no como un desastre, un motivo para la depresión o el pánico, sino como un relato. Los relatos son anticuerpos contra la enfermedad y el dolor"
Empecé a marcar las páginas de este capítulo, a subrayar los párrafos más esclarecedores, hasta que dejé el lápiz, desconcertada ante tanta lucidez:
"Soy un crítico, y al estar críticamente enfermo pensé que podría aceptar el retruécano y volverlo sobre mi situación. Instintivamente pensé que lo primero que debía hacer era tratar de controlarla (la enfermedad) dándole forma de narración (...) Al principio me inventaba microrrelatos. La metáfora era uno de mis síntomas"
Fue inquietante reconocerse en tantos fragmentos:
"Quise contar a todo el mundo cómo es una enfermedad grave, las ideas que no han tenido precedentes y las fantasías que la enfermedad nos mete en la cabeza, los escrúpulos inesperados, las manías que introduce en nuestro cuerpo. Para una persona gravemente enferma, abrir su conciencia a los demás es como las sangrías que antaño recomendaban los médicos para reducir la presión"

Después de reflexionar sobre el acto de la lectura y la escritura, y a la vista de los resultados de las últimas pruebas médicas, me hago consciente de que la literatura ha sido, en mi caso, un agente sanador. La quimioterapia, sí; la alimentación, sí; el reposo y la paz de estos meses, sí; pero, por encima de todo, la literatura, las palabras y su enorme poder terapéutico. Me siento agradecida y conmovida ante esta buena suerte de tropezarme un día cuando adolescente con la literatura, en torno a la cual ha girado mi vida desde entonces y que hoy me permite alejarme de la palabra cáncer y jugar a las metáforas con la enfermedad, humanizándola e humanizándome, transformando el miedo en una oportunidad.

"Son muchas las maneras que una persona enferma puede desviarse y defenderse de sí mismo, acaso también de trascenderse"




viernes, 12 de abril de 2013

MICRORRELATO

"En el cristal de un sueño he vislumbrado
el cielo y el infierno prometidos"
J.L. Borges 





Ahora sabía al fin a dónde iban los tumores cuando desaparecen. Se lo preguntó por primera vez el día que le pusieron dos marcadores dentro de su pecho por si el tumor acababa desapareciendo; "algunas veces pasa"-decían los médicos. 

El suyo, un elefante majestuoso, había acabado reducido a una masa etérea, blanquecina y de límites imprecisos, imposible de medir, de la que solo quedaban dos grapas que acotaban lo que en tiempos fueron sus dominios. Y ella, no podía más que imaginar, conforme escuchaba la descripción de la radióloga, que su tumor descansaba al fin en el cielo de los tumores que habían sido buenos.

Desde entonces, cada vez que jugaba con sus hijos a adivinar las formas de las nubes, siempre acababa gritando entusiasmada: "¿veis ese grande que va por allí? ese es mi elefante.


miércoles, 10 de abril de 2013

MICRORRELATO





Desde que se había convertido en niña burbuja
ya solo quería jugar con bebés probeta.










martes, 9 de abril de 2013

LOS CASTIGOS ETERNOS DE LOS DIOSES.


"Para todos los que, en algún momento de nuestra existencia, nos rebelamos ante un destino aparentemente incomprensible"


“A los pobres mortales los dioses dejaron el hado
De vivir afligidos; sólo ellos de pena carecen.
A la entrada, en la casa de Zeus, dos toneles se encuentran:
Uno lleno de males, y el otro está lleno de bienes.
Al que Zeus que en el rayo se goza se los da mezclados,
Hoy encuentra la dicha y mañana la pena encuentra,
Pero a quien da sólo males será siempre un mísero;
Perseguido por un hambre atroz pasará por la tierra,
Despreciado de todos los hombres y todos los dioses”

LA ILÍADA canto XXIV



Las historias mitológicas siguen fascinando a los pobres mortales. En ellas encontramos consuelo y, no pocas veces, explicación a nuestros males. Algunas ejercen sobre mí una poderosa atracción en los últimos años: Ixión,  condenado a permanecer atado a una rueda ardiente que daba vueltas sin cesar por intentar seducir a Hera ; las Danaides, que por asesinar a sus maridos fueron sentenciadas a llenar con agua por toda la eternidad un tonel que no tenía fondo; Ocno, castigado por elegir mal a su mujer a trenzar una cuerda que era constantemente devorada por un burro que le seguía sin descanso; Tántalo, condenado en el Tártaro a sufrir hambre y sed eternas por robar néctar y ambrosía a los dioses.

Pero, de todos estos personajes mitológicos, Sísifo es mi preferido. Desde los tiempos de Homero, Sísifo tuvo fama de ser el más astuto y sabio de los hombres. Cuando Tánatos fue a buscarle, Sísifo le puso grilletes, por lo que nadie murió hasta que Ares liberó a Tánatos, y puso a Sísifo bajo su custodia en el inframundo. Pero, antes de morir le dijo a su esposa que cuando él se marchase no ofreciera el sacrificio habitual a los muertos; ésta así lo hizo. Ya en el infierno, se quejó de que su esposa no estaba cumpliendo con sus deberes, y convenció a Hades para que le permitiese volver al mundo superior y así castigarla. Cuando estuvo de nuevo en Corinto, rehusó volver al inframundo y así vivió varios años más en la tierra hasta que fue devuelto a la fuerza por Hermes. De nuevo en el infierno, Sísifo fue obligado a cumplir su castigo, que consistía en  empujar eternamente una roca gigantesca hasta lo alto de una colina desde donde caía de nuevo viéndose obligado a empujarla una y otra vez. Así se cuenta en la Odisea.

Hoy me vuelvo a sentir de nuevo como Sísifo. Estos últimos meses me parecen, en muchos momentos, una condena absurda: me someten a un tratamiento que me deja completamente indefensa -ahora sé lo que significa realmente esta palabra- para ir sacándome, con muchas dificultades, de ese estado de postración hasta dejarme preparada para volver a empezar. Justo en esos momentos en los que siento  la tentación de rebelarme contra mi suerte, releo  las palabras de A. Camus, de las que reproduzco aquí un fragmento:

“Si este mito es trágico, lo es porque su protagonista tiene conciencia. Sísifo, impotente y rebelde, conoce la magnitud de su condena: en ella piensa durante su descenso. ¿En qué consistiría su castigo si a cada paso le sostuviera la esperanza de conseguir su propósito? Sin embargo, las verdades aplastantes perecen al ser reconocidas. Así Edipo obedece ciegamente al destino sin saberlo, pero su tragedia comienza en el momento en el que sabe. Pero en el mismo instante en el que, ciego y desesperado, reconoce que el único vínculo que le une al mundo es la mano de una muchacha, resuena una frase desesperada: “a pesar de tantas pruebas, mi edad avanzada y la grandeza de mi alma, me hacen juzgar que todo está bien”. Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. Él también juzga que todo está bien. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar el corazón de un hombre”.

En esta montaña rusa de sentimientos en la que estoy inmersa, a veces acabo olvidando que mi boleto no es eterno; que en algún momento, por lejano que parezca, la música de la feria sonará anunciando que el tiempo del viaje se ha cumplido. Me sostiene, pues, la esperanza de conseguir mi propósito. Pero, aquellas pocas vidas en las que he tenido la oportunidad de asomarme a las que no les sostiene esta esperanza, ¿juzgarán que "el esfuerzo mismo basta para llenar el corazón de un hombre"? Hace un tiempo, lo habría afirmado sin dudarlo por un instante. Hoy,  que me he asomado al abismo que se extiende desde la cima de la montaña, que he comprobado el peso de la piedra sobre mi espalda, que he experimentado  cotas de dolor muy altas, creo, agradecida, como Edipo, "que todo está bien". Y en esa sencilla frase, tan difícil de pronunciar para mí en este momento, reside toda mi esperanza.




domingo, 7 de abril de 2013

MICRORRELATO: EL JUEGO DEL AHORCADO




Con qué alegre inocencia jugábamos cuando niños al juego del ahorcado. ¿Recuerdas? Palabras de seis letras que empiecen por "c". Y uno dibujaba sus rayitas, tantas como letras y empezaba a probar combinaciones:

cábala, cabeza, cabida, cadena, cadera, caftán, calmar, camada, camelo, CÁNCER, candil, candor, canear, cansar, cárcel, cariño, Carlos, Carmen, casida, ceniza, clamor, cohete, cometa, cómico, coraje, corcel, corona, crisis, cruzar, cuento, cuerdo, cuerpo, cumbre, curada...

¡Cuántas palabras antes del cáncer! pero, sobre todo, ¡cuántas palabras después de él!



sábado, 6 de abril de 2013

LIBRO DE VIAJE: TRANSFUSIONES, VIDAS CRUZADAS





Hasta en los paisajes más inhóspitos la vida se reinventa de manera obstinada y cruel. No siempre acertamos a comprender el papel que desempeñamos en ese escenario, pero cuando conseguimos colocar la pieza, el resultado es siempre asombroso.

Nos veríamos obligadas a compartir los siguientes días en ese vagón de tren. Durante horas, solo me preocupé por encontrar tras la ventanilla algún cártel que me indicara hacia dónde nos dirigíamos. No encontré ninguna señal legible y el desánimo y el miedo comenzaron a acampar a sus anchas. 

Escuché en primer lugar el diagnóstico completo de su dolencia. Me sorprendió comprobar cómo las estadísticas a veces fallan: ella no debería estar allí, no era fumadora, nunca lo había sido, y en cambio su pulmón era como el que anuncian las cajetillas de tabaco. Pero, la auténtica confesión llegó tras escuchar que ambas necesitábamos una trasfusión de sangre; el miedo de la primera vez, que también compartíamos, fue aumentando el grado de confidencia y así fue como escuche también el relato de su vida.

 Me enamoré de él a los 14 años y a los 18 me casé. ¡Qué miedo me da que me metan sangre de otra persona! ¿Quién será? Y a los 19 años tuve mi primer hijo ¡Qué sensación tan repugnante! La estoy viendo caer gota a gota, yo que ni siquiera miro cuando me extraen la sangre. Para mí no hay nada comparable con el primer amor. Espero que sea una persona alegre mi donante. Aunque, para ser donante seguro que hay que ser alguien, como poco, solidario. Con 38 años me quedé viuda y con 3 hijos. "Siempre la sangre  oh Dios, fue colorada". Años después, me casé con mi actual marido y tuve mi cuarto hijo con él. Es muy buena persona. Perdí mi pensión de viudedad para casarse como dios manda. No sé cómo me voy a sentir mañana con la sangre de otro. La vida no es fácil para nadie. Mi hija se quedó viuda con 23 años y con una hija de cuatro, eso sí me destrozó, durante años no pude mirarle esa cara. Después de todo, no será tan malo llevar sangre de otro en las venas.

Aquel era un vagón casi fantasma. Estaba anclado en una vía muerta, o al menos, así me lo pareció a mí. Aún tardaría tiempo en descubrir que no hay vías muertas, ni siquiera las que atraviesan los lugares más desoladores. 


jueves, 4 de abril de 2013

MICRORRELATO: LIBROS DE AUTOAYUDA






No había leído muchos, la verdad, pero su influencia era realmente perniciosa , ahora  lo sabía.  En cada uno de ellos tropezó con la idea de que el poder de la mente era ilimitado. Ella no había ido más allá de unas cuantas intentonas de visualizar aparcamiento, y la verdad es que funcionaba. Alentada por estos tímidos triunfos, decidió hacer la prueba definitiva: este ciclo la quimio no arrasaría con su energía, al menos, no con toda. Tres días antes de lo que indicaba su estadística personal de tiempos de convalecencia,  decidió salir al mundo con su mejor cara. Se reconstruyó frente al espejo imitando una antigua fotografía que aún conservaba; no descuidó ni un detalle, disponía de lo necesario: una peluca más natural que su propio pelo, buen maquillaje para camuflar las ojeras, camisa de  gasa bajo la que esconder sus maltrechos brazos... Y así de esta guisa, salió a la calle a respirar aire fresco, a disfrutar de los últimos días de vacaciones.

Pero esta vez falló la autoayuda. Olvidaron añadir un anexo  dedicado al poder de la mente en casos oncológicos. Pero, sobre todo, ella ignoró las sabias recomendaciones de su oncóloga como evitar los sitios cerrados, los estornudos de los niños, los esfuerzos desmedidos... Y acabó de nuevo en el hospital, ingresada en la misma planta y en la misma cama de cuando la gripe. Y justo en el momento de inyectarle el último calmante sucedió lo que ella temía desde hace tiempo: empezó a convulsionar y de su boca comenzaron a salir los pañuelos, las palomas y los conejos del mago que días antes había ocupado su cama. Le contaron después las enfermeras que aquel era un tipo extraño: andaba obsesionado con los libros de autoayuda.


miércoles, 3 de abril de 2013

MICRORRELATO: EL DOLOR II



-Bienvenido...
-Adelante...
-El mes pasado lo echamos de menos...
-Disculpe, su nombre no está en la lista de invitados, ¿sería tan amable de indicarnos su correo electrónico para remitirle la invitación del próximo encuentro?


-Me llena de satisfacción comprobar que un mes más todos habéis sido fieles a esta cita; incluso veo caras nuevas. Sé que mi fama de anfitriona benevolente empieza a difundirse por los círculos más selectos de vuestra profesión. Os invito, una vez más, a que consideréis este como vuestro hogar durante el tiempo que estiméis oportuno permanecer conmigo. Pero, os rogaría solo una cosa, especialmente a los nuevos: al abandonar la casa, no cedáis a la tentación de llevaros un objeto de recuerdo, por insignificante que parezca; llevo meses soportando con estoicismo vuestros pequeños hurtos y temo que un día, al acudir presurosos a nuestra cita de los 21 días, no encontréis más que estas cuatro paredes desnudas de las que colgará la siguiente nota:

"pasad y ocupad la casa, es toda vuestra; por fin el banco aceptó la dación en pago"


martes, 2 de abril de 2013

EL JUEGO DE LA OCA


"A veces tengo la sensación de que uno se mueve en la vida dando siempre vueltas por los mismos lugares, como en un desconcertante Juego de la Oca"
Rosa Montero, La ridícula idea de no volver a verte.
Imagen tomada del artículo: El simbolismo en el Juego de la Oca (viajesconmitia.com)

Supe desde el principio que aquello era algo más que un juego, aunque tardé mucho en vislumbrar el auténtico sentido escondido tras esa simbólica espiral. 

En la casilla de salida, llevada por el afán de llegar antes que los otros, no fui capaz de ver más que una carrera hacia la meta, en lucha constante con el oponente. Solo tras las primeras jugadas, supe que se trataba, sobre todo, de una lucha individual contra los obstáculos que iríamos encontrando en el recorrido del tablero; hasta un total de siete acerté a contar entre las casillas que constituyen las “venturas” y “desventuras” del juego: el Puente, la Posada, los Dados, el Pozo, el Laberinto, la Cárcel y la Muerte. Caer en uno u otro dependía exclusivamente del  número que sacaran nuestros dados; y ahí radicaba el auténtico conflicto: la voluntad del jugador frente al destino o la suerte.

Probé nuestra suerte, lancé los dados y salió 7, y el mundo empezó a desmoronarse a nuestros pies. Apenas si tuve tiempo de reaccionar: un agujero negro se abrió ante nosotros cuando nos vimos en la casilla 58. Supe entonces que en el Juego de la Oca la casilla de la Muerte actúa separando a los jugadores que hasta entonces han seguido el mismo itinerario en dos caminos distintos; uno que conduce definitivamente hacia la meta, y el otro que reconduce al inicio del recorrido, de modo que el jugador que cae en la casilla 58, vuelve a empezar el juego. 

Y volvimos a empezar, y contemplar cómo nuestros contrincantes seguían avanzando impasibles hacia la meta final nos encerró en un laberinto inaccesible; el juego permanecía inalterable, ajeno a nuestra suerte. Pensasteis que éramos los únicos, tal vez los primeros en tropezar con esa casilla. Nos supimos estigmatizados, alejados definitivamente de la salida del laberinto. Pero, saberme responsable de vuestra suerte -al fin y al cabo, yo era vuestra madre, y no otra era la que lanzaba el dado- me dio la fuerza necesaria para cambiar nuestro destino. Por encima de la obligación de volver a empezar, se abría paso la posibilidad de cambiar nuestra historia.

Exactamente cinco años más tarde, caímos en la casilla de la cárcel y fuimos castigados a perder tres turnos. Confié en que, algún día, nos fueran devueltos y, esta vez sí, comprendí que en nuestra voluntad reside nuestro destino. Y la mía no era otra que la de seguir viviendo ajena para siempre a las reglas o al destino.