miércoles, 30 de enero de 2013

PALABRAS


“Pienso que las palabras hay que conquistarlas, viviéndolas, y que la aparente publicidad que el diccionario les regala es una falsía” (…) yo he reconocido, entre miles, las nueve o diez palabras que se llevan bien con mi corazón”.
Jorge Luis Borges, Inquisiciones

La palabra es nuestro bien más preciado. La primera herencia que recibimos. “Cada lenguaje es una tradición, cada palabra un símbolo compartido”. Por eso, la elección de una u otra palabra nunca es un acto ante el que nos podamos quedar indiferentes. Así ocurre con la palabra cáncer. De repente, entiendes que has conquistado una palabra que no se lleva bien con tu corazón, pero ante la que no cabe eufemismo capaz de nombrarla.

 Pero, ¿qué es un cáncer? La segunda acepción que la RAE da de la palabra, lo define como: “enfermedad neoplásica con transformación de las células, que proliferan de manera anormal o incontrolada”. Y en  su tercera acepción, la más popularizada entre los neófitos, la define de manera breve y contundente como: “tumor maligno”.

Comprender el proceso, nos hace más libres, nos vuelve, si cabe, más responsables, como decíamos días antes. Por eso, he elegido las palabras del Dr. Servan-Schreiber para intentar explicar qué pasa en un organismo enfermo de cáncer:

“Cuando cae presa del cáncer, todo el organismo está en guerra. Las células cancerosas se comportan como unos bandidos armados (…) Con sus genes anómalos, escapan de los mecanismos que controlan los tejidos normales, sanos. Por ejemplo, no están obligados a morir al cabo de determinado número de divisiones. Se vuelven inmortales. Hacen oídos sordos a las señales enviadas por los tejidos circundantes que, alarmados por la falta de espacio, le instan a dejar de multiplicarse. Peor aún (…) envenenan a estos tejidos. Esta intoxicación produce una inflamación que estimula aún más la expansión de las células cancerosas, a costa de los territorios vecinos. Por último, como un ejército en busca de vituallas, requisan los vasos sanguíneos que tienen más a mano, y los fuerzan a proliferar con el fin de que las abastezcan de oxígeno y de los nutrientes que necesitan para el crecimiento de lo que en breve se convertirá en un tumor”
Dr. D. Servan-Schreiber, Anticáncer

Esta es pues, parafraseando a Borges, la palabra que me veo obligada a vivir y a conquistar a diario. El cáncer se ha convertido en la empresa en que ocupo mis fuerzas. Pero, empiezo a prevenirme del gran riesgo de la enfermedad: la verdadera batalla, no la libran mis células; la auténtica batalla, la libran mis palabras. Porque si dejo un solo día más que la enfermedad y su relato desplacen las palabras cotidianas que ocupaban mis conversaciones más triviales, estaré perdiendo la batalla. No puedo permitir que la enfermedad acabe infectando mi mundo. La respuesta diaria a los que tan amablemente comienzan sus conversaciones con un inocente ¿cómo estás? se convierte para el enfermo de cáncer en una pregunta muy peligrosa. 

Pese a todo, reconozco el poder terapéutico de la palabra, de la palabra escrita, puntualizo; porque escribir ha sido tenido mí a lo largo de estos años un valor sanador. Porque la valentía que muestro ante la palabra escrita, se desvanece ante el pudor que siento al responder a algunas preguntas. Por eso, agradezco tanto la palabra escrita. Y me siento tan reconfortada al ejercer el acto más liberador de este tiempo: leer y escribir.  

lunes, 28 de enero de 2013

RESPONSABILIDAD


“La cuestión es qué hace cada uno 
Con las cartas que le han tocado”
Amos Oz


El primer sentimiento al que uno se enfrenta cuando le diagnostican un cáncer es el sentimiento de culpa; pero la culpa es siempre  un sentimiento que paraliza y que impide avanzar. De modo, que en un ejercicio obligatorio de oxigenación mental, uno decide cambiar la palabra culpa por la palabra responsabilidad. Si empiezo a sentirme responsable de mi enfermedad, puedo hacer algo, puedo colaborar en mi curación y ser mucho más que un elemento pasivo que recibe los tratamientos con mayor o menor resignación.

El ejercicio consciente de la responsabilidad nos obliga necesariamente a situarnos en un estadio anterior: el análisis pormenorizado de los posibles factores que influyen en la aparición de un cáncer:

Conferencia Alimentación Anticáncer. Biocultura 2012. Dra Odile Fernández

De entre todos los factores que la OMS cifra como responsables del cáncer, el factor genético ocupa solo un 5% o un 10%; el resto, responden a factores ambientales, véase en orden ascendente de responsabilidad: carcinógenos, alcohol, infecciones, obesidad, tabaco y dieta.

Es sobrecoger el gráfico. No soy responsable de mi genética, pero sí soy responsable de los cigarrillos que me fumo, de los kilos de más arrastro, de la calidad y el tipo de los alimentos que como… Pero, no es justo, podría decir alguien: en los últimos años he cuidado mi peso, he incorporado el ejercicio, he comprado revistas de alimentación… ¿por qué a mí y otros, en cambio, con unos hábitos más desordenados, se muestran inmunes al cáncer? 

La Dra Odille responde a esta pregunta: “cada uno de nosotros tiene una tolerancia diferente a los tóxicos”. Y de una forma muy gráfica lo ejemplifica con la imagen de un bidón que posee un grifo para ir desechando las sustancias tóxicas a las que estamos expuestos a diario; pero dado que no conocemos el caudal que posee nuestro grifo, debemos desechar el mayor número posible de tóxicos de nuestra alimentación.

Es sólo un factor, uno de los más importantes, recordemos un 35%, pero merece la pena, pese a la dificultad de la empresa, empezar por él: pararse y reflexionar sobre la responsabilidad de cada una de mis elecciones, empezando por aquello que elijo para que sea mi alimento.

domingo, 27 de enero de 2013

MICRORRELATO



Igual que duelen los grandes desamores que arrasan con todo, los mejores y los peores recuerdos,  se despertó aquella noche sabiéndose ajena a ese cuerpo que luchaba desesperadamente contra aquellas dos insignificantes bolsas sobre las que la enfermera amablemente le había advertido: “ mira, esta roja es la que hará que se te caiga el pelo”

viernes, 25 de enero de 2013

MICRORRELATO: CERRADO POR REFORMAS



Hoy he colgado el cartel de “cerrado por reformas”. He entrado casi a tientas, temiendo tropezarme con tanto chisme inútil acumulado a lo largo de estos años. Hasta que escuché el fatal diagnostico, apenas me había percatado de que este lugar necesitara una reforma tan urgente. Algunos días fantaseaba con la idea de escapar. Imaginaba la posibilidad de tener un socio al que traspasar el negocio provisionalmente. Pero sabía que en mi caso era imposible: yo era desde hacía un tiempo el único propietario y no podía abandonar. Y sin embargo, aquí estaba. Acababa de dar carpetazo y no tenía ni la más remota intención de compadecerme a causa de mi enfermedad. Sólo deseaba sentarme y descansar, evaluar los riesgos y volver a empezar ¿Quién habló de mala suerte? 

jueves, 24 de enero de 2013

LA NOCHE OSCURA


"Todos los héroes atraviesan su propio desierto, provengan de mitos, leyendas y religiones" 

Pilar Jericó, Héroes cotidianos.

Pienso en mis clases de literatura universal. Repaso cada uno de los personajes que presento ante mis alumnos y comprendo que su grandeza y su inmortalidad reside en que son héroes de sus propias vidas. Aunque todos y cada uno de ellos tienen algo en común: han pasado por la desesperación de la noche oscura. 

El propio Gilgamesh, primer héroe de la historia de la literatura, que se remonta al 2600 a.C. y que pertenece a una civilización tan ajena a nosotros como la mesopotámica, era conocido originariamente como: "Él quien vio las profundidades". De este largo poema conservado en doce tablillas de arcilla, todos los estudios destacan la amistad entre Gilgamesh y Enkidu que lleva al héroe, tras la muerte del amigo, al descenso a los infiernos para conseguir la inmortalidad.

"Cuando había andado una legua, la oscuridad se hizo espesa en torno a él pues no había luz y no podía ver nada por delante y nada por detrás. Después de dos leguas, la oscuridad estaba espesa y no podía ver nada por delante y nada por detrás (...) Después de nueve leguas, sintió el viento norte en su rostro, pero la oscuridad estaba espesa y no había luz y no podía ver nada por delante y nada por detrás. Después de diez leguas se acercaba el final. Después de once leguas, la luz del alba apareció. Al final de doce leguas surgió el sol"

Epopeya de Gilgamesh, S. VII a.C.

Los héroes griegos de La Ilíada y La Odisea también atraviesan sendas oscuras donde, en palabras de P. Jericó "conectan con su fragilidad, se hacen más humanos". El episodio que da origen a La Ilíada narra la cólera de Aquiles, que tras discutir con Agamenón, decide no luchar. Los días siguientes tuvo que contemplar cómo los griegos fueron heridos gravemente. Sólo la muerte de su querido amigo Patroclo, enloquece de dolor a Aquiles y lo devuelve al campo de batalla.

"El hijo de Peleo y descendiente de Zeus, Aquiles, el de los pìes ligeros, seguía irritado en las veleras naves y ni frecuentaba el ´ágora donde los varones cobran fama, no cooperaba a la guerra; sino que consumía su corazón, permaneciendo en las naves"

Canto I de La Ilíada

La novela de caballería nos trae grandiosos ejemplos de héroes cuyas historias se forjan tras muchas noches de absoluta soledad.La propia ceremonia en la que eran armados caballeros siempre venía precedida de una larga noche en la que debían velar sus armas, haciéndose conscientes de lo que realizarían a la llegada del día. Nuestro Alonso Quijano, pasa por esta noche tan crucial antes de convertirse en Don Quijote:

"Y así se dio luego orden como velase las armas en un corral grande que a un lado de la venta estaba, y recogiéndolas don Quijote todas, las puso sobre una pila que junto a un pozo estaba y, embrazando su adarga, asió de su lanza y con gentil continente, se comenzó a pasear delante de la pila; y cuando comenzó el paseo comenzaba a cerrar la noche"

Todos los grandes místicos de todas las religiones, pero muy especialmente los nuestros dadas las peculiaridades de la España del siglo XVI, experimentan en su camino de perfección momentos de gran oscuridad. Los místicos carmelitanos hablan de "noche oscura" así como de "dar un ciego y oscuro salto de fe"

"Esposa:
Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuentes y fronteras"

San Juan de la Cruz; Cántico espiritual

También yo transito desde hace un par de días por un desierto muy particular plagando de incertidumbres. Cuento el tiempo que pasa tras la administración del primer ciclo de quimio, a la espera de que se cumplan o no los efectos anunciados. Releo las palabras de Paco Peñarrubia: "lo que te sostiene es la inevitabilidad". Sé que no tengo más opción que continuar. Pero, sobre todo, me sostiene el coraje de saber que aún puedo elegir algo: caminar como víctima o como héroe.




martes, 22 de enero de 2013

MICRORRELATO

Son tres, gitanos; uno de ellos no tiene más de quince años. Pero resulta difícil identificarlos. Hay que mirar a sus mujeres para adivinar su etnia. Los tres llevan la cabeza rapada ¿Se trata de un juego? No. No lo creo. Sólo un gesto los delata: solamente uno de ellos lleva el carné amarillo en la mano que separa irremediablemente a los pacientes de sus acompañantes. A veces, se confunden unos con otros en esa vorágine que transita por las atestadas salas de espera de oncología. 

viernes, 18 de enero de 2013

MIEDO


E. Ferrándiz, El abrigo de Pupa
“Muy pocas veces no tenemos miedo.
Solo cuando sentimos pánico”
       Pensamiento budista.

El camino hacia la verdad siempre es escabroso y abrupto. La espera se acompaña de miedo, mucho miedo. Y el miedo nos paraliza, atenaza nuestros sentidos y nos deja colgados de una persistente y obsesiva idea: el tiempo y la consciencia de nuestra propia finitud.

Espero que me den los resultados de la biopsia. Tramito el papeleo necesario para pasar de una compañía privada a la Seguridad Social, donde creo que estaré mejor atendida. Espero y lloro. He explicado estoicamente en la mutua las razones que me llevaban a cambiar de régimen con tanta premura. He sido capaz. Igual que hace años vagué por despachos y ventanillas tramitando mi pensión de viudedad, la pensión de orfandad y tantos documentos… intentando borrar el rastro burocrático que siempre dejan los muertos.

Tres días seguidos llorando hasta que el miedo empieza a remitir. Hoy, con unos días más de perspectiva, me pregunto cómo empecé a vencer el miedo. Ahora lo sé.  Pensaba que escribir todo lo que me estaba pasando me daría las fuerzas necesarias, pero he estado muy cansada estos días. Cada noticia es como un zarpazo que te desarma.

 La salida llegó a través de mi hermano: me bombardeó con decenas de libros en torno al tema de la muerte. Filósofos, poetas, antropólogos, llenaron mis primeras semanas. Parecía casi una locura: El hombre ante la muerte, El hombre doliente, Historia de la muerte en occidente, Pensar la muerte, Las formas del olvido...

Mirar de frente a mi elefante fue una experiencia liberadora. La muerte estaba ahí como una posibilidad. Por fin era capaz de contemplarla. Había asumido de golpe toda mi fragilidad. Empezaba a tomar el rumbo de mi vida.